El restaurante Le Fédou juega con una ventaja evidente que no depende de la cocina. El comedor se esconde en la parte histórica del hotel Mercure Ax-les-Thermes, en el propio Château de Villemur, un edificio con presencia que hoy convive con la ampliación moderna del hotel. Estás a un paso del nuevo Mercure, pero aquí el ambiente cambia. Piedra, tonos cálidos, una decoración elegante sin estridencias y una atmósfera pensada para bajar pulsaciones después de un día de montaña, termas o paseos por el Ariège. Es una opción muy recomendable si estamos alojados en el pueblo y queremos disfrutar de una noche más especial en un entorno muy cuidado, con un matiz importante. No hace falta dormir en el hotel para sentarse a la mesa y cenar aquí como un comensal más.

Cocina de proximidad y carta corta
El concepto es bistronómico y se nota en la estructura de la propuesta. Pocos platos, rotación por temporada y un menú del momento que funciona como columna vertebral, disponible tanto al mediodía como por la noche. La idea es clara. Producto local, técnica suficiente y un recetario francés reconocible, con guiños al Suroeste.
El chef Lucas Bousquet, de la región, firma una cocina apegada a la tierra. No busca fuegos artificiales. Busca oficio, fondo y cocciones largas cuando toca, además de platos pensados para compartir.
Lo que cuenta el menú del momento
El menú semanal marca el tono y ayuda a entender el estilo de la casa. En uno de los pases, la entrada fue una vichyssoise con crutones de ajo, limpia y directa. De principal, filete de lubina con crema de piquillos, un plato amable, fácil de disfrutar y con ese punto de cocina de hotel bien resuelta. Para cerrar, un entremet de chocolate y praliné, goloso y sin complicaciones.

Una carta breve, bien ordenada
En la carta se agradece la contención. Entrantes como el œuf 63º con magret ahumado, la trucha de Aston en versión ceviche, un velouté de potiron, además de clásicos que encajan en el contexto como la sopa de cebolla o un foie gras a la plancha. En los principales, aparecen platos de carácter como el cassoulet de pato, un pressé de cochon o propuestas más “de montaña” como el pavé de biche. También hay opciones más actuales, por ejemplo los gnocchis de patata dulce con castañas y Bethmale. En postres, lo seguro manda, pavlova, tarte citron y moelleux de chocolate negro con corazón de crema de castañas, además de una tabla de quesos de la región que aquí tiene todo el sentido.
Vinos con acento local
La carta de vinos acompaña sin ponerse intensa, con referencias francesas y presencia del Ariège y alrededores. Un enfoque práctico, pensado para que el huésped del hotel elija fácil y para que el comensal de paso encuentre una botella coherente sin convertir la cena en una cata.
Precio medio y a quién le encaja
El menú del momento se mueve en un rango muy razonable para un restaurante de hotel con esta puesta en escena. Platos principales alrededor de los 20 a 25 €, entrantes en la franja de 10 a 17 € y postres sobre 10 a 12 €, con fórmulas de menú que ayudan a ajustar el ticket. El perfil de cliente es mixto. Huéspedes del Mercure que buscan cenar sin salir, parejas de escapada termal y viajeros que quieren un comedor agradable en un marco histórico.

Lo más convincente
Le Fédou convence por el conjunto. Espacio con personalidad, servicio amable y una cocina correcta, sostenida en producto de temporada y un recetario francés que no falla. No es un restaurante para perseguir un “plato revelación”. Es un sitio para comer bien, sin tensión, con el plus de hacerlo dentro de un edificio con historia.
Si te alojas varios, la propuesta puede resultar algo repetitiva, precisamente por esa carta breve y por un estilo que prioriza la comodidad del clásico. Aun así, para una o dos noches, o para una comida tranquila, encaja muy bien con el espíritu de Ax-les-Thermes.



