Lo que empezó como una convocatoria científica para vivir varias semanas en un refugio de los Alpes italianos acabó convertido en un pequeño fenómeno mediático. Eurac Research, el centro de investigación con sede en Bolzano, abrió la selección de 12 voluntarios para la nueva fase del estudio MAHE, un proyecto sobre los efectos de la altitud moderada en personas sanas. En horas, las plazas quedaron cubiertas. La investigación se desarrollará entre mediados de agosto y principios de octubre, con incorporaciones escalonadas de los participantes. La historia, sin embargo, sigue teniendo interés porque dice mucho sobre la atracción que ejerce la vida en altura, la curiosidad por la fisiología humana y la transformación de los refugios de montaña en espacios de investigación.
Un refugio del Stelvio como laboratorio
El escenario elegido no es un laboratorio convencional, sino el Refugio Nino Corsi, también conocido como Zufallhütte, situado en la Val Martello, en el corazón del Parque Nacional del Stelvio. A 2.256 metros de altitud, este refugio se convertirá durante unas semanas en una base científica desde la que estudiar cómo reacciona el organismo cuando abandona el nivel del mar y permanece de forma continuada en una cota media de montaña.
La convocatoria tenía todos los ingredientes para circular con rapidez. Alojamiento y manutención incluidos, un reembolso bruto de 400 euros, libertad para teletrabajar, estudiar o disfrutar del entorno fuera de las mediciones programadas, y la posibilidad de vivir durante un mes en un refugio alpino. El gancho turístico era solo la superficie, ya que el fondo del proyecto es médico y científico.
Qué quiere medir el estudio MAHE
Eurac Research quiere entender mejor qué sucede en el cuerpo humano cuando una persona sana pasa varias semanas entre los 2.000 y los 2.500 metros. La investigación en medicina de montaña ha estudiado con más frecuencia las altitudes extremas, pero se sabe menos sobre esa franja intermedia donde viven, trabajan, entrenan o pasan temporadas millones de personas en todo el mundo. No es la zona de las grandes expediciones, pero sí la de muchas estaciones de montaña, pueblos alpinos, refugios, rutas de senderismo y actividades outdoor.
El estudio MAHE, siglas de Moderate Altitude Healthy Exposure, parte de una pregunta sencilla y compleja a la vez. ¿Puede una estancia prolongada en altitud moderada modificar parámetros como el sueño, el metabolismo, el apetito, la función vascular, la masa de hemoglobina o el rendimiento de resistencia? Y, sobre todo, ¿esos cambios pueden ayudar a comprender mejor la relación entre montaña, salud cardiovascular y adaptación fisiológica?
Cinco semanas entre valle, refugio y laboratorio
Para responderlo, los participantes seleccionados seguirán un calendario preciso. Primero pasarán una semana a baja altitud, en Silandro o Schlanders, donde se realizarán las mediciones basales. Después permanecerán cuatro semanas consecutivas en el Refugio Nino Corsi. Finalmente, acudirán a tres visitas de seguimiento en el laboratorio de Bolzano durante la semana posterior al regreso.
La vida en el refugio no será la de unas vacaciones sin más. Los voluntarios podrán organizar su tiempo fuera de las pruebas, pero deberán mantener una rutina estable. El objetivo es que la altitud sea la variable principal del estudio y que no se mezclen otros cambios bruscos. Por eso se les pedirá no superar sus niveles habituales de actividad física y evitar cambios de altitud durante el periodo de investigación.
No buscaban montañeros entrenados
El perfil buscado también era muy concreto. Personas de entre 18 y 40 años, con peso corporal normal y sin factores que pudieran alterar de forma significativa los resultados. Quedaban excluidos fumadores, personas con hipertensión, medicación crónica salvo anticonceptivos hormonales, embarazo, trastornos alimentarios, deficiencia de hierro diagnosticada, alergias o intolerancias alimentarias, dietas especiales, abuso de alcohol o drogas, estancias recientes por encima de 1.500 metros y entrenamiento regular de resistencia más de dos veces por semana.
El detalle no es menor. En un estudio así, la comparabilidad de los datos es clave. No se busca analizar cómo se adapta un atleta entrenado, ni una persona acostumbrada a dormir en altura, sino cómo responde un organismo sano que normalmente vive a baja cota cuando se expone durante varias semanas a una altitud moderada.
La montaña más allá del paisaje
Las mediciones previstas incluyen actividad del nervio simpático muscular, función vascular, sueño, composición corporal, metabolismo, apetito, masa de hemoglobina y rendimiento de resistencia. En la fase anterior del proyecto, Eurac Research ya convirtió el refugio en una suerte de laboratorio alpino, con control de alimentación, seguimiento del sueño, sensores de glucosa y pruebas fisiológicas antes, durante y después de la estancia.
Esa mezcla entre vida cotidiana y ciencia explica parte del atractivo. La convocatoria tuvo impacto porque unía dos elementos con ganchopara muchos jóvenes, vivir durante un mes en un refugio alpino y participar en una investigación científica real. Fuera de las mediciones programadas, los voluntarios podrán trabajar a distancia, estudiar o disfrutar del entorno, aunque deberán mantener una rutina estable. La clave del estudio es precisamente observar cómo la altitud moderada influye en el organismo cuando la estancia deja de ser puntual y se convierte en vida diaria.
Un fenómeno entre ciencia, salud y vida outdoor
Que las plazas se hayan agotado tan rápido confirma el interés creciente por experiencias que combinan naturaleza, salud y conocimiento. No se trata de unas vacaciones en altura, ni de un retiro espiritual, ni de un reality televisivo en la montaña. Es una investigación aplicada en un entorno real, con protocolos científicos y mediciones antes, durante y después de la estancia. Precisamente esa mezcla de refugio alpino, vida cotidiana y ciencia explica que la convocatoria despertara tanto interés.
Durante décadas, la altitud se ha asociado al rendimiento deportivo, al entrenamiento, al mal agudo de montaña o a las grandes expediciones. El estudio MAHE desplaza el foco hacia una pregunta más cercana. Qué ocurre con personas sanas, no necesariamente deportistas, cuando viven durante un tiempo en la altitud donde se mueven buena parte de los habitantes y visitantes habituales de la montaña europea.
El refugio Nino Corsi será, de nuevo, algo más que un punto de paso para montañeros. Durante unas semanas será comedor, dormitorio, lugar de trabajo remoto y laboratorio. Un espacio donde la ciencia observará lo que la montaña hace con el cuerpo cuando la estancia deja de ser una excursión y se convierte en vida diaria.
Claves del experimento alpino
- Fechas: entre mediados de agosto y principios de octubre, con incorporaciones escalonadas de los participantes.
- Dónde: Rifugio Nino Corsi/Zufallhütte, en la Val Martello, dentro del Parque Nacional del Stelvio.
- Altitud: unos 2.300 metros sobre el nivel del mar.
- Duración: cinco semanas en total, con una semana previa a baja altitud y cuatro semanas consecutivas en el refugio.
- Participantes: 12 personas sanas, hombres y mujeres de entre 18 y 40 años, con peso corporal normal.
- Objetivo: analizar cómo la altitud moderada influye en el sueño, el metabolismo, la presión arterial, la función vascular y el rendimiento físico.
- Estado de la convocatoria: las plazas se agotaron en horas sólo anunciarse la convocatoria del estudio.
Nota
Eurac Research es un centro privado de investigación científica sin ánimo de lucro fundado en 1992 y con sede en Bolzano, capital del Tirol del Sur, en el norte de Italia. La institución cuenta con más de 500 empleados internacionales y trabaja sobre retos globales desde una perspectiva local, en una región autónoma, bilingüe y multicultural donde el italiano y el alemán son cooficiales.



