Ricardo Adarraga, récord mundial con 61 años

Ricardo Adarraga, el sexagenario más rápido del mundo sobre esquís de velocidad

Reportaje

El récord mundial para mayores de 60 años logrado en Vars con 228 km/h queda lejos de su mejor marca absoluta, pero refuerza la dimensión de Ricardo Adarraga, plusmarquista español de esquí de velocidad desde 2014 con 240,642 km/h

Ricardo Adarraga esquí velocidad
Ricardo Adarraga, en Vars, donde alcanzó 228 km/h y batió el récord mundial de velocidad en esquí para mayores de 60 años. (Copyright/Tamtam-photo/Vars)

Ricardo Adarraga (Barcelona, 13 de febrero de 1965) no encaja en el molde habitual del deportista de élite. Ingeniero jefe de I+D en Hewlett Packard Enterprise, residente en Heidelberg (Alemania) desde hace décadas y esquiador apasionado desde la infancia, el guipuzcoano de raíces familiares acaba de firmar en Vars una nueva hazaña al convertirse en el hombre de más de 60 años más rápido del mundo sobre esquís tras alcanzar los 228 km/h. Su historia, sin embargo, no empieza en el kilómetro lanzado, sino mucho antes, entre la montaña, la velocidad y una vida construida entre España, Suiza y Alemania.

En un deporte de invierno que suele mirar hacia la juventud y los nombres de moda, Adarraga ha encontrado una manera muy personal de mantenerse en primera línea. No compite contra nadie de su generación porque prácticamente no los tiene. Compite contra la pista, contra el miedo, contra el crono y también contra la lógica biológica. Y, por ahora, sigue ganando muchas de esas batallas.

Su último golpe de autoridad llegó en Vars, uno de los grandes santuarios del kilómetro lanzado, donde volvió a confirmar que sigue siendo un especialista respetado dentro de un circuito tan exigente como minoritario. El anterior récord mundial de velocidad en esquí para mayores de 60 años lo tenía el italiano Tony Reynaldo con 220 km/h. Adarraga lo elevó hasta los 228 km/h. Ocho kilómetros por hora más. Una mejora rotunda en una disciplina donde cada pequeño detalle cuenta.

Familia de Ricardo Adarraga
A la izquierda, su abuelo Luis Adarraga Gorrochategui, ganador de la primera Vuelta al País Vasco en 1912. A la derecha, su padre Juan Bautista Adarraga Elizarán, atleta olímpico en Londres 1948 y plusmarquista español. (Copyright/Cortesia familia)

Una biografía poco común

En la historia de Ricardo Adarraga hay una clara herencia deportiva. Su padre, Juan Bautista Adarraga Elizarán, fue atleta olímpico en Londres 1948 y plusmarquista español entre 1944 y 1952 en 800 metros y 400 vallas. Su abuelo, Luis Adarraga Gorrochategui, pasó a la historia del ciclismo vasco al ganar la primera Vuelta al País Vasco en 1912. Con esos antecedentes familiares, el deporte no era un simple entorno, sino parte de su identidad mucho antes de que Ricardo encontrara en la nieve y la velocidad su propio territorio.

Vivió entre Madrid y las montañas desde niño. Su padre lo puso por primera vez sobre unos esquís cuando tenía solo tres años, y desde entonces el esquí dejó de ser una afición para convertirse en una constante vital. Klosters, la sierra madrileña y los Pirineos, en concreto Candanchu, fueron algunos de sus primeros escenarios. Más tarde, con 18 años, se trasladó a Alemania para estudiar ingeniería. Allí construyó su vida profesional y personal, encontró a Anke, su compañera de vida, y acabó estableciéndose en Heidelberg.

Hoy su vida transcurre entre la alta ingeniería, la familia y el deporte. En ese equilibrio hay, sin embargo, una constante que lo acompaña desde siempre, la velocidad. Además del esquí, siempre le han atraído las motos rápidas y todo lo que combine riesgo controlado, precisión y rendimiento.

Padres Ricardo Adarraga
Ricardo Adarraga, a los 17 años, junto a sus padres en una imagen familiar y con sus inseparables esquís.  (Copyright/Cortesia familia)

El descubrimiento tardío del kilómetro lanzado

Lo más llamativo es que Adarraga no creció dentro del kilómetro lanzado. Lo descubrió relativamente tarde, en 2001, cuando rondaba los 36 años, durante unas vacaciones de esquí con amigos en Les Arcs, en Francia. Allí tuvo la oportunidad de probar la pista olímpica con material de descenso. Le bastaron tres bajadas para superar los 150 km/h y comprender que había encontrado su disciplina. Aquel momento fue decisivo. “Ahí descubrí que esta era mi disciplina, me quedé completamente enganchado y la fiebre no me ha soltado desde entonces”, explica. La frase resume bien la relación casi visceral que mantiene con el KL desde hace un cuarto de siglo. No fue un capricho, ni una aventura episódica. Fue una revelación.

Adarraga suele definir el kilómetro lanzado como la suma perfecta de sus grandes pasiones. “Para mí el esquí de velocidad o kilómetro lanzado es la combinación perfecta de deporte, nieve, montaña, esquí, velocidad, ingeniería y psicología deportiva”. Cuesta encontrar una definición más precisa de una modalidad tan extrema y tan poco conocida fuera de su pequeño mundo.

El gran referente español del KL

Hablar de Ricardo Adarraga es hablar también del gran nombre español del esquí de velocidad. El guipuzcoano afincado en Alemania es el único esquiador español que compite habitualmente en pruebas de kilómetro lanzado de la Copa del Mundo y, además, ostenta desde 2014 el récord de España de esta disciplina con una marca de 240,642 km/h. Ese dato sitúa en perspectiva su dimensión deportiva. No estamos ante un veterano que aparece de forma puntual en el circuito, sino ante el plusmarquista español del KL desde hace más de una década y uno de los corredores con mayor recorrido internacional en una especialidad donde España apenas ha tenido tradición.

Desde 2022, además, Adarraga ejerce como presidente del Comité de Esquí de Velocidad de la Federación Internacional de Esquí. Ese cargo refuerza todavía más su peso dentro de una modalidad en la que no solo compite, sino que también participa en la estructura que la organiza, la regula y la proyecta a nivel internacional.

Ricardo Adarraga Vars
Ricardo Adarraga regresó de Vars con un nuevo récord mundial para mayores de 60 años y la sensación de haber cerrado una temporada completa. (Copyright/Tamtam-photo/Vars)

Una disciplina minoritaria y brutal

El esqui dse velocidad no tiene la visibilidad del alpino, ni el escaparate del freestyle, ni la épica popular del esquí de montaña. Pero su radicalidad impresiona incluso a quienes conviven con el deporte de alto nivel. En estas pruebas, los esquiadores se dejan caer por pendientes extremas en busca de la máxima velocidad posible, con material específico, una posición aerodinámica obsesiva y una exigencia mental enorme.

Adarraga lo verbaliza con una comparación que lo dice todo. “Es como salto base, pero sin paracaídas. En vez de paracaídas tenemos unos esquís de 2,40 metros”. La imagen no es exagerada. En pistas como la de Vars, con una salida que ronda los 45 grados de inclinación, la velocidad exige mucho más que valentía. Hay que saber sostenerla al límite y mantener el control cuando cualquier mínima desviación cuenta. Por eso la estabilidad es un valor esencial en el kilómetro lanzado. Adarraga se ha ganado ese respeto dentro del circuito, no solo por sus registros, sino por la solidez con la que esquía.

Vars, una semana para recordar

Adarraga acaba de regresar de Vars con la sensación de haber vivido uno de esos finales de temporada que se quedan grabados. Lo que se celebró allí fue una semana de tentativa del récord del mundo con un grupo muy exclusivo. La convocatoria ya era un reconocimiento en sí misma. Ser elegido para formar parte de ella equivalía a entrar en un círculo de máxima confianza dentro del esquí de velocidad. “He tenido el honor de ser uno de los escogidos”, resume. Y no se quedó ahí. Además de competir, fue uno de los pocos autorizados a salir desde el top de la pista, la zona más alta, a 2.720 metros de altitud, y más imponente del trazado de Vars. No todos los especialistas llegan a hacerlo a lo largo de su carrera. En su caso, esa elección respondía a una razón muy concreta.

Ricardo Adarraga Tunel del Viento
Ricardo Adarraga, en el túnel del viento, una de las herramientas con las que ha trabajado durante años para controlar hasta el límite el rendimiento y las máximas prestaciones. (Copyright/Team)

Según le transmitió el jefe de carrera, Adarraga era uno de los esquiadores más estables del grupo y por eso resultaba idóneo como abridor. “Aunque no vayas tan rápido, eres uno de los esquiadores más estables y eres perfecto como abridor”. En una disciplina en la que la confianza de la organización se gana a base de fiabilidad, ese reconocimiento pesa mucho más de lo que parece.

El sexagenario más rápido del planeta

El gran dato de la semana fue su récord mundial para mayores de 60 años con 228 km/h. No era un objetivo menor ni un simple registro simbólico. El anterior tope, en manos del italiano Tony Reynaldo, estaba en 220 km/h. Adarraga lo pulverizó y añadió otro capítulo a una trayectoria singular dentro del kilómetro lanzado. La marca enlaza además con la plusmarca que ya había firmado en la categoría de más de 55 años, cuando alcanzó 238 km/h hace tres temporadas. Lo cuenta con ironía y orgullo a partes iguales. “Ya llevo dos récords del mundo, voy cumpliendo años y voy enlazando récords del mundo”.

Más allá de la broma, hay una lectura muy seria en esa continuidad. Adarraga no está simplemente resistiendo. Sigue siendo competitivo, sigue teniendo nivel y sigue mereciendo estar en la zona noble de una disciplina extrema. No es una figura testimonial ni un veterano simpático. Es un corredor respetado dentro de un ecosistema donde nadie regala nada.

La velocidad también tiene frustraciones

Y, sin embargo, como ocurre tantas veces con los especialistas, ni siquiera un récord del mundo basta para dejarlo plenamente satisfecho. Adarraga cree que podía haber ido más rápido. Incluso bastante más. “Sé que puedo más. Debería haber estado en los 235 km/h”. Esa mezcla de satisfacción e inconformismo define bastante bien el carácter del deportista. La alegría por lo conseguido convive con la certeza de que las condiciones de la nieve no eran ideales. En Vars, según explica, la pista arrastraba todavía el efecto del polvo del desierto caído semanas antes y de una gran nevada posterior. Esa suciedad incrustada en la nieve habría penalizado el deslizamiento y frenado las velocidades punta.

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Ricardo Adarraga, en una imagen de archivo de 2016, junto a Valentina Greggio y Simone Origone, dos de las grandes referencias internacionales del esquí de velocidad. (Copyright/Team)

Abridor de lujo y dirigente internacional

La semana de Vars tuvo además un valor añadido porque Adarraga fue parte del contexto que rodeó otro de los grandes momentos del año en el KL. La italiana Valentina Greggio batió el récord del mundo femenino con 248 km/h y Simon Billy se quedó cerca del suyo. Adarraga está convencido de que, con una nieve más limpia, varios de los grandes protagonistas habrían ido más deprisa. El español estuvo allí como abridor de lujo y también como una figura relevante en el trabajo de supervisión y homologación vinculado a la FIS. Su relación con Greggio es cercana y su alegría por ese éxito fue evidente. “Estoy muy contento por Valentina”. Su papel durante esos días no fue solo el de un compañero de pista, sino también el de alguien que conoce la disciplina por dentro y que colaboró para que el registro quedara correctamente validado dentro del marco federativo internacional.

Ese doble perfil, corredor y presidente del Comité de Esquí de Velocidad de la FIS desde 2022, refuerza su figura  dentro del pequeño gran mundo del esquí de velocidad. Adarraga compite, pero también interpreta, observa y ayuda a sostener una disciplina que vive lejos de los focos y que depende mucho de quienes la conocen de verdad. No es casual que uno de sus grandes deseos sea ver al esquí de velocidad regresar al programa olímpico en los Juegos de Alpes Franceses 2030, casi cuatro décadas después de su fugaz presencia en Albertville 1992.

Ricardo Adarraga
Ricardo Adarraga, la gran referencia del esquí de velocidad español. (Copyright/Turiski)

Correr por España sin hacer ruido

La trayectoria de Ricardo Adarraga también se ha construido lejos del foco y sin apenas respaldo. “Desde 2024 la federación ha dejado de apoyarme económicamente por no entrar en los criterios de la RFEDI para apoyar a alguien de mi edad independientemente de los buenos resultados. Pero a estas alturas ya me he resignado. Yo no corro por la federación, yo corro por España”. El comentario deja entrever una cierta decepción institucional, pero sobre todo retrata una convicción íntima. Adarraga ha seguido adelante sin esperar demasiadas palmadas oficiales. Y eso hace todavía más singular su recorrido. En un país donde el esquí de velocidad apenas ocupa espacio informativo, él ha sostenido durante años una carrera internacional de alto riesgo y gran mérito deportivo. Sigue siendo una referencia técnica y competitiva dentro del circuito, respetado tanto por su trayectoria como por su conocimiento profundo de la disciplina.

Sin planes de retirada

Si alguien esperaba que un récord mundial a los 61 años pudiera funcionar como epílogo ideal, se equivoca. Adarraga no piensa en retirarse. En Vars, según cuenta, ya le advirtieron de que todos los que habían competido esa semana la FIS Speed Masters, volverán el año siguiente todavía más rápidos. Y él, lo entiende como un desafío. Marchó de Vars con la sensación de que el nivel general seguirá subiendo la próxima temporada y eso, lejos de disuadirlo, lo estimula. “No me puedo retirar, así que voy a seguir dando guerra”.

La frase encaja con todo lo que representa. Ricardo Adarraga no es solo un deportista veterano de rendimiento extraordinario. Es una anomalía feliz en un deporte llevado al límite. Un ingeniero que interpreta la velocidad con cabeza analítica, un español de biografía europea, un especialista tardío que encontró su sitio en el kilómetro lanzado rozando ya la madurez y que, más de dos décadas después, sigue escribiendo capítulos que nadie habría imaginado.

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  • Miquel Ribas

    Periodista y Editor de Turiski