Los vecinos y vecinas de Esparreguera no solo han sabido mantener el prestigio de su Pasión como una de las más reconocidas de Catalunya, sino que, 57 años después de la primera representación impulsada en 1969, han consolidado un espectáculo de notable ambición escénica y fuerte arraigo popular. Cada temporada, unas 15.000 personas pasan por el Gran Teatre de La Passió d’Esparreguera, ocupando sus 1.700 butacas y confirmando la vigencia de una propuesta que ha sabido actualizarse sin romper el hilo con su tradición.
Tradición que sigue viva
Ese es, seguramente, uno de sus principales méritos. La Passió d’Esparreguera no se limita a preservar una herencia teatral y religiosa, sino que la reformula con nuevos recursos técnicos y dramatúrgicos, apoyada en una implicación colectiva poco común. Sobre el escenario participan casi un centenar de actores y actrices con papel, además de cientos de figurantes, en su mayoría vecinos de la localidad. No se trata solo de una movilización popular de gran formato, sino de una manera muy concreta de entender el teatro como expresión compartida de una comunidad.

Un inicio ascendente
La apertura del primer acto, con La elección de los Apóstoles, sitúa la acción en la Ley mosaica y enlaza después con el Sermón de la montaña. A partir de ahí, el montaje encadena algunos de sus momentos de mayor impacto visual, como la Multiplicación de los panes y los peces. La curación del leproso y la celebrada Fiesta de la Luz refuerzan ese impulso ascendente de una puesta en escena que busca, por encima de todo, emocionar y deslumbrar al espectador.
Grandeza y simbolismo
El segundo acto mantiene esa voluntad de grandeza. La Resurrección de Lázaro abre el bloque con fuerza, mientras que la Entrada en Jerusalén aparece resuelta con un aliento coral que multiplica la dimensión espectacular del conjunto. Después llegan el encuentro de María y Magdalena, la expulsión de los mercaderes del Templo, el complot de Judas y la despedida entre Jesús y María, antes de desembocar en una Santa Cena de fuerte carga plástica y evidente voluntad simbólica. Hay escenas más logradas que otras, pero el conjunto mantiene un tono elevado y una convicción escénica indiscutible.

La tensión dramática
El tercer acto se abre con Jesús en el huerto de Getsemaní. Poco después llegan las negaciones de Pedro, la sesión del Sanedrín y el proceso religioso contra Jesús. Aquí la representación gana en densidad dramática y abandona, por momentos, el brillo más exterior para buscar un clima de mayor tensión moral. En ese recorrido sobresale el suicidio de Judas, planteado como uno de los pasajes de mayor intensidad de toda la obra y también de los más perturbadores para el público.
El golpe emocional final
El acto IV concentra buena parte de la descarga emocional del montaje. Jesús comparece ante Pilato, luego ante Herodes y de nuevo ante Pilato, en un itinerario que avanza hacia la condena. La Flagelación, el anuncio de la sentencia a María, el Camino del Calvario, la Verónica, la Crucifixión y la Lanzada componen una sucesión de escenas pensadas para sacudir al espectador. La emoción, en este tramo final, no nace solo del dispositivo escénico, sino también de la acumulación ritual de imágenes reconocibles que el montaje administra con eficacia. El Descendimiento de la Cruz y el Entierro rebajan el pulso antes de la Resurrección, la Aparición y la Ascensión al Cielo, donde La Passió culmina su apuesta por un teatro total que combina fe, tradición, espectacularidad y sentido popular.

Una singularidad vigente
No todo en la propuesta funciona del mismo modo ni con la misma profundidad dramática, pero sería injusto exigirle únicamente desde parámetros convencionales de teatro textual. La fuerza de La Passió d’Esparreguera reside en otro lugar, en su capacidad para convertir un relato sobradamente conocido en una experiencia escénica de gran formato, sostenida por el compromiso colectivo y por una maquinaria teatral que impresiona por su envergadura. Sus 33 escenas, la producción, los efectos especiales, el vestuario renovado y, sobre todo, la presencia de orquesta y coro en directo, marcan una diferencia clara respecto a otras representaciones de la Pasión en Cataluña.
Más que una simple representación religiosa, La Passió d’Esparreguera se presenta hoy como un gran artefacto de teatro popular contemporáneo, donde la tradición no aparece como una reliquia, sino como una materia viva que todavía convoca, emociona y llena una sala. Ahí radica, seguramente, su singularidad y también su permanencia.
La Passió en formato compacto
Tras las tres representaciones en formato tradicional de mañana y tarde, La Passió d’Esparreguera mantiene en cartel su versión de 2 horas y 30 minutos, estrenada en 2022. El montaje conserva la potencia visual y emocional de la obra original en un formato más concentrado y accesible, pensado para acercar el espectáculo a nuevos públicos sin perder su esencia.
Próximas sesiones
11, 12, 18 y 26 de abril, y 1 de mayo
Reserva de localidades
Las 24 horas en la web de la pasión , por teléfono en el 937771587 y en las taquillas del teatro de lunes a viernes de 18 h a 20 h.
Precios
Entrada general, 20 euros; Amigos de La Passió, 10 euros; colaboradores de La Passió, 10 euros; mayores de 65 años y personas con diversidad funcional, 16 euros; menores de 25 años, de 15 a 25, 12 euros; niños de 7 a 14 años, 10 euros.



