Nuestro viaje invernal por el Ariège comenzó en el pequeño pueblo de Les Cabannes, a hora y media de Puigcerdà cruzando el túnel de Porté-Puymorens. Es una base práctica y tranquila, además de puerta de entrada a la estación nórdica del Plateau de Beille, que queda a menos de 15 kilómetros. La víspera pernoctamos aquí y acabamos en un lugar que merece punto y aparte. Maison Beaucoup no se limita a alojar, te cambia el ritmo. Antigua casa noble y también rectoría, guarda la calma en las vigas, en la madera y en los pasillos.

La primera impresión sorprende. Nada en el exterior anuncia el clima que se respira al cruzar la puerta. Todo está decorado con gusto, sin alardes, con muchas piezas de anticuario que no parecen “colocadas”, sino vividas. Hay una sensación agradable de pasado regio, como si el tiempo se hubiera detenido.
Ariège a la puerta, Beille al fondo
La ubicación termina de darle sentido. Maison Beaucoup está al pie de la meseta de Beille, cerca del valle de Aston y de algunos de esos rincones del Ariège que se disfrutan mejor sin prisas. Es un punto de partida perfecto para salir, respirar montaña y volver con hambre de mesa.
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Cenar aquí es dejarse llevar
Esa noche cenamos allí. Y entendimos rápido que Frank no cocina para impresionar, sino para cuidar. Su propuesta es de temporada, natural, con producto de calidad y mucho hecho en casa. Una cocina que no necesita disfraz porque está bien pensada desde el origen.

El mejor consejo es literal. Déjate aconsejar por Frank. Hay algo muy agradable en abandonar el control, en escuchar qué está mejor ese día y aceptar que el menú lo dicta el mercado, no una idea fija. El resultado es una cena cálida, casi doméstica, de esas que encajan especialmente bien cuando el plan es una escapada romántica.
En un momento de la conversación, Frank nos hizo un apunte práctico que también dice mucho del lugar. Al lado está el campanario de la iglesia y, por si el tañido nocturno molestara, cada habitación tiene tapones. Nosotros no los necesitamos. Dormimos de un tirón, sin escuchar nada.

Tres pequeñas salas, el mismo clima de intimidad
El comedor se reparte en tres pequeñas salas, cada una con su ambiente, pero todas con el mismo hilo conductor. Cercanía, luz suave y esa atmósfera acogedora que invita a la sobremesa. Es un lugar ideal para ir en pareja, pero también para compartir con amigos o en familia sin perder el tono tranquilo del conjunto.
No hay lobby, bar ni salón común al uso. El refugio está en la habitación, con su sofá y su calma. Aquí se viene a bajar el ritmo y a desconectar.

Dormir con calma en una casa con historia
Dormimos allí. Y aquí Maison Beaucoup juega una carta decisiva. Solo tiene dos habitaciones, dos de casi 50 metros cada una, y un loft que roza los 100 y que puede funcionar como apartamento. Eso cambia todo. No hay sensación de hotel, sino de casa grande con pocas llaves y mucha calma. Las habitaciones, más que habitaciones, son pequeñas cápsulas que te trasladan al pasado noble del edificio, con el confort actual donde importa.
El desayuno con gran variadad de mermeladas naturales
El desayuno suma otra de las pequeñas alegrías de la casa. Por la mañana desayunamos con la misma lógica que la cena, placer sin estridencias, con una gran variedad de mermeladas naturales como protagonistas. Sentarse, mirar alrededor, reconocer detalles del mobiliario, escuchar el silencio del pueblo y entender que lo más valioso de Maison Beaucoup es precisamente lo que no se compra. El tiempo y la hospitalidad. Y si apetece llevarse un pequeño “trozo” de la estancia, es posible comprar sus mermeladas, muchas, variadas y siempre naturales.

¿Por qué es un sitio especial?
Porque combina tres cosas poco frecuentes en el mismo lugar. Una casa con alma y pasado, una escala íntima de solo tres habitaciones y una cocina de temporada honesta que mejora cuando te dejas guiar. Maison Beaucoup funciona como refugio romántico, como paréntesis en ruta y como recordatorio de algo simple. A veces lo mejor no tiene que ver con el lujo, sino con el encanto vintage de una casa silenciosa, una buena mesa y la sensación de estar exactamente donde toca.
Nosotros abandonamos Maison Beaucoup tras despedirnos de Frank y agradecer su hospitalidad. Enfilamos la subida hacia la estación nórdica del Plateau de Beille con la impresión de haber dormido, cenado y desayunado dentro de una historia que todavía sabe cuidar al viajero.
Si quieres preparar la escapada, aquí tienes las webs oficiales
Maison Beaucoup
Turismo Ariège



