Hay gestos que duran un segundo y debates que se alargan mucho más allá del telón. Eso es lo que plantea “Una bufetada a temps”, la comedia de Marta Buchaca que desde el pasado 1 de abril ocupa el escenario de La Villarroel y enfrenta al público con una cuestión tan delicada como actual los límites de la educación. Con habilidad para combinar ironía, tensión y reconocimiento cotidiano, Buchaca construye una función que no se limita a entretener, sino que empuja al espectador a posicionarse. No en vano, la autora parte de una idea tan simple como certera al recordar que no todo el mundo es padre, pero todos hemos sido hijos alguna vez.
Sobre el escenario se despliega un reparto sólido y bien engrasado, con Ramon Madaula y Montse Guallar en los papeles de los abuelos de Roc, el niño que nunca aparece, pero cuya presencia atraviesa toda la obra. Eudald Font interpreta al director de la escuela, dispuesto a denunciar a Ramon por la bofetada que propina a su nieto de ocho años después de que este le insulte, mientras que Marc Rius y Sara Diego encarnan a los padres del menor, sumándose a un conflicto donde chocan educación, autoridad, culpa y desconcierto generacional. La combinación entre intérpretes veteranos y jóvenes funciona con naturalidad y da al texto el pulso necesario para que el debate no decaiga.

La risa que incomoda
Los cinco personajes se mueven en una sala de psicomotricidad de una escuela de nueva creación, un espacio aparentemente neutro que termina convirtiéndose en un auténtico campo de batalla moral y pedagógico. Allí, la ironía no actúa solo como recurso cómico, sino también como mecanismo para destapar contradicciones, inseguridades y dobles raseros. Buchaca sabe tocar una fibra reconocible y cercana, porque sitúa el conflicto en ese terreno resbaladizo donde las convicciones educativas se tambalean en cuanto aparecen el afecto, la ira o el miedo.
Uno de los mayores aciertos de la obra es que evita convertir el escenario en una tribuna. En lugar de dictar sentencia, prefiere abrir grietas, incomodar y dejar que cada personaje exponga sus razones sin blindarlas del todo. Ese equilibrio da espesor a la comedia, aunque en algunos momentos el texto subraya más de la cuenta determinadas posiciones para asegurarse de que el debate llegue con nitidez al patio de butacas. Aun así, la función mantiene su eficacia porque nunca pierde el pulso escénico ni la capacidad de activar la conversación.
Un aula como trinchera
Marta Buchaca aseguraba que el público reiría, se emocionaría y saldría a la calle con ganas de seguir discutiendo la función. Y eso, en buena medida, es exactamente lo que sucede. “Una bufetada a temps” acierta cuando entiende que una buena comedia no es la que suaviza el conflicto, sino la que sabe ponerlo en circulación con inteligencia. En La Villarroel, la risa no anestesia el debate, sino que lo hace todavía más punzante. La obra está programada en La Villarroel hasta el próximo 17 de mayo.



