Tyler Andrews y Karl Egloff desafían dos récords en Everest

Tyler Andrews y Karl Egloff desafían dos récords de velocidad sin oxígeno en el Everest

Reportaje

Récords de velocidad en Everest

Tyler Andrews persigue la plusmarca de ascenso sin oxígeno por la ruta del Collado Sur, en clave de récord de velocidad o Fastest Known Time (FKT), mientras Karl Egloff afronta el reto aún más exigente de subir y bajar el Everest en una sola ofensiva

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Tyler Andrews y Karl Egloff
Tyler Andrews -izq.- y Karl Egloff afrontan en el Everest dos ambiciosos desafíos de velocidad sin oxígeno sobre la montaña más alta del planeta. (Copyright/Cortesia)

Tyler Andrews y Karl Egloff vuelven al Himalaya un año después de su intento frustrado con el objetivo de reabrir el debate sobre las grandes ascensiones de velocidad sin oxígeno en el Everest. El estadounidense persigue la plusmarca de subida entre el campamento base y la cima, mientras el ecuatoriano-suizo afronta el desafío, todavía más exigente, de completar la subida y la bajada en una sola ofensiva. Ambos retos se inscriben en lo que se conoce como Fastest Known Time (FKT), la referencia utilizada para designar la ascensión más rápida en un itinerario determinado.

El Everest vuelve a situarse esta primavera en el centro del alpinismo de velocidad. Andrews y Egloff están camino de campo base del Everest para intentar de nuevo dos retos distintos, pero igual de ambiciosos, sobre la montaña más alta del planeta. Andrews va a por el FKT de ascenso sin oxígeno suplementario entre el campamento base y la cima. Egloff apunta a la ida y vuelta completa entre el campamento base y la cumbre, también sin apoyo de oxígeno artificial. Los dos llegan con una cuenta pendiente desde 2025, cuando el mal tiempo y las difíciles condiciones de la montaña frustraron sus respectivos planes.

Everest
Tyler Andrews y Karl Egloff regresan por segundo año consecutivo al Everest, donde el año pasado las condiciones de la montaña les impidieron culminar sus intentos. (Copyright/Ganesh Adhikari)

Aunque los récords de velocidad del Everest han cambiado varias veces en las dos últimas décadas, la mayoría de esas plusmarcas se lograron con ayuda de oxígeno suplementario. Cuando el foco se pone únicamente en las ascensiones rápidas sin oxígeno, el mapa se estrecha mucho más y las referencias históricas siguen siendo dos nombres propios. El francés Marc Batard abrió el camino en 1988 al coronar el Everest desde el campamento base sur en 22 horas y 29 minutos sin oxígeno suplementario, un hito pionero en la ruta estándar del Collado Sur. Diez años después, el nepalí Kaji Sherpa rebajó esa referencia hasta las 20 horas y 24 minutos entre el campamento base y la cima por la misma ruta, un registro que sigue siendo la marca más citada cuando se habla de velocidad sin oxígeno en el Everest, aunque rodeado de debate en parte de la comunidad alpinística y en varias crónicas especializadas.

Kilian Jornet, otra referencia

Ese es el marco en el que se sitúan ahora los intentos de Andrews y Egloff, dos proyectos distintos que vuelven a mirar al Everest desde la lógica del cronómetro, la ligereza y la escalada sin oxígeno. En el Everest moderno también sobresale el precedente de Kilian Jornet, que en 2017 ascendió sin oxígeno desde el Advanced Base Camp de la vertiente norte hasta la cima en 17 horas. Fue un registro de enorme nivel, aunque no directamente comparable con las referencias históricas desde el campamento base sur por la ruta del Collado Sur que enmarcan ahora el desafío de Andrews, ni con el intento de ida y vuelta completa que persigue Egloff.  No obstante, Outside, una de las principales revistas estadounidenses especializadas en deportes outdoor y aventura, recordó además que Hans Kammerlander ya había cubierto el recorrido Advanced Base Camp-cima en 16 horas y 45 minutos en 1996, lo que ilustra hasta qué punto en el Everest los registros dependen del punto de salida, la ruta elegida y el modo de verificar cada ascensión.

Tyler Andrews vuelve al Everest con su proyecto Run Everest

El estadounidense Tyler Andrews, de 34 años, regresa al Everest con la intención de completar su ambicioso proyecto Run Everest. Con más de 90 récords de velocidad en montaña en su palmarés, entre ellos los de Manaslu y Aconcagua, Andrews mantiene un objetivo muy definido, centrado exclusivamente en el ascenso más rápido desde el campamento base hasta la cima. Para este nuevo intento ha optado por la vertiente sur del Everest, en Nepal, después del cierre de la cara norte, una circunstancia que ha condicionado la estrategia de varios proyectos de velocidad en la montaña.

Su planteamiento pasa por un ascenso sin oxígeno suplementario, con equipo mínimo y máxima autosuficiencia dentro del marco logístico habitual de la ruta normal, incluida la utilización de cuerdas fijas. Andrews llega además después de una preparación muy singular. El corredor estadounidense viene de firmar un récord mundial en cinta simulando la altitud del Everest, una prueba extrema de resistencia que refuerza su perfil como especialista en esfuerzos prolongados al límite. Ese trabajo previo, unido a su experiencia en FKTs de gran altitud, alimenta la expectativa en torno a un atleta que ve en el Everest la cima natural de su trayectoria en el alpinismo de velocidad.

Desde la montaña, Andrews ha transmitido un mensaje de máxima determinación antes de lanzar su intento. “He estado entrenando más duro y también de forma más inteligente que nunca en mi vida”, explica. Y remata con una declaración que resume bien su ambición. “Confío en que eso me llevará a la cumbre y me permitirá regresar sano y salvo, y más rápido que cualquier ser humano en la historia”.

Karl Egloff apunta a una gesta aún más exigente con subida y bajada

Por su parte, el ecuatoriano-suizo Karl Egloff vuelve al Everest con un reto todavía más complejo. Su objetivo no pasa solo por el ascenso, sino por completar la ida y vuelta entre el campamento base y la cima en una sola ofensiva, también sin oxígeno artificial. Es un desafío de enorme dureza física y mental, ya que obliga a sostener la velocidad no solo en la subida, sino también en el descenso, cuando el desgaste acumulado multiplica el riesgo y la fatiga.

Egloff, veterano de múltiples FKTs en montañas de las Siete Cumbres, lleva años construyendo una trayectoria muy sólida en este tipo de esfuerzos extremos. Para este segundo intento asegura haber completado más de 3.000 horas de entrenamiento en hipoxia, una cifra que ilustra el grado de preparación con el que afronta el desafío. Ese trabajo conecta además con el estilo de ida y vuelta que ya puso en práctica en el Makalu y que ahora quiere trasladar al Everest. Acompañado por Nico Miranda, Egloff se presenta en el Himalaya con una filosofía muy definida, basada en la ligereza, la disciplina y la eficiencia en altura. Su proyecto no busca únicamente la velocidad en la subida, sino una gestión integral del esfuerzo en uno de los terrenos más hostiles del planeta.

Desde el campamento base, Egloff ha expresado con claridad que su apuesta por la velocidad y la escalada sin oxígeno responde a una forma muy íntima de entender la montaña. Para él no se trata solo de rendimiento ni de cronómetro, sino de una relación construida durante años de preparación, escucha y adaptación al medio. “Escalar con rapidez, sin oxígeno, es la forma más pura de esa conexión”, señala. Y remata con una idea que resume su mirada del alpinismo. “Para mí, nunca se trata solo de alcanzar la cima. Se trata de la relación con la montaña”.

Nico Miranda y Karl Egloff
Selfie realizado por Nico Miranda, con Karl Egloff al fondo, durante una jornada de aclimatación en el camino hacia el campo base del Everest. (Copyright/N.M)

Nico Miranda, alpinista y guía de montaña UIAGM-ASEGUIM, encargado además del seguimiento audiovisual de Karl Egloff en esta aventura, ha compartido en sus redes una nueva etapa de la aproximación al Everest. Ambos se dirigen al Mera Peak, donde prevén pasar varios días antes de continuar hacia la gran montaña dentro del proceso de aclimatación. “Nuestro punto más alto del día de hoy, 4.700 metros”, escribió en la publicación, que cerró con una frase breve y reveladora. “Que la montaña nos reciba”.

Dos objetivos diferentes bajo una misma filosofía

Aunque comparten montaña y calendario, sus desafíos no son exactamente los mismos. Andrews persigue la máxima velocidad pura en el ascenso, mientras que Egloff apunta a una empresa más amplia y compleja, con ascenso y descenso enlazados en un mismo intento. Aunque no aspiran al mismo récord, ambos proyectos convergen en un punto decisivo. El crono de Egloff en la cima permitirá medir también su ascenso frente a la referencia que persigue Andrews antes de lanzarse al descenso.

Ambos afrontan sus intentos con una filosofía similar de alpinismo rápido y equipo ultraligero, sin oxígeno suplementario y priorizando la autosuficiencia, aunque dentro de una ruta equipada con cuerdas fijas. Ese equilibrio entre minimalismo, rendimiento extremo y adaptación al contexto del Everest define bien la naturaleza de unos retos que se mueven en la frontera entre el alpinismo de altura y la resistencia atlética más radical.

Queda por ver si la montaña permite esta vez convertir la cuenta pendiente de 2025 en un nuevo capítulo del alpinismo de velocidad. El Everest vuelve a poner a prueba a dos especialistas que llegan con objetivos distintos, pero con la misma obsesión por el cronómetro y y por el desafío de medirse a una de las referencias más duraderas del Himalaya.

 

 

 

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  • Miquel Ribas

    Periodista y Editor de Turiski