Ruta gravel por la Collada Fonda y Vallter desde Camprodón

Ruta gravel por la Collada Fonda y Vallter: alta montaña desde Camprodon

Reportaje

Itinerarios para descubrir en gravel

67 kilómetros y 1.637 metros de desnivel positivo por el Ripollès, con ascenso por Molló, Espinavell y la Collada Fonda antes de afrontar la subida final a Vallter 2000

Collada Fonda desde Camprodón
La ruta gravel por la Collada Fonda y Vallter, con salida y llegada en Camprodon, combina tramos de asfalto, pistas de alta montaña, largas ascensiones y una llegada por encima de los 2.000 metros en pleno Ripollès. (Copyright/FF)

Esta ruta circular de gravel desde Camprodon propone una forma más exigente y atractiva de alcanzar Vallter. En lugar de subir directamente por la clásica carretera de Setcases, el itinerario busca el rodeo por Molló, Espinavell y la pista de la Collada Fonda, una variante que eleva el desnivel acumulado hasta los 1.637 metros positivos y convierte la jornada en una ruta de alta montaña pirenaica. Asfalto, pista, paisaje abierto y una larga bajada final dan forma a un recorrido duro, panorámico y muy completo para ciclistas con fondo y buena gestión del esfuerzo.

Camprodón
Camprodon, con el Pont Nou como imagen más reconocible, es el punto de salida y llegada de esta exigente ruta gravel hacia la Collada Fonda y Vallter. (Copyright/Turiski)

 

Ficha técnica de la ruta
Tipo de ruta
Circular gravel
Distancia
67 km
Desnivel +
1.637 m
Desnivel –
1.637 m
Altitud máxima
2.164 m
Altitud mínima
1.019 m
Dificultad
Alta
Tiempo estimado
4 h
Punto de inicio
Camprodon. Aparcamiento: N 42°18’33.9″ E 2°21’51.9″
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De Camprodon a Molló, una salida amable antes de la montaña

La ruta arranca en Camprodon, uno de esos puntos de inicio que ya sitúan al ciclista en ambiente pirenaico desde el primer golpe de pedal. La salida toma la carretera que sube hacia el coll d’Ares, con unos primeros kilómetros ideales para entrar en calor sin sobresaltos. Son 9 kilómetros por buen asfalto, pendientes moderadas y ritmo constante hasta alcanzar Molló.

Santa Cecilia de Molló
Santa Cecilia de Molló aporta el contrapunto patrimonial antes de que la ruta cambie el asfalto por la pista de alta montaña hacia la Collada Fonda. (Copyright/FF)

Conviene no quemar demasiada energía en este primer tramo, porque la ruta todavía se está guardando lo mejor y lo más duro. Molló permite una primera pausa breve antes de cambiar el carácter del recorrido. Allí se puede visitar la iglesia románica de Santa Cecilia de Molló, una de esas paradas que recuerdan que el Ripollès no solo se pedalea por sus puertos, sino también por su patrimonio.

Espinavell marca el cambio de tono

A la salida de Molló la carretera concede unos kilómetros más suaves, casi un respiro antes de que la ruta enseñe su verdadera dimensión. El desvío a la izquierda hacia Espinavell cambia el paso. La pendiente se vuelve más seria y la ascensión empieza a pedir desarrollo, paciencia y buena cadencia.

Espinavell
La llegada a Espinavell marca la transición entre el asfalto inicial y la pista de alta montaña que sube hacia la Collada Fonda. (Copyright/FF)

Hasta Espinavell se continúa sobre asfalto, pero el ambiente ya es de alta montaña. El pueblo aparece como una antesala natural de la Collada Fonda. Justo al salir, el firme cambia y empieza la pista de tierra. A partir de aquí la ruta entra en su tramo más característico, con unos 10 kilómetros de subida por pista y pendientes medias que se mueven entre el 7% y el 9%.

La Collada Fonda, dureza sostenida y paisaje abierto

La subida a la Collada Fonda no tiene rampas imposibles, pero sí una dureza muy constante. Es uno de esos ascensos que obligan a regular, sobre todo porque el desnivel acumulado va creciendo sin que el ciclista tenga demasiados descansos reales. La recompensa está en el entorno. El paisaje se abre, desaparece la sensación de valle cerrado y la ruta gana amplitud pirenaica.

Pista Collada Fonda
La pista de la Collada Fonda dibuja uno de los tramos más abiertos y panorámicos de la ruta antes de afrontar el puerto de Vallter (Copyright/FF)

La pista permite avanzar con cierta continuidad, aunque exige atención y una buena elección de trazada. En días claros, este tramo es probablemente el más agradecido de toda la jornada. Se pedalea entre prados, laderas abiertas y horizontes de alta montaña, con esa mezcla de esfuerzo y silencio que da sentido a una ruta gravel cuando se aleja de la carretera principal.

El paso canadiense situado en lo alto de la Collada Fonda marca simbólicamente el final de la ascensión. No es solo un punto de paso. Es también el lugar donde la ruta cambia de argumento y empieza una larga transición hacia el enlace con la carretera de Setcases.

Diez kilómetros de descenso antes del segundo gran esfuerzo

Desde la Collada Fonda se inicia una bajada de casi 10 kilómetros dividida en dos partes muy distintas. Los primeros 5 kilómetros son de descenso suave, por buena pista, sin árboles y con buenas vistas. Es un tramo para dejar correr la bici, recuperar algo de piernas y disfrutar del terreno sin perder la concentración.

La Collada Fonda aparece como uno de los grandes hitos de la ruta, un punto alto entre prados y pistas de alta montaña antes de afrontar Vallter 2000. (Copyright/FF)

La segunda mitad exige más cuidado. Los últimos 5 kilómetros antes de alcanzar el asfalto presentan una pendiente más pronunciada y un terreno que obliga a bajar con más mimo. No es un descenso para despistarse ni para buscar velocidad gratuita. Con una gravel, la trazada y la presión de los neumáticos cuentan. Si se entra demasiado fuerte en las zonas más irregulares, el riesgo de llantazo aumenta.

La fuente del cruce y la subida final a Vallter

Al enlazar con la carretera que sube desde Setcases aparece uno de los puntos prácticos más importantes de la ruta. En el cruce hay una de las pocas fuentes del recorrido, una parada casi obligada antes de afrontar el último gran bloque del día. Hasta aquí ya se ha acumulado una buena carga de desnivel, pero todavía quedan los 10 kilómetros de la conocida subida a Vallter.

Puerto Vallter
La subida de Setcases a Vallter es el último gran reto de la ruta: 12 kilómetros de puerto de categoría especial y un final mítico para los cicloturistas. (Copyright/FF)

La ascensión final cambia la tierra por el asfalto, pero no rebaja la exigencia. La carretera hacia Vallter es un puerto de verdad, largo, sostenido y con ambiente de alta montaña. Después del desgaste de la Collada Fonda, el tramo puede hacerse más duro de lo que indican los números. Aquí conviene subir de menos a más, sin dejarse engañar por la sensación de haber superado ya la parte más salvaje de la ruta.

La llegada a Vallter, a más de 2.000 metros de altitud, es el gran objetivo del día. Arriba, la cafetería permite recuperar fuerzas antes de afrontar el regreso. Un bocadillo, una bebida y unos minutos de pausa cambian mucho la percepción de la larga bajada que queda hasta Camprodon.

Descenso largo hasta Camprodon

La vuelta se resuelve con una larga bajada hacia Camprodon. Sobre el papel puede parecer el tramo más sencillo, pero no conviene relajarse en exceso. El asfalto presenta zonas algo deterioradas por la dureza de los inviernos y el paso continuo de las máquinas quitanieves. No supone un problema con una gravel, pero sí obliga a mantener la atención, especialmente si se baja con fatiga acumulada.

El regreso permite cerrar la ruta con una sensación muy completa. No ha sido una simple subida a Vallter, sino una circular de alta montaña que busca el acceso más interesante, más exigente y más panorámico. La Collada Fonda aporta el carácter gravel; Vallter, la dimensión ciclista clásica; y Camprodon, el punto de partida y llegada perfecto para una jornada pirenaica con mucho contenido.

Ferran Figuerola,
Ferran Figuerola, colaborador cicloturista de Turiski, se inmortalizó en Vallter 2000, punto culminante de la ruta, antes de iniciar el largo descenso hacia Camprodon. (Copyright/FF)

Consejos prácticos para la ruta

Es una ruta de dificultad alta, más por la acumulación de desnivel y la combinación de terrenos que por la presencia de rampas extremas. La subida por la Collada Fonda exige buena condición física y capacidad para gestionar esfuerzos largos. La parte de pista es ciclable, pero conviene llevar cubiertas de gravel con buen balón, revisar presiones y no bajar demasiado justo de protección frente a piedras o impactos.

El agua es un punto importante. La fuente del cruce con la carretera de Setcases aparece en un momento clave, pero no conviene depender solo de ella. Mejor salir de Camprodon con bidones llenos y comida suficiente. También hay que tener en cuenta la altitud máxima de la ruta, 2.164 metros, y los posibles cambios de tiempo en la zona de Vallter. En días de viento, frío o niebla, la experiencia puede cambiar por completo.

El GPS es recomendable, especialmente en el tramo de pista por la Collada Fonda y en los enlaces. La ruta combina carretera, desvíos y pista de montaña, por lo que llevar el track descargado evita dudas innecesarias. En el descenso de la Collada Fonda y en la bajada final desde Vallter conviene priorizar la seguridad sobre la velocidad. Es una salida para disfrutarla con piernas, cabeza y margen.

 

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