Zegama-Aizkorri celebra 25 años como catedral del trailrunning

Zegama-Aizkorri, la pequeña carrera vasca que se convirtió en la catedral mundial del trailrunning

Reportaje

25 años de historia

Zegama-Aizkorri cumple 25 años desde su creación y disputa su 23ª edición con Kilian Jornet, once veces ganador, en los 42 km donde el público convirtió la montaña en leyenda

Kilian Jornet
Kilian Jornet, ganador de once ediciones de la Zegama-Aizkorri, superando el icónico tramo de Sancti Spiritu, uno de los puntos más emblemáticos de la carrera guipuzcoana. (Copyright/ Zegama)

Hay carreras que se explican por sus récords. Otras, por su dureza. Algunas, por su palmarés. Zegama-Aizkorri se explica por todo eso, pero sobre todo por una sensación. La de estar ante una prueba que pertenece al territorio antes que al calendario. Esa es la razón por la que tantos corredores quieren vivirla al menos una vez. Y también la razón por la que los mejores del mundo, incluso cuando ya lo han ganado casi todo, siguen queriendo volver.

La carrera celebra en 2026 los 25 años de una historia iniciada en 2002, aunque en sentido estricto será su 23ª edición disputada por las suspensiones de 2020 y 2021. La cita se disputará el 17 de mayo con Kilian Jornet de nuevo en la línea de salida, 585 corredores en la maratón y atletas de 25 nacionalidades. La 25ª edición llegará en 2028, otra celebración para una prueba acostumbrada a convertir la montaña en una fiesta colectiva.

 

Zegama_Aizkorri
En los primeros años de la Zegama-Aizkorri, cuya primera edición se celebró el 7 de julio de 2002, algunos pastores locales de la zona del Aizkorri llegaron a participar en la carrera con dorsal. (Copyright/ Zegama)

No obstante, la fuerza de Zegama no se explica solo por sus números. Tampoco por sus 42,195 kilómetros, sus 5.472 metros de desnivel acumulado o su paso por algunos de los rincones más emblemáticos del macizo de Aratz y la sierra de Aizkorri. La carrera guipuzcoana se ha convertido en un fenómeno porque consiguió algo mucho más difícil que llenar un listado de inscritos. Convirtió una prueba de pueblo en una liturgia global de las carreras de montaña.

La carrera que un pueblo hizo suya

En Zegama se corre, pero también se pertenece. Esa es quizá la clave de una carrera que nació en 2002 casi como una intuición local y que, veinticinco ediciones después, es una de las pruebas más deseadas del planeta. El propio Alberto Aierbe, fundador y primer director técnico de la carrera, la definió años después como una “ocurrencia” que fue creciendo con la ayuda de todos. En aquella primera edición participaron 220 atletas y hubo alrededor de 250 voluntarios, una proporción que ya decía mucho sobre la implicación del pueblo.

 

Zegama _Aizkorri
Imagen de la segunda edición de la Zegama-Aizkorri, celebrada en 2003, que refleja la vestimenta y el calzado de montaña con los que corrían los participantes en los primeros años de la prueba. (Copyright/ Zegama)

Una idea para dar aire al pueblo

Zegama no nació como una operación de marketing. Tampoco como un producto global. Nació desde el territorio, desde un pueblo de la comarca del Goierri guipuzcoano que entendió que la montaña podía ser algo más que paisaje. Podía ser identidad, deporte, encuentro y escaparate. La primera Zegama-Aizkorri se celebró en 2002, en un momento en el que las carreras de montaña todavía eran un deporte de minorías. Había referencias, pero la especialidad aún no vivía el proceso de profesionalización, internacionalización y exposición mediática que llegaría después. Aquel primer año, los vencedores fueron Juan Martín Tolosa y Rosa Lasagabaster. Ella abrió el palmarés femenino en una edición con solo seis mujeres en la línea de salida por 214 hombres. Él inauguró una lista masculina que, con el paso de los años, acabaría reuniendo a muchos de los mejores especialistas del mundo.

 

Zegama Aizkorri
El aficionado siempre ha sido una parte esencial de Zegama-Aizkorri, una carrera donde el público no solo anima, sino que ayuda a construir la leyenda desde la montaña. (Copyright/ Zegama)

La carrera creció rápido. El segundo año entró en la Copa de España, más tarde en la Copa del Mundo de skyrunning y, en la actualidad, forma parte de la Golden Trail World Series. Se trata de un circuito privado, construido al margen de las dos grandes estructuras internacionales de la especialidad, la International Skyrunning Federation y World Athletics. Pero Zegama-Aizkorri va más allá de cualquier calendario. Incluso sin pertenecer a ningún circuito, la carrera tendría vida propia por la fuerza de su recorrido, de su público y de una historia que ya forma parte del imaginario del trailrunning.

Esa evolución fue tan intensa que la organización acabó limitando la participación. El argumento de Alberto Aierbe era claro. “Zegama no es asfalto. Zegama es monte. Y el monte obliga a medir, cuidar y limitar”.

El recorrido que hizo leyenda a Zegama

La Zegama-Aizkorri tiene la distancia clásica del maratón, 42,195 kilómetros, pero su verdadera identidad está en el terreno. La prueba discurre por las dos vertientes de la sierra de Aizkorri y atraviesa el macizo de Aratz, con salida y llegada en Zegama. Desde los 296 metros del pueblo, el recorrido alcanza zonas de hayedos, roca viva, pastizales de altura y cimas que forman parte del imaginario montañero vasco.

 

Kilian Jornet
Un joven Kilian Jornet durante la edición de 2014 de la Zegama-Aizkorri, una carrera que acabaría convirtiéndose en uno de los grandes escenarios de su leyenda deportiva. (Copyright/ Zegama)

El trazado es técnico y de elevada dificultad. No es una etiqueta exagerada. El itinerario acumula 5.472 metros de desnivel, alcanza los 1.551 metros en Aketegi, cuenta con 14 controles de paso, 13 avituallamientos y un tiempo límite de ocho horas. Aproximadamente la mitad de la superficie es técnica, un dato que ayuda a entender por qué Zegama no premia solo la velocidad. Premia la lectura del terreno, la capacidad de sufrir, la solvencia bajando y la cabeza fría cuando el ambiente empuja más de lo que permiten las piernas.

Hay lugares que no necesitan presentación para quien sigue el trailrunning o el skyrunning. Sancti Spiritu es uno de ellos. También Aizkorri, Aketegi, Urbia o la entrada final en Zegama. La carrera ha convertido puntos de paso en escenarios emocionales, pero es en la subida a Sancti Spiritu donde esa comunión alcanza su máxima expresión. El público no espera simplemente a ver corredores. Los acompaña, los envuelve, los empuja. Allí, el pasillo humano es tan estrecho que la carrera parece respirar encima de los atletas. No hay distancia entre quien compite y quien anima. Solo barro, roca, bosque, niebla y una montaña que se vive a pleno pulmón.

El pueblo que convirtió una carrera en un rito

La dimensión popular de Zegama es inseparable de su éxito. Muchas carreras tienen buenos recorridos. Algunas reúnen grandes atletas. Otras tienen historia. Zegama tiene todo eso, pero además tiene una comunidad que se reconoce en la prueba. El pueblo no actúa como simple sede. Forma parte del relato. Desde el primer año, los voluntarios fueron una pieza esencial. La Zegama-Aizkorri no se construyó desde arriba hacia abajo, sino desde dentro hacia fuera. Creció porque el territorio la asumió como propia.

 

Emelie Forsberg,
Emelie Forsberg, ganadora de la Zegama-Aizkorri 2013. (Copyright/ Zegama)

Ese vínculo explica también por qué los mejores corredores del mundo han querido volver una y otra vez. Zegama no ofrece solo prestigio deportivo. Ofrece reconocimiento. En un calendario cada vez más saturado, con circuitos, marcas, retransmisiones y estrategias de temporada, la prueba vasca mantiene algo difícil de fabricar. Autenticidad. Por eso, la carrera ha resistido la tentación de convertirse en un macroevento despersonalizado. Sigue siendo una prueba internacional con alma de pueblo. Y esa tensión entre lo local y lo global es precisamente una de sus grandes virtudes.

Kilian Jornet y la construcción de un mito compartido

Si Zegama tiene un rostro deportivo asociado a su historia moderna, ese rostro es el de Kilian Jornet. El corredor catalán ha ganado once veces la carrera, una cifra que excede cualquier lectura estadística. Su relación con Zegama no es la de un atleta con una prueba más de su calendario. Es una relación de época.

Jornet ganó por primera vez en Zegama el 23 de septiembre de 2007, con solo 18 años, en la sexta edición de la prueba, y se alzó además con su primer título de la Copa del Mundo de Skyrunning de carreras de montaña. Aquella victoria marcó el inicio de una relación única con la carrera guipuzcoana. Desde entonces, ha participado en doce ocasiones y ha ganado once veces: 2007, 2008, 2010, 2011, 2012, 2013, 2014, 2016, 2019, 2022 y 2024.

Kilian Jornet
Kilian Jornet, ataviado con la tradicional chapela de ganador, celebra su victoria en la Zegama-Aizkorri 2014 junto a Luis Alberto Hernando -der-, tercero aquel año y uno de los grandes corredores a los que la hegemonía del catalán privó de ganar la prueba. (Copyright/ Jordi Saragossa/Zegama)

Su única excepción llegó en 2015, cuando terminó en el puesto 23. Acababa de regresar del Everest, donde le sorprendió el trágico terremoto de Nepal, y aun así se presentó en la línea de salida para correr una vez más la Zegama-Aizkorri. Ese dato, lejos de empequeñecer su relación con la carrera, la agranda. Incluso cuando no estaba en condiciones de competir por la victoria, quiso estar allí.

Una leyenda más grande que un nombre

La historia de Kilian en Zegama también ha contribuido a elevar la carrera. Sus victorias no solo sumaron titulares. Generaron una narrativa. La del corredor capaz de dominar en barro, en roca, entre niebla, entre gritos, con la misma naturalidad con la que otros atletas dominan pruebas mucho más previsibles. Pero Zegama tampoco es solo Kilian. La carrera ha sabido construir su mito sin depender exclusivamente de un nombre, aunque el nombre de Jornet haya agrandado la leyenda.

Ese equilibrio es importante. Zegama ha tenido campeones de muchos perfiles y generaciones. Rob Jebb, Mario Poletti, Rémi Bonnet, Manuel Merillas, Elhousine Elazzaoui, Sara Alonso, Oihana Kortazar, Maite Maiora, Ida Nilsson, Nienke Brinkman o Sylvia Nordskar forman parte de una memoria deportiva que ha ido ensanchando el relato. En 2026, además, la organización ha invitado a ganadores históricos con motivo del 25 aniversario, reforzando esa idea de carrera con memoria propia.

Manuel Merillas
El leonés Manuel Merillas, ganador de la Zegama-Aizkorri 2023, forma parte de la generación de corredores que mantuvo viva la leyenda de la carrera más allá de la hegemonía de Kilian Jornet. (Copyright/Igor Quijano)

Una carrera que creció con el propio trail

La consolidación de Zegama también permite leer la evolución del trailrunning en Europa. En 2002, la disciplina tenía una dimensión mucho más artesanal. Los corredores eran menos conocidos, las marcas tenían una presencia más limitada, la retransmisión internacional era casi impensable y la frontera entre montañero, corredor popular y especialista era más difusa.

Veinticinco ediciones después, la situación es radicalmente distinta. Zegama forma parte de la Golden Trail World Series y en 2026 será la primera prueba puntuable del circuito. La carrera se retransmitirá internacionalmente a través de plataformas vinculadas a Warner Bros Discovery, además de la cobertura en EiTB, Teledeporte y Eurosport. Lo que empezó como una prueba local se ha convertido en una ventana mundial hacia el interior de Gipuzkoa.

Pero el salto mediático no ha borrado el carácter de la carrera. Al contrario, lo ha amplificado. Los aficionados a las carreras de montaña miran Zegama porque allí encuentran algo que no siempre aparece en los grandes circuitos. Un paisaje reconocible, una afición compacta, un recorrido duro y una estética de montaña que no parece diseñada en un despacho.

El cronómetro también cuenta la historia

La evolución deportiva de Zegama-Aizkorri también se mide en el cronómetro. En la primera edición, celebrada en 2002, Juan Martín Tolosa ganó con 4h14:23 y Rosa Lasagabaster con 6h05:27. Veinte años después, en la edición más rápida de la historia (2022), Kilian Jornet rebajó el récord masculino hasta 3h36:40 y Nienke Brinkman dejó la referencia femenina en 4h16:43. La mejora es elocuente: 37 minutos y 43 segundos en hombres y 1 hora, 48 minutos y 44 segundos en mujeres.

Sara Alonso Zegama
Sara Alonso, vencedora de la Zegama-Aizkorri 2025, llega a la cita vasca en un gran momento físico después de ganar dos carreras de la Copa del Mundo de skyrunning. (Copyright/ Rising Story/GTWS)

La carrera de 2022 fue histórica también por su densidad competitiva, con 19 corredores masculinos por debajo de las cuatro horas. El cartel de 2026 invita de nuevo al optimismo, aunque rebajar los récords de Zegama exige una combinación difícil: nivel deportivo, valentía táctica, terreno favorable, buena meteorología y una jornada casi perfecta desde la salida hasta la llegada.

El parón que confirmó la importancia del público

Como tantas pruebas deportivas, Zegama tuvo que detenerse por la pandemia de la covid. La edición de 2020 fue suspendida por la situación sanitaria y en 2021 la carrera tampoco se celebró, aunque existía la posibilidad de organizarla sin público. La organización entendió entonces que una Zegama-Aizkorri sin aficionados en la montaña perdía buena parte de su sentido. No era solo una cuestión logística. En Zegama, el público no es un decorado ni un acompañamiento. Forma parte de la carrera. Vive el paso de los corredores con una intensidad que ha ayudado a construir la leyenda de Sancti Spiritu, Aizkorri, Urbia o la llegada al pueblo. Aquel paréntesis no rompió el mito. Al contrario, recordó hasta qué punto la prueba guipuzcoana pertenece tanto a quienes corren como a quienes esperan, animan y empujan desde las laderas.

publico Zegama Aizkorri
El público y los aficionados a las carreras de montaña dan a Zegama-Aizkorri una personalidad propia, hasta el punto de formar parte inseparable de su leyenda. (Copyright/ Zegama)

25 años, 23 ediciones y una nueva generación

La edición de 2026 llega con 585 corredores en la maratón, 100 deportistas en categoría Junior y 248 participantes en el Kilómetro Vertical. La organización ha destacado además el crecimiento de la participación femenina, con 92 mujeres inscritas en la maratón, 55 en el KV y 30 en la Junior Trail. Son datos que hablan del presente y, sobre todo, del futuro.

El KV fue incorporado como complemento al programa en 2015. La prueba se disputa sobre tres kilómetros cronometrados, más de 1.000 metros de desnivel positivo y la cima del Iraule, a 1.520 metros, como meta.

La organización local se ha mantenido fiel a la esencia de la prueba. Ante el éxito de la carrera , no cayó en la tentación de añadir nuevas distancias para estirar el fenómeno, sino que preservó el peso simbólico de la maratón y dejó que el evento creciera sin perder su identidad.

En lo deportivo, el cartel vuelve a tener peso mundial. Kilian Jornet regresa a una carrera que ha ganado once veces. También estarán Elhousine Elazzaoui, vencedor en 2025, y varios de los mejores clasificados de la pasada edición. En categoría femenina, la presencia de Tove Alexandersson añade un aliciente enorme a una lista que incluye a Sara Alonso, ganadora en 2025, Judith Wyder, Malen Osa, Rosa María Lara, Theres Leboeuf, Ida Nilsson y Angela Mudge, entre otras corredoras.

Una carrera con alma de pueblo

La Zegama-Aizkorri cumple 25 años como una de las grandes catedrales del trailrunning mundial. Su fuerza no procede de un único elemento, sino de la suma de muchos. Un recorrido exigente, un pueblo volcado, una organización que ha sabido crecer sin romper su esencia, corredores legendarios, meteorología imprevisible, imágenes icónicas y una afición que forma parte de la prueba tanto como los atletas.

En 2002 fue una intuición local. En 2026, una leyenda. Entre una cosa y otra hay veintiters ediciones, cientos de voluntarios, miles de corredores, una montaña entera entregada a la carrera y un grito que ya forma parte de la historia del trail. «Zegama es Zegama».

  • Newsletter Turiski

    Recibe cada jueves toda la actualidad outdoor en tu correo electrónico.

  • Miquel Ribas

    Periodista y Editor de Turiski