Muere Jorge García Dihinx en el alud del pico Tablato

Fallece Jorge García Dihinx, pediatra y divulgador de montaña, en el alud de Panticosa

Perfil

El pediatra del Hospital San Jorge de Huesca Jorge García Dihinx, divulgador de meteorología y salud y embajador de Trangoworld, falleció en el alud de Panticosa junto a su pareja Natalia Román

Jorge García Dihinx,
Jorge García Dihinx, pediatra y divulgador, fue una de las figuras más reconocidas del esquí de montaña aficionado en el Pirineo aragonés. (Copyright/ Archivo Trangoworld)

De las tres personas fallecidas en el alud registrado en el entorno del pico Tablato, en el Pirineo aragonés, una de las figuras más reconocidas en la comunidad de montaña era Jorge García Dihinx (Zaragoza, 1970), médico pediatra, divulgador sobre hábitos de salud y montaña, y embajador de la marca aragonesa Trangoworld.

Jorge García Dihinx
Jorge García Dihinx, en una salida de montaña con sus perros Tuca y Kilian, dos compañeros inseparables en sus jornadas de montaña por el Pirineo. (Copyright/ Archivo Trangoworld)

Figura muy reconocida en el Pirineo

El montañero y corredor de trailrunning fue mucho más que un nombre propio en el Pirineo. Pediatra en el Hospital San Jorge de Huesca, divulgador con una comunidad masiva en redes y montañero de vocación constante, construyó una identidad singular entre la bata y los esquís. Su manera de estar en la montaña se resumía en una idea que repetía como brújula personal. “Vivir en naturaleza, alineado siempre con los ritmos circadianos de luz y oscuridad”. Afincado desde hace años en Huesca para vivir más cerca de las cumbres, encontró en enero de 1999 el punto de inflexión que marcaría su vida deportiva. Sus amigos Héctor Cuartero y Tito Gayarre le llevaron a su primera salida de esquí de montaña y, desde entonces, el Pirineo se convirtió en su territorio de aprendizaje semanal, criterio y respeto por el medio.

Jorge García Dihinx y Natalia Román
Jorge García Dihinx y Natalia Román, en una imagen de archivo. Siempre que podían se escapaban a la montaña, su refugio cotidiano, donde encontraban tiempo, silencio y el ritmo propio del Pirineo. (Copyright/@natalita_pt)

Divulgación y comunidad

Esa relación con el invierno no se quedó en la experiencia íntima. La transformó en conocimiento compartido y en referencia práctica para miles de aficionados. Publicó cuatro tomos de Rutas con esquís del Pirineo aragonés, guías que se consolidaron como material de consulta y que superaron los 20.000 ejemplares vendidos. A la vez, trasladó al entorno digital un discurso pedagógico y directo sobre meteorología y hábitos saludables, especialmente en Instagram, donde reunió a 378.000 mil seguidores tras un crecimiento meteórico en apenas cuatro años.

No obstante sus inicios didáctiucos se remontan a su blog «La meteo que viene» donde había construido una comunidad fiel de seguidores y donde seguía compartiendo salidas y reflexiones. Allí, de hecho, dejó escrita la crónica de la ruta que realizó con su pareja Natalia Román, también fallecida, “Subiendo al Feniás”, publicada el 24 de diciembre.

Jorge García Dihinx y Natalia Román, subiendo al Feniás el pasado 24 de diciembre, en una jornada de condiciones ideales. (Copyright/lameteoqueviene)

Una vida en modo montaña

A sus 55 años defendía seguir corriendo por la montaña con la energía de décadas atrás, sin épica impostada y con una filosofía de sobriedad práctica. Ligereza, lectura del terreno, flexibilidad para cambiar el plan si la meteo o la nieve no acompañaban. En su imaginario, la montaña era “una vuelta a lo esencial”, el lugar donde el cuerpo y la cabeza vuelven a sincronizarse con el sol, el viento, la nieve y el silencio.

La montaña, según Jorge García Dihinx

En uno de sus últimos reels de su perfil de Instagram, Jorge García Dihinx puso palabras a una pregunta recurrente en la montaña. Por qué subimos, por qué aceptamos el frío y la incertidumbre. Su respuesta, lejos de la épica fácil, fue una declaración de sentido.

“Mucha gente nos pregunta por qué vamos a la montaña, por qué aceptamos estos riesgos, y la respuesta no es el peligro.

Vamos a la montaña por momentos como estos, a 3.000 metros, mientras el mundo moderno se queda abajo y ahí arriba solo estás concentrado en el paso siguiente.

Son momentos de atención absoluta en el ahora, momentos en los que el frío nos hace sentir más vivos y en los que por unos instantes sentimos que pertenecemos a la montaña.

Momentos compartidos que se quedan para siempre dentro, momentos de magia y naturaleza que no existen en la ciudad.

Y en estos días tan cortos de invierno, de luz y cimera, cada minuto es oro. Son minutos de oro a añadir a tu vida, y si es posible, a una vida que dure 100 años”.

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  • Miquel Ribas

    Periodista y Editor de Turiski