Hay pruebas que nacen con vocación competitiva y otras que, sin renunciar al cronómetro, encuentran su verdadero sentido en la celebración. La Mamba Ski Race by Joan Verdú ha vuelto a demostrar en Grandvalira que también se puede despedir la temporada con nivel, espectáculo y mucho sentido del humor. La tercera edición del evento, celebrada en el sector El Tarter, confirmó que la cita ya se ha ganado un lugar propio en el calendario andorrano como una de las grandes fiestas finales del invierno.
El sol, las buenas temperaturas y una nieve en condiciones excepcionales ayudaron a redondear una jornada que reunió a cerca de 350 participantes entre la Big Mamba y la Small Mamba, además de alrededor de un millar de personas que siguieron el ambiente desde el Village instalado en el Hotel Nordic. El resultado fue una mezcla muy poco habitual, pero cada vez más atractiva, entre competición, espectáculo y encuentro social alrededor del esquí.

Una carrera distinta para cerrar la temporada
La propuesta de la Mamba Ski Race sigue funcionando precisamente porque se aleja del molde tradicional. El recorrido combina un trazado de eslalon gigante con una sucesión de obstáculos y pruebas que convierten la bajada en algo más que una lucha contra el reloj. Hay técnica, hay rapidez, pero también hay caos divertido, equilibrio precario, risas y algún momento disparatado, como el ya clásico paso por la piscina, uno de los puntos más celebrados tanto por los participantes como por el público.
Todo ello sucede, además, en un escenario con peso propio. La pista Àliga, en el sector El Tarter de Grandvalira, no es una cualquiera. Se trata de la pista negra que ha acogido pruebas de la Copa del Mundo FIS y que, por un día, cambia la solemnidad competitiva por una atmósfera mucho más desenfadada. Ahí reside parte del encanto del evento. La montaña mantiene su exigencia, pero el espíritu es otro.

Albert Ortega llega desde La Molina y se lleva la victoria
El nivel deportivo volvió a estar presente, incluso en una cita concebida para disfrutar. Uno de los nombres del día fue el del catalán Albert Ortega, que llegó directamente desde La Molina después de proclamarse campeón de España de gigante y se impuso con un tiempo total de 3.38.719. Su presencia elevó aún más el cartel de una prueba que contó también con el propio Joan Verdú, aunque el andorrano participó sin optar a los premios.
En categoría femenina, la victoria fue para Berta Oriol, la más rápida del circuito con un registro de 4.18.218, en una jornada que volvió a reunir a esquiadores de perfiles muy distintos, desde corredores experimentados hasta aficionados dispuestos a tomarse la cita como una celebración compartida antes de guardar el material hasta el próximo invierno.
Porque esa es otra de las claves del éxito de la Mamba. No obliga a elegir entre competir o pasarlo bien. Permite las dos cosas. Y en esa mezcla de nivel real, ambiente abierto y formato gamberro está buena parte de su personalidad.

Disfraces, música y ambiente de festival
La competición fue solo una parte del atractivo. A lo largo de la jornada, el Village se convirtió en el verdadero corazón social del evento, con DJ en directo, talleres, sorteos, juegos y un flujo constante de familias, amigos y aficionados que se acercaron a vivir el cierre de temporada con un punto más festivo que nostálgico.
También hubo premios en metálico y material de patrocinadores para los ganadores, además de reconocimientos a los mejores disfraces, un ingrediente que añadió color, creatividad y un punto irreverente a una pista acostumbrada a contextos mucho más serios. La Mamba no busca solemnidad. Busca comunidad, diversión y una forma distinta de entender el esquí.
Joan Verdú resumió así el espíritu de la jornada al término del evento. “Estamos muy agradecidos de nuevo, con todos los jóvenes dispuestos a disfrutar y con los padres que les han acompañado. Además, hoy hemos tenido muy buen clima y buenas condiciones en pistas; ha sido entretenido y divertido. Por mi parte, estoy muy feliz de ver a tanta gente y tantos amantes del esquí y de la nieve en un día como este. Es la tercera vez que hacemos La Mamba y seguimos poniendo muchas ganas y pasión para que todo el mundo pueda vivir una gran experiencia, y creo que lo estamos consiguiendo”.
Un final de temporada con el sello de Joan Verdú
Más allá de los tiempos y del espectáculo, la cita también sirvió como cierre simbólico de la temporada competitiva de Joan Verdú. Y quizá por eso la prueba transmite algo más que diversión. Tiene algo de reunión final, de celebración colectiva después de un invierno largo, intenso y exigente. Un día para relajarse sin dejar de esquiar. Para competir sin tensión. Para volver a mirar la montaña desde el placer más elemental del deslizamiento.
La Mamba Ski Race de la mano de Joan Verdu y su equipo ha encontrado su sitio como el gran cierre emocional del invierno andorrano. No es solo una carrera. Tampoco solo una fiesta. Es una manera de acabar la temporada recordando que el esquí, además de exigencia y rendimiento, también puede ser juego, comunidad y celebración.
Andorra aún apura los últimos días de esquí
Mientras Grandvalira afronta ya el tramo final de la temporada y prevé cerrar sus pistas el lunes -6 abril-, los aficionados al esquí todavía dispondrán de algunos días más para seguir disfrutando de la nieve en Andorra.
Ordino Arcalís mantendrá la actividad hasta el 12 de abril, prolongando así el calendario blanco en Andorra en un final de campaña favorecido por los buenos espesores acumulados durante el invierno.



