Enrique Tomás (Badalona, 1966), el pequeño de once hermanos, no llegó al oficio desde una posición cómoda ni heredó un camino despejado. Creció en una familia humilde vinculada a una tienda de ultramarinos del Mercat de la Salut de Badalona y empezó a trabajar muy joven, primero ayudando en casa y después abriéndose paso por su cuenta hasta levantar una compañía fundada en 1982 en Badalona, hoy convertida en un grupo con expansión global que vende más de 3.000 jamones al día y está presente en 15 países. En esta conversación con Turiski, mantenida en el stand de la firma jamonera durante el Trofeo Conde de Godó de tenis, el empresario reivindica el jamón ibérico como patrimonio cultural, sitúa en China “el presente del jamón” y explica que 2026 abre una nueva etapa personal y empresarial con el inicio del relevo generacional hacia su hijo Albert (1992).
-¿Cómo se levanta cada mañana Enrique Tomás sin pensar en el imperio que ha construido desde aquella humilde tocinería en la que empezó con 16 años?
-No lo pienso. De hecho, la palabra imperio suena fea. Siempre he pensado que podíamos llegar a algo importante. Hemos trabajado para crear ilusión entre la gente. Ese es el valor. Sobre todo, me fijo en las caras de los que me acompañan en la empresa. La sienten suya. Eso sí que vale la pena de verdad. Lo demás, según con quién te comparas, eres una mota, eres insignificante al lado de un Amancio Ortega, que ya es el casero más grande del mundo.
-Para un periodista de la vieja escuela como este cronista, entrevistar a alguien que ha convertido un producto tan nuestro en una marca global tiene un valor especial. ¿Qué le sugiere que tanta gente asocie su marca a una experiencia agradable o, incluso, a un pequeño momento de felicidad gastronómica?
-Esa es una de las cosas bonitas que tiene este trabajo. Muchas personas me lo comentan cuando tienen ocasión. En el fondo, lo que te están diciendo es que asocian la marca a un momento de bienestar cotidiano, a algo cercano, apetecible y reconfortante, también en lugares de paso como un aeropuerto.

-Acaba de dejar al mayor de Estopa en otra mesa para atender a Turiski. Y, tratándose del dúo que fue imagen de la última campaña de Navidad de la marca, ¿qué música le pondría a sus jamones?
-“Tu calorro”, sin dudarlo. El jamón es muy de ahhhhh, de algo apetecible, envolvente y casi instintivo.
-Dice Enrique Tomás que el jamón es la bandera que nos une. ¿Por qué cree que despierta un sentimiento tan transversal?
-Tengo anécdotas con personas de todas las ideologías. El jamón es nuestro un emblema del patrimonio cultural y gastronómico. Es una responsabilidad de todos. Es un acto de amor.
-Una de sus preocupaciones es alimentar bien al ser humano. ¿Hasta qué punto le interesa no solo vender, sino también promover una forma de comer mejor?
-Cuando estuve con el papa Francisco, le di a su santidad un libro que se llama “Del ayuno a la abstinencia” para que animara a sus feligreses a hacer ayuno una vez a la semana. La gente no entendía que, si yo vendía bocadillos de jamón, cómo defendía un ayuno semanal. Sin embargo, estoy a favor de todo lo que sea cuidar al ser humano. Claro que estoy dispuesto a que la gente coma seis días a la semana en lugar de siete porque eso es bueno para la salud. Alimentar es enseñar a comer bien a las personas.
-¿Qué le dice un chino a Enrique Tomás cuando descubre el sabor de sus jamones?
-En China está el presente del jamón. Durante unos años trabajaban más que nosotros, pero no con la calidad que tocaba. Hoy eso ha cambiado. Trabajan más que nosotros y, ojo, que lo hacen incluso mejor. Mire, China no está metida directamente en ninguna de las guerras que se expanden por el mundo, pero finalmente está detrás de todas. Eso de que China nos copia ahora no es real, sino que producen mejor que nosotros.
-Vino, aceite, jamón ibérico… ¿Qué tiene el jamón para ocupar un lugar tan singular dentro de la cultura gastronómica española?
-Hay otros países que cosechan vinos excelentes o aceites de calidad tan reconocidos como los de nuestro país, pero el jamón ibérico solo se produce en España. Ya no es solo una cuestión económica, sino de cultura. El jamón es mucho más que comida. Y no mi jamón, sino el jamón.
-A Enrique Tomás le apasiona el ibérico de Guijuelo, pero sus papilas gustativas han descubierto también el jamón de la comarca cordobesa de Los Pedroches. ¿Qué matices encuentra ahí?
-Son los últimos en llegar a la denominación de origen y, si me lo permite, los nuevos le ponen más ilusión al producto. Y en Los Pedroches lo están haciendo muy bien. Hacemos catas en diferentes comarcas y suele ser el Valle de los Pedroches el que se lleva el gato al agua.

-¿Cómo vive Enrique Tomás ese placer de respirar y emocionarse en una dehesa por donde se pasean los cochinos?
-Es muy importante que, además de las bellotas, el animal pueda comer esa hierba mientras anda por la dehesa, que pueda muscular…, lo que nos lleva a pensar que ese cerdo ibérico es un olivo con patas.
-Afirma el ilustre tendero de Badalona que su única competencia es el jamón malo. ¿Tan decisiva puede ser una mala experiencia para alejar a un consumidor?
-Absolutamente. Porque, si tienes una mala experiencia en una degustación de jamón malo, vas a tardar mucho tiempo en repetirla.
-¿Cómo se inspiró Enrique Tomás para escribir “Mentiras sobre el jamón”?
-Un día estaba con Josep Maria Minguella, que fichó a Maradona, y me di cuenta de que el jamón creaba muchas inquietudes. Hoy me han propuesto hacer un videojuego sobre el jamón y no me parece descabellado. Escribí el libro para descubrir muchas cosas que la gente no sabía del jamón. Ahora lo vamos a traducir al chino. El nuevo libro se llamará “Grandes verdades sobre el jamón”. Escribí un segundo libro en plena pandemia en el que explico experiencias muy interesantes.
-La apuesta de la empresa de Enrique Tomás está muy bien definida. Dar al cliente exactamente lo que quiere. ¿Cuál diría que es hoy esa demanda real del consumidor?
-Al final, el cliente lo que quiere es algo que ya no está de moda, pero que sigue siendo real. Bueno, bonito y barato. Entonces hay que acercarse a esos parámetros. Te pones la mano en el pecho y todos somos los clientes que también queremos comprar bueno, bonito y barato.
-Además del jamón, Enrique Tomás tiene un recuerdo entrañable del arroz que guisaba su madre. ¿Qué papel juega la memoria emocional en la manera que tenemos de comer?
-Utilizo el arroz de mi madre para explicar que, si tú pones un kilo de arroz y un pollo en manos de tu madre, suegra o tía, el guiso al final va a ser diferente porque, aunque la materia prima sea igual, la mano de la cocinera marcará la diferencia. La comida es uno de los hilos conductores que nos transportan al presente, al pasado y al futuro. Voy a algún sitio y a veces me sirven un arroz como el de mi madre. Eso es un hilo directo con tu esencia.

-¿Repetiría haber tomado las riendas de su primer negocio con solo 16 años?
-Claro que sí. Al final me doy cuenta de que soy una persona afortunada. Eso no significa que no me haya equivocado o que no haya superado momentos complicados. Montar un negocio es un acto de irresponsabilidad, como tener un hijo, que luego te obliga a ser responsable. Con 16 años tuve la fuerza y la responsabilidad, aunque no todos los días son ni han sido azules.
-Soñemos un poco. Maestranza de Sevilla, seis Miuras para José Tomás y seis jabugos para Enrique Tomás. ¿Compra la imagen?
-Vamos a hacer algo parecido en la plaza de toros de Ronda el 4, 5 y 6 de septiembre, coincidiendo con la corrida goyesca. Va a ser el Día Mundial del Jamón, con miles de personas degustando el ibérico de Extremadura, Los Pedroches y Guijuelo.
-¿Hay alguna pregunta que no le haya hecho y que le gustaría responder?
-Pues ya que me lo pone en bandeja, si me pregunta cómo me siento desde que recientemente he decidido pasar el testigo a mi hijo Albert, le diré que me siento orgulloso de que lo que antes era mi sueño ahora mi hijo sienta que es su sueño. Albert me dijo “No solamente me veo capaz, sino que me apetece, que es lo más importante”. Este año estamos en plena transición.
A sus 60 años, Enrique Tomás ha empezado a ordenar el relevo generacional sin renunciar a la energía, la intuición comercial y la convicción con las que levantó su proyecto desde abajo. El testigo comienza a cambiar de manos, pero todo indica que su vínculo con la empresa seguirá siendo mucho más que simbólico. En su caso, empezar a dar un paso al lado no parece una despedida, sino otra forma de seguir estando.
China, mucho más que un nuevo mercado
La apertura de la quinta tienda de Enrique Tomás en China, el pasado 17 de febrero, coincidió con el Año Nuevo Chino y tuvo como escenario el Aeropuerto Internacional de Shenzhen Bao’an, uno de los grandes nodos de transporte del país. No se trata solo de una nueva implantación comercial. Su ubicación, con conexión directa con enclaves estratégicos como Hong Kong, Macao, Shenzhen o Cantón, subraya el peso que la compañía concede al mercado chino dentro de su expansión internacional.
La operación refuerza una idea que el propio Enrique Tomás resume en la entrevista. Internacionalizar no consiste únicamente en abrir tiendas, sino en trasladar una cultura, adaptarse a cada contexto local y mantener intacta la esencia de una marca nacida alrededor del jamón ibérico.



