Hay restaurantes que se explican por la cocina y otros que empiezan a cobrar sentido mucho antes, en cuanto uno aparca y ve el mar a pocos metros. Mamut Beach Club juega esa carta con inteligencia. Está en Viladecans, en el entorno de la playa y muy cerca de La Murtra y de la playa de las Filipinas, con una terraza que, en cuanto llega el buen tiempo, se convierte en uno de esos espacios que invitan a alargar la sobremesa.

Un lugar que gana enteros cuando se abre la temporada de terraza
Tras el tirón invernal de la calçotada, una de sus propuestas de temporada, da la sensación de que Mamut entra en su terreno más natural cuando suben las temperaturas. Entonces el restaurante deja de apoyarse solo en el ritual del calçot y la brasa para lucir, sobre todo, como un comedor de costa informal, amplio y con vocación de plan de fin de semana. Su ubicación junto al mar y su configuración de espacio abierto explican buena parte de su atractivo.

Arroces para centrar la visita
La carta deja bastante claro dónde conviene mirar. Hay entrantes, carnes, pescado y platos de brasa, pero el apartado de arroces es el que mejor define hoy la personalidad de Mamut. La oferta incluye un arroz seco de costilla de mamut, un arroz a banda de sepia y cigala, un mar y montaña de zamburiña, pluma ibérica y romero, y un arroz negro de calamar con alcachofa y allioli de azafrán.
Ahí aparece el enfoque más interesante del local. No parece buscar una cocina de artificio ni una carta interminable de playa, sino una propuesta reconocible, cómoda y pensada para compartir. El arroz seco de costilla apunta a una línea más carnívora y contundente. El a banda de sepia y cigala se mueve en un terreno más clásico. El mar y montaña con pluma ibérica y zamburiña, por su parte, encaja bien en ese tipo de restaurante mediterráneo que quiere agradar tanto al público familiar como al comensal de escapada pausada.

La brasa sigue teniendo peso
Aunque los arroces sean la razón más clara para reservar mesa, la brasa mantiene un papel importante. En la carta aparecen platos como pulpo a la brasa con barbacoa coreana, espeto de sepia con mojos canarios, espeto de sardinas, rodaballo con sofrito de ajos tiernos y piparras o filete de lubina a la brasa. Esa combinación de brasas, pescado y arroces encaja bien con un restaurante de litoral que no quiere quedarse encerrado en una única especialidad.
Antes del principal, la carta también ofrece opciones fáciles de compartir, desde la ensalada de burrata con verduras braseadas y pesto genovés hasta el steak tartar de la casa o un carpaccio de vaca vieja madurada con mostaza antigua y parmesano. No es la parte más singular del menú, pero sí suficiente para construir una comida larga y amable, de esas que funcionan mejor cuando el entorno acompaña.

El entorno, gran parte de la experiencia
En Mamut el paisaje pesa. No solo por la cercanía al mar, sino por ese aire de beach club relajado concebido como un espacio amplio, con carácter y distintas zonas. No estamos ante un restaurante gastronómico al uso ni ante un chiringuito clásico de arena. Está en un punto intermedio que le permite jugar tanto la baza del almuerzo distendido como la del encuentro más social.
Precio medio y tipo de cliente
Con arroces entre 24 y 25 euros por persona, entrantes en la franja de 12 a 23 euros y postres alrededor de 6 o 7 euros, Mamut se mueve en una gama media que no compite por precio bajo, sino por localización, amplitud y tipo de experiencia. Una comida compartiendo un entrante, arroz y postre puede situarse con facilidad en una horquilla aproximada de 35 a 50 euros por persona, según bebida y elección de platos.
El perfil de cliente es bastante transversal. Encaja en parejas que buscan comer junto al mar, grupos que valoran el espacio exterior, familias que agradecen la comodidad logística y también en quienes quieren una comida de sábado o domingo sin alejarse demasiado de Barcelona.

(Copyright/Turiski)
¿Por qué ir al Mamut?
Porque no siempre hace falta ir lejos para tener sensación de escapada. Mamut Beach Club no parece un sitio para buscar alta cocina ni una liturgia gastronómica compleja. Su atractivo está en otra parte. En llegar sin complicaciones, aparcar gratis, sentarse cerca del mar y pedir un arroz o una brasa en una terraza que, con sol y temperatura amable, se convierte en parte esencial de la comida.
Cuando un restaurante entiende bien su lugar y no se empeña en parecer otra cosa, ya ha recorrido buena parte del camino. En el caso del Mamut, ese lugar está entre la escapada costera, la cocina reconocible y una sobremesa que pide tiempo.

A fuego rápido con Gonzalo Baquero, chef de Mamut Beach Club
Detrás de una carta donde conviven la brasa, los arroces y el producto de costa hay también una memoria culinaria que viene de lejos. Gonzalo Baquero, al frente de la cocina de Mamut Beach Club, reivindica esa cocina que nace en casa, se pule con oficio y acaba encontrando sentido cuando el comensal disfruta de verdad en la mesa.
¿De dónde te viene la pasión por la cocina?
Vengo de una familia muy cocinera. Mi abuela, en la Riera de Gaià, en Tarragona, era una auténtica máquina haciendo bizcochos. Y luego estaban sus platos, como el arroz con conejo al horno o las patatas rellenas, que dejaban a todos en silencio. Cuando una comida es realmente buena, la mesa habla menos.
En Mamut Beach Club, además de calçots, ¿también hay espacio para esa cocina de raíces?
Sí, y además intento transmitirla. Creo que mucho de lo que aprendí de pequeño está presente en la manera en que cocinamos aquí y en cómo lo comparto con el equipo.
¿Da tiempo a controlarlo todo en cocina y, al mismo tiempo, estar pendiente de cómo responde el cliente?
Lo intentamos cada día. Lo hacemos junto a Dani, que es mi mano derecha. Estamos pendientes de que todo salga en su punto y de que lo que llega a la mesa mantenga el nivel que buscamos. Lo más importante es que el cliente se vaya satisfecho.
¿Cuál es el plato que más triunfa en Mamut?
Sin duda, el arroz. Trabajamos con un proveedor como Molino Roca y uno de los más pedidos es el mar y montaña de zamburiña con pluma ibérica. Tiene esa mezcla de mar y brasa que encaja muy bien con lo que somos.
¿Crees que hoy comemos mejor que hace unos años?
Sí, porque ahora se valora más la calidad que la cantidad. El cliente busca comer bien, entender lo que come y disfrutarlo.
¿Qué cocina encontrará el cliente que vuelva a Mamut en el futuro?
No vamos a inventar nada porque no se trata de eso. Queremos seguir potenciando la brasa, el producto de calidad y esa manera de cocinar con cercanía y calidez, que aquí también tiene mucho que ver con estar junto al mar.
Guía rápida para el comensal
Restaurante: Mamut Beach Club
Ubicación: Camí de la Murtra, s/n, 08840 Viladecans, Barcelona
Gestión: Grupo Lancaster
Horario: Miércoles y jueves de 12.00 a 17.00 h, viernes de 12.00 a 1.00 h, sábado de 12.00 a 2.00 h y domingo de 12.00 a 19.00 h. Lunes y martes cerrado
Especialidades: Arroces, brasa, pescado y cocina mediterránea
Entorno: Junto al mar, con amplia terraza
Extra a tener en cuenta: Parking gratuito para clientes
Precio orientativo: Entre 35 y 50 euros por persona, según platos y bebida
Teléfono: 663 61 08 61
Web: mamutbeachclub.com




