Dani Román y Fred Fugen lideraron sobre el Mont Blanc uno de los vuelos de wingsuit más complejos realizados hasta la fecha. El proyecto, impulsado por Red Bull tras dos años de preparación, reunió a ocho especialistas de élite para completar un vuelo en formación de proximidad al terreno sobre la montaña más alta de los Alpes, con salida por encima de la cumbre y aterrizaje en el valle de Chamonix. El reto se llevó a cabo el 18 de junio y no se hizo público hasta ahora.
La maniobra recorrió 7,5 kilómetros en horizontal y unos 3.800 metros de vuelo siguiendo el relieve de la montaña. Todo ocurrió en aproximadamente tres minutos y medio, a velocidades de entre 180 y 200 km/h, con los pilotos manteniendo una línea continua que llegó a dividirse en dos grupos de cuatro antes de volver a unirse en pleno vuelo.

El resultado es una imagen poco habitual del Mont Blanc. No desde la distancia, ni desde una cámara fija, sino desde dentro de la propia formación. Dos cámaras aéreas acompañaron a los atletas durante toda la secuencia para mostrar la velocidad, la separación entre pilotos, la lectura del terreno y la precisión necesaria para mantener el control en un entorno de alta montaña.
Un salto de precisión sobre Chamonix
El vuelo comenzó con un salto desde helicóptero a unos 5.500 metros de altitud, por encima de la cumbre del Mont Blanc, y terminó en el fondo del valle de Chamonix. A partir de ese punto, los pilotos debían combinar velocidad, distancia, control corporal y margen de seguridad hasta el momento de apertura del paracaídas.

La formación estuvo integrada por Fred Fugen, Dani Román, Marco Fürst, Marco Waltenspiel, Aurélien Chatard, Sebastian Álvarez, Mike Swanson y Andy Farrington. El equipo reunió a pilotos de Francia, España, Austria, Chile y Estados Unidos, todos ellos con experiencia en proyectos aéreos de alta exigencia técnica.
Fugen ya había volado anteriormente una de las líneas de wingsuit de proximidad más largas sobre el Mont Blanc. Esta vez el objetivo era distinto. No se trataba solo de repetir una trayectoria, sino de transformarla en un vuelo colectivo, coordinado y grabado desde dentro.
“El objetivo de este proyecto era reunir a un grupo de pilotos expertos de wingsuit y volar juntos sobre el Mont Blanc, en Chamonix, donde vivo, realizar vuelos muy técnicos juntos y conseguir un hito mundial. Ha sido un sueño reunir a un equipo así”, destacó Fred Fugen.

Dani Román, segundo líder de la formación
El papel de Dani Román fue decisivo dentro de la estructura del vuelo. El piloto español actuó como segundo líder, encargado de guiar uno de los dos grupos durante la maniobra y mantener la conexión con la formación principal. En un vuelo de estas características, cada movimiento individual afecta al conjunto. La comunicación previa, la confianza entre pilotos y la capacidad de reacción en el aire resultan tan importantes como la técnica pura.
El momento de mayor complejidad llegó cuando la línea se dividió en dos grupos de cuatro atletas. Esa separación obligaba a mantener la trayectoria, conservar la distancia adecuada respecto al terreno y volver a sincronizarse en pleno vuelo antes de encarar la parte final hacia el valle.
“Sin duda, un salto como este, un hito mundial sobre el Mont Blanc, con este grupo de amigos, es un logro enorme que se vive una vez en la vida para todos nosotros. Describir la experiencia en pocas palabras es bastante difícil, pero puedo decir que fue preciosa, salvaje y muy intensa. Los mejores saltos de mi vida.” Lo expresado por Román resume el componente deportivo y humano de un proyecto que no se explica solo por los números.
En el wingsuit de proximidad, el rendimiento individual depende de una lectura constante del relieve, pero en formación aparece otra dificultad añadida. Cada piloto debe mantener su línea sin interferir en la de los demás, controlar la velocidad relativa y conservar siempre altura suficiente para abrir el paracaídas con seguridad.

El margen de seguridad como gran reto
Más allá de la espectacularidad de las imágenes, el reto principal estaba en gestionar el margen de seguridad. El Mont Blanc ofrece una línea aérea de enorme atractivo visual, pero también exige una planificación precisa. Una vez iniciado el salto, las opciones de aterrizaje son muy limitadas hasta llegar al valle.
“El mayor reto de volar aquí es mantener siempre cierto margen para poder aterrizar con seguridad. Una vez que saltamos desde el helicóptero, apenas hay lugares donde aterrizar hasta que llegamos al valle, abajo”, explicó Fugen. “Tenemos que gestionar la línea y el vuelo todos juntos mientras realizamos maniobras técnicas, pero sin dejar de tener suficiente altitud para abrir el paracaídas con seguridad y aterrizar juntos en tierra.”
Por eso el proyecto necesitó dos años de preparación. La posición de cada piloto, la velocidad de entrada, el ritmo de la formación, la división en dos grupos, el punto de reunión y la fase final del aterrizaje tuvieron que estudiarse antes de trasladar la maniobra al escenario real.
Una nueva mirada aérea del Mont Blanc
El Mont Blanc, tantas veces filmado desde glaciares, aristas y cumbres, aparece aquí desde una perspectiva distinta. El proyecto no busca únicamente mostrar una línea extrema, sino enseñar cómo se vuela una formación de élite desde dentro, con el relieve alpino pasando a gran velocidad bajo los pilotos.
La presencia de dos cámaras aéreos, Vincent Cotte y Scott Palmer, permitió captar la acción desde el interior de la formación. Esa decisión cambia la percepción del vuelo. El espectador no observa una silueta lejana sobre la montaña, sino la distancia real entre los pilotos, la estabilidad del grupo y la velocidad con la que el terreno se aproxima durante el descenso.
Los datos del vuelo en wingsuit sobre el Mont Blanc
- Proyecto — Vuelo en formación de wingsuit de proximidad al terreno sobre el Mont Blanc.
- Protagonistas — Ocho pilotos de élite liderados por Fred Fugen y Dani Román.
- Lugar — Mont Blanc y valle de Chamonix, en Francia.
- Distancia — 7,5 kilómetros en horizontal y unos 3.800 metros de vuelo siguiendo el relieve.
- Duración — Aproximadamente 3 minutos y 30 segundos.
- Velocidad — Entre 180 y 200 km/h durante el descenso.
- Clave técnica — Una formación continua que se dividió en dos grupos de cuatro pilotos antes de volver a unirse.
- Cámaras aéreos — Vincent Cotte y Scott Palmer grabaron la maniobra desde dentro de la formación.



