Elegir bien el calzado es una de las decisiones que más condiciona una salida. Unas botas mal elegidas pueden arruinarte la ruta con ampollas, resbalones o fatiga prematura, y lo peor es que te roban la mejor parte de la montaña, la sensación de caminar suelto. Entre botas, medias botas, zapatillas, membranas, suelas y drops, es normal dudar. Aquí ponemos orden con criterios prácticos y reales con una guía para comprar con cabeza y con pies.
La pregunta que lo aclara todo
No existe “el mejor calzado” en abstracto. Existe el calzado adecuado para tu montaña real. Antes de mirar modelos, responde a estas preguntas. Te obligan a ser honesto, y eso es lo que más ayuda a acertar. Si dudas, una regla suele funcionar. A más peso y más irregularidad, más estructura. Y a más calor y ritmos altos, más ligereza y ventilación.
- ¿Vas por pista y sendero fácil o te metes en roca, pedrera, crestas y neveros?
- ¿Sales solo con buen tiempo o también con lluvia, frío y barro?
- ¿Mochila ligera de un día o carga de varios días?
- ¿Tienes tobillos fuertes o tiendes a torcerte?

Bota o zapatilla, el debate eterno con una idea clara
La clave no es la altura de la caña, es el equilibrio entre protección, sujeción y libertad de movimiento. La zapatilla aporta dinamismo y transpirabilidad. La bota suma soporte y tolerancia al error, especialmente en bajadas largas o cuando la mochila pesa.
Si estás empezando, si tus tobillos sufren o si te mueves por terreno roto, la bota suele “perdonar” más. Si tu montaña es seca, rápida y poco técnica, la zapatilla puede ser perfecta, siempre que el ajuste sea bueno y la suela esté a la altura.
Cuando manda la ligereza, zapatillas para moverse rápido
El calzado bajo busca sensibilidad, ventilación y agilidad. Dentro de este grupo hay tres familias claras, trail, senderismo y aproximación. No compiten entre ellas, se reparten el terreno.

Zapatillas de trailrunning
Nacieron para correr por montaña, pero cada vez más senderistas las usan para caminar. Su punto fuerte es la ligereza y la ventilación, y su punto débil suele ser la protección cuando el terreno se complica o la mochila sube de peso. Funcionan muy bien en verano, rutas secas y senderos limpios. Si tu tobillo es delicado, prioriza un modelo con chasis estable y talón bien bloqueado.
- Ventajas: secan rápido, evacuan calor y dan esa sensación de “ir flotando” en rutas rápidas.
- Limitaciones: menos estabilidad con carga, menos protección lateral y desgaste más rápido del upper en pedreras.
Zapatillas de senderismo
Son la versión pensada para caminar horas. Suelen ser más robustas que una trail, con puntera reforzada y mediasuela más consistente. Muchas incorporan membrana impermeable, y también existen versiones sin membrana para maximizar ventilación. Encajan en senderismo habitual, GR y PR, viajes activos y trekking suave con mochila moderada. Para mucha gente, aquí está el “punto dulce” de la compra.
- Ventajas: equilibrio entre comodidad y soporte, muy polivalentes para el día a día.
- Limitaciones: por debajo de una bota en sujeción, y con membrana pueden dar calor en verano duro.

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Zapatillas de aproximación
Diseñadas para aproximar a vías de escalada en terreno rocoso y técnico. Suela más dura y precisa, goma adherente y un ajuste que suele llegar cerca de la puntera para afinar la precisión. Son una gran elección para ferratas, crestas fáciles y rutas donde la roca manda más que el sendero.
- Ventajas: agarre y precisión en roca, estabilidad en trepadas y destrepes.
- Limitaciones: menos cómodas en pista y largas distancias, y su rigidez puede cansar.
El detalle del drop y la amortiguación
En calzado bajo importa cómo “trabaja” tu pisada. El drop, la diferencia de altura, en milímetros, entre el talón y el antepié de la mediasuela, y y el tipo de amortiguación influyen en gemelos y tendón de Aquiles. Un cambio brusco puede pasar factura si no lo adaptas con calma. Si haces bajadas largas, valora una mediasuela que proteja, porque las rodillas lo notan.
Cuando manda la estabilidad, el mundo de las botas
Las botas siguen siendo la opción preferida para travesías largas, mochilas pesadas, terreno roto o quien busca seguridad de tobillo. Aquí conviene entender cuatro escalones. No es una jerarquía de “mejor o peor”, es una escalera de uso.
Caña media
La caña llega a la altura del tobillo o un poco por debajo. Aportan sujeción extra respecto a la zapatilla y siguen siendo relativamente ligeras. Suelen ser una gran opción para media montaña, barro, hierba húmeda y caminos variados. Si eliges esta categoría, suele merecer la pena que sean impermeables y estables.
Caña alta
La bota clásica para trekking con carga. Más estructura, más protección y, a menudo, membranas más contundentes. Son una apuesta sólida para rutas largas, terreno pedregoso y climas fríos o húmedos. Con mochila pesada, se nota, porque la caña alta aporta soporte y menos fatiga en tobillo, sobre todo en bajada.
Semirrígidas
Entramos en terreno técnico. Suela rígida desde la puntera hasta media planta y flexión principalmente en tobillo. Más cálidas y robustas, y en muchos casos compatibles con crampón semiautomático. Tienen sentido en alta montaña de tres estaciones, crestas y rutas mixtas con neveros. Ojo, pueden ser excesivas para senderismo tranquilo y quedarse cortas para hielo serio o frío extremo.
Rígidas
Herramienta especializada para alpinismo invernal, hielo y montaña muy fría. Suela casi sin flexión, caña alta, aislamiento y compatibilidad con crampones automáticos. Para senderismo normal son excesivas y poco agradables. Si la motivación es comprarlas “por si acaso”, normalmente no toca.

Lo que de verdad decide una compra
Más allá de la etiqueta “bota o zapatilla”, hay tres cosas que separan una buena elección de una mala.
Ajuste y talla
Aquí se ganan o se pierden las rutas. Prueba con calcetín técnico y al final del día. El talón debe quedar firme, los dedos con margen para las bajadas y sin puntos de presión que prometan ampolla. Si duele en tienda, dolerá más en la montaña.
Suela y compuesto
La suela es tu contacto con el terreno. Mira el dibujo de tacos, la dureza de la goma y la estabilidad. Tacos profundos ayudan en barro, un patrón más continuo funciona mejor en roca. Compuestos blandos agarran más y se gastan antes, compuestos duros duran más y “pegan” menos. En mojado, roca pulida o tierra suelta, la suela manda.
Membrana, impermeabilidad y transpirabilidad
La membrana es un seguro cuando hay lluvia frecuente, barro o nieve húmeda, y también cuando las temperaturas bajan. Pero ventila menos. Regla práctica, membrana para frío y humedad habituales, sin membrana para calor y travesías secas. Y recuerda, si el exterior se empapa, la transpiración cae aunque haya membrana.
Errores típicos al comprar calzado de montaña
- Elegir lo más rígido pensando que es más seguro para todo.
- Comprar talla justa porque “luego cede”.
- Estrenar calzado en una ruta larga.
- Obsesionarse con impermeabilidad y pasar calor todo el verano.
- Decidir por estética sin mirar suela, horma y rigidez.
Elección rápida según tu caso
- Senderos fáciles en verano con mochila ligera: trail o senderismo ligero, mejor sin membrana.
- Terreno variado todo el año con mochila moderada: senderismo robusto o bota de caña media impermeable.
- Trekking varios días con carga y terreno pedregoso: bota de caña alta con buena suela.
- Alta montaña estival con neveros y posibilidad de crampón: bota semirrígida.
- Invierno serio con nieve dura e hielo: bota rígida aislada.
Cuando el calzado decide la ruta
Elegir calzado no va de comprar “lo más técnico”, sino lo más adecuado para lo que haces de verdad. Si eres honesto con tu terreno, tu mochila y tu clima, acertarás más veces de las que fallas. Prioriza ajuste, suela y estructura, y después afina con membrana, drop y detalles que mejoren tu comodidad.
En montaña, el calzado es seguridad, pero también eficiencia, cada paso cuenta cuando el día se alarga o la bajada castiga. Si un modelo te obliga a compensar con el cuerpo, tarde o temprano lo pagarás en forma de fatiga, ampollas o sobrecargas. Por eso, cuidar los pies no es un capricho, es probablemente la inversión más rentable en material para disfrutar más y acabar mejor tus rutas.
Checklist para elegir calzado de montaña
- Tu terreno manda Pista y sendero fácil permite zapatilla, roca suelta, pedrera y crestas piden más estructura
- Tu mochila decide Ligera de un día funciona con calzado bajo, con carga de varios días suele ganar una bota con más soporte
- El clima marca la membrana Frío, barro y humedad frecuente sí, calor y rutas secas mejor sin membrana
- Ajuste perfecto Talón firme, antepié con margen en bajada y cero puntos de presión, pruébalo con calcetín técnico
- Suela a tu medida Tacos más agresivos si hay barro, dibujo más continuo si pisas roca, en mojado el agarre lo cambia todo
- Drop y amortiguación No cambies de golpe, si bajas mucho, protege rodillas con una mediasuela que acompañe
- No compres “por si acaso” Semirrígidas y rígidas son herramientas técnicas, elige lo que usas el 80 por ciento del tiempo



