Iker y Eneko Pou han alcanzado la cima del Alpamayo, el nevado de 5.947 metros de la Cordillera Blanca peruana considerado por muchos como la montaña más bella del mundo. Los dos hermanos completaron una ascensión nocturna por la vía Vasco-Francesa y llegaron a la cumbre a las 3.30 horas, cumpliendo un sueño que arrastraban desde la infancia. Esta vez no hubo una nueva apertura ni la búsqueda de una pared desconocida. Después de haber trazado una veintena de itinerarios en la Cordillera Blanca, los Pou aparcaron temporalmente su habitual vocación exploradora para escalar una montaña que llevaba años ocupando un lugar especial en su imaginario.

Para Iker y Eneko Pou, llegar a su cima significaba conectar con la esencia del alpinismo que descubrieron de niños. Una ascensión más emocional que exploratoria, pero no por ello exenta de dificultad técnica, compromiso y exposición. “Estoy deseando ascenderlo desde la primera temporada que vinimos a Perú. Es un sueño que arrastramos desde niños, cuando veíamos las fotos de esta pirámide perfecta y quedábamos hipnotizados. Una montaña así bien vale todo nuestro esfuerzo”, explicó Eneko Pou antes de iniciar la ascensión.
Una pirámide de hielo convertida en icono
El Alpamayo no es una de las montañas más altas de los Andes, pero su inconfundible silueta piramidal, sus paredes de hielo acanalado y la verticalidad de su cara suroeste lo han convertido en uno de los grandes iconos del alpinismo mundial. Su fama aumentó definitivamente en 1966, cuando la revista alemana Alpinismus, en la actualidad Alpin, lo distinguió como la montaña más bella del mundo en un concurso fotográfico. Su primera ascensión confirmada se remonta a 1957, cuando una expedición alemana alcanzó su cumbre por la arista norte.

Aproximación por la quebrada de Santa Cruz
Los hermanos iniciaron la aproximación a través de la quebrada de Santa Cruz, uno de los grandes itinerarios de montaña de la Cordillera Blanca. El recorrido avanza entre lagunas, glaciares y cumbres de más de 5.000 metros antes de adentrarse en el entorno del Alpamayo. Al alcanzar el campo alto, comprobaron que varias cordadas tenían previsto atacar la cima durante la misma madrugada. La popularidad de la montaña concentra cada temporada a numerosos alpinistas en unas vías donde los pasos técnicos, las reuniones y los rápeles pueden provocar esperas.
Gracias a la buena relación que mantienen con los guías locales y sus equipos, acordaron ser los primeros en entrar en la pared. La decisión les permitiría avanzar con mayor fluidez y reducir el riesgo de coincidir con otras cordadas en los sectores más verticales.
Escalada nocturna bajo las estrellas
Iker y Eneko Pou comenzaron la escalada a las 23.15 horas bajo un cielo completamente despejado. Después de aproximarse a la rimaya, afrontaron uno de los primeros obstáculos importantes, un muro de hielo prácticamente vertical de unos veinte metros. Superado este paso, continuaron por la vía Vasco-Francesa, una línea abierta en 1993 por una cordada vasco-francesa en la que participó el alpinista Aritza Monasterio (1965). El itinerario recorre alrededor de 300 metros de hielo, con pendientes que originalmente fueron graduadas entre los 60 y los 75 grados.

Las condiciones permitieron a los hermanos mantener un ritmo constante por las características canaletas de hielo de la pared. La oscuridad, el silencio y la luz de los frontales acompañaron una ascensión que ambos describieron como una experiencia de absoluta conexión con la montaña. A las 3.30 horas de la madrugada alcanzaron la cumbre del Alpamayo. Desde lo alto de la pirámide, todavía de noche, culminaban uno de los pocos objetivos de su extensa trayectoria que tenía sus raíces mucho antes de sus primeras expediciones internacionales.
El amanecer durante el descenso
La permanencia en la cima fue breve. Tras preparar los rápeles, los Pou iniciaron el descenso por la misma vertiente mientras otras cordadas comenzaban a progresar por la pared. Los primeros rayos de sol aparecieron cuando los hermanos se aproximaban nuevamente al campo alto. La luz del amanecer fue descubriendo las montañas de la Cordillera Blanca y tiñendo de tonos dorados unas paredes que pocas horas antes solo habían distinguido bajo la luz de sus frontales.

La ascensión fue realizada, según la información facilitada por su equipo, en estilo alpino, con escalada libre y autonomía. No dejó una nueva vía ni aumentó la lista de aperturas de los Pou en Perú, pero sí completó uno de los proyectos con mayor carga emocional de su trayectoria. Después de años mirando al Alpamayo durante sus expediciones por la Cordillera Blanca, Iker y Eneko Pou regresaron al campo alto con un sueño cumplido. La pirámide de hielo que los había fascinado desde niños ya formaba parte de su historia como alpinistas.



