Nada más poner un pie en Font-Romeu comprendimos que aquí el deporte no es una actividad reservada al invierno. Está en las bicicletas que atraviesan el pueblo, en los corredores que entrenan por sus caminos, en los deportistas que practican rollerski por sus carreteras, en el campo de golf abierto entre pinos y en unas montañas que parecen invitar constantemente a salir al exterior.
Llegamos a última hora de la tarde, cuando la luz comenzaba a suavizarse sobre las fachadas de piedra y los bosques que rodean la población. Apenas habíamos dejado las maletas y Font-Romeu ya nos había propuesto descubrir el golf, cenar en el centro del pueblo y subir a la mañana siguiente por encima de los 2.200 metros. La escapada prometía ser corta, pero no precisamente tranquila.

(Copyright/Turiski)
Dormir en el lugar donde empezó Font-Romeu
El Grand Hôtel l’Ermitage fue mucho más que nuestro alojamiento en Font-Romeu. Nada más atravesar su entrada entendimos que no nos encontrábamos ante un hotel de montaña convencional. La piedra, la madera, el patio interior y los diferentes edificios que forman el conjunto hablaban de una historia mucho más antigua que la propia estación de esquí.
El establecimiento ocupa parte del histórico conjunto del Ermitage de Font-Romeu, levantado alrededor del antiguo santuario mariano para recibir a los peregrinos que recorrían uno de los caminos catalanes hacia Santiago de Compostela. Los primeros edificios comenzaron a construirse a finales del siglo XVII y fueron ampliándose en diferentes etapas hasta el siglo XIX.
Aquí se encuentra también el origen del nombre de Font-Romeu. La fuente situada junto al santuario era frecuentada por los caminantes y terminó dando nombre al lugar. En catalán, font significa fuente y romeu, peregrino. Antes de convertirse en destino turístico, deportivo y climático, Font-Romeu fue, por tanto, la fuente del peregrino.

Una profunda rehabilitación permitió recuperar varios de los edificios históricos y transformarlos en un hotel de cuatro estrellas, inaugurado en diciembre de 2024. El proyecto, impulsado por Jean Parent, conservó la personalidad del conjunto y confió la decoración a Hélène Bier, que diseñó habitaciones diferentes entre sí, inspiradas en la montaña y cuidadas hasta el último detalle.
Nuestra experiencia confirmó esa voluntad de convertir cada estancia en algo personal. Encontramos habitaciones amplias, elegantes y muy confortables, envueltas en una atmósfera serena que reforzaba el carácter singular del conjunto. Dormir allí añadía una dimensión inesperada a la escapada. Mientras fuera Font-Romeu respiraba deporte y actividad, en el interior del hotel permanecía la memoria de los peregrinos y de la antigua hospedería, en un enclave que ya atraía visitantes muchos siglos antes de que llegaran los primeros esquiadores.

Un destino moldeado por el entrenamiento en altitud
La historia deportiva de Font-Romeu dio un nuevo paso en febrero de 1967 con la inauguración del Centro Nacional de Entrenamiento en Altitud, conocido por sus siglas francesas CNEA. El complejo reúne instalaciones especializadas como una pista de atletismo, un estadio de biatlón, gimnasios, piscinas y diferentes espacios destinados al entrenamiento en altitud.
Desde su inauguración, por sus instalaciones han pasado numerosos medallistas olímpicos franceses, entre los que sobresale Martin Fourcade, cinco veces campeón olímpico de biatlón, además de destacados deportistas internacionales como los catalanes Kilian Jornet y Oriol Cardona.
Esa presencia se percibe por todas partes. Font-Romeu no parece un lugar en el que las instalaciones deportivas se hayan añadido de manera artificial. La población entera funciona como una prolongación del centro de entrenamiento. Los senderos, el clima seco, la altitud y el relieve forman parte del mismo ecosistema.
La red ciclista de Font-Romeu forma parte del Espacio BTT-FFC de los Pirineos Catalanes, que reúne 40 circuitos y 502 kilómetros de itinerarios señalizados. La oferta incluye rutas verdes, azules, rojas y negras, además de siete recorridos de enduro, y atraviesa bosques, altiplanos, pastos y pistas de esquí de fondo, en buena parte por encima de los 1.500 metros. En verano, el telecabina Airelles Express y varios telesillas permiten transportar las bicicletas y ganar altura con mayor facilidad. La propuesta combina cross-country, e-bike, descenso y recorridos familiares adaptados a distintos niveles.
La Vuelta 2026 llegará a Font-Romeu
- Fecha — Lunes 24 de agosto de 2026
- Etapa — Tercera jornada de La Vuelta
- Recorrido — Gruissan-Aude–Font-Romeu
- Distancia — 166,7 kilómetros de media montaña
- Momento clave — El Col de Mont-Louis precederá al primer final en altitud de la carrera
Primeros golpes en un golf inesperado
Después de instalarnos en el hotel nos dirigimos al Golf de Font-Romeu. Hasta aquel momento, nuestra imagen de este deporte estaba asociada a grandes campos de tierras bajas, amplias urbanizaciones y espacios perfectamente domesticados. Lo que encontramos fue muy distinto. El recorrido se extiende a unos 1.800 metros de altitud, con nueve hoyos repartidos por un terreno naturalmente ondulado y rodeado de pinos. La montaña no funciona como un simple telón de fondo. Entra en el juego, condiciona el relieve y convierte cada calle en una pequeña ventana abierta hacia la Cerdanya.

Apenas tuvimos tiempo para un primer contacto en la zona de prácticas. Unos cuantos golpes fueron suficientes para comprobar que el golf resulta bastante menos sencillo de lo que parece cuando se contempla desde fuera. Terminamos la visita tomando un refresco en la casa club mientras conocíamos las particularidades del recorrido. Font-Romeu acababa de demostrarnos que el golf también puede practicarse en contacto directo con la naturaleza y la montaña.
Font-Romeu en cifras
- 1.800 metros de altitud aproximada en el núcleo de Font-Romeu
- 1967 año de inauguración del Centro Nacional de Entrenamiento en Altitud
- 40 recorridos de bicicleta de montaña dentro del espacio BTT de los Pirineos Catalanes
- 502 kilómetros de itinerarios señalizados para MTB y e-bike
- 9 hoyos en el campo de golf de alta montaña
- 678 metros de recorrido en la tirolina Draco’Sky
- 2,5 kilómetros en el itinerario artístico del Musée Sans Murs
La inesperada huella de Christian Dior
La jornada continuó en el restaurante La Belle Époque, en el centro de Font-Romeu, donde compartimos la cena con Christian Sarran, director de la Oficina de Turismo. La conversación recorrió la historia de la localidad, su estrecha relación con el deporte, la transformación de la estación y la importancia que todavía mantiene el público catalán y español.
Fue entonces cuando surgió una de esas historias inesperadas que enriquecen el relato de un destino. Christian Sarran nos explicó que un biógrafo del gran modisto francés le había dado a conocer la relación de Christian Dior con Font-Romeu. En 1934, cuando tenía 29 años, Dior enfermó de tuberculosis y necesitó una larga convalecencia. Según nos contó Christian, pasó una temporada recuperándose en un sanatorio o casa de salud de Font-Romeu cuyo nombre todavía no se ha podido identificar. Habría sido aquí, en la calma y la soledad del Pirineo, donde comenzó a dibujar algunos de sus primeros figurines y bocetos de vestidos.
Apenas se conserva documentación gráfica de aquella estancia. Por este motivo, la Oficina de Turismo de Font-Romeu está intentando reconstruir el episodio y localizar testimonios, imágenes o documentos que permitan conocer mejor la huella que Christian Dior dejó en la localidad. Salimos del restaurante con aquella historia todavía presente. A veces, una cena desvela capítulos que apenas han dejado rastro en los archivos.

Del centro del pueblo a las alturas de La Calme
A la mañana siguiente, después de desayunar y despedirnos del hotel, nos encontramos con Sol Alonso, de la Oficina de Turismo, que nos acompañaría durante la caminata y el descenso en tirolina. Desde el centro de Font-Romeu tomamos el telecabina Airelles Express. En pocos minutos dejamos atrás las calles y alcanzamos Les Airelles, uno de los principales sectores de la estación. El paisaje invernal que muchos identifican con pistas y remontes se había transformado en una montaña verde, atravesada por senderos y recorridos para bicicletas.

Continuamos ganando altura en el telesilla hasta las inmediaciones de La Gallinera, a 2.127 metros. Subir en un remonte sin esquís cambia completamente la percepción del terreno. Observábamos los caminos bajo nuestros pies, las manchas oscuras del bosque y la amplitud de la Cerdanya extendiéndose a lo lejos.
Nada más bajar del telesilla iniciamos una caminata corta hacia el Roc de la Calme. El recorrido, de alrededor de media hora, no presenta grandes dificultades, aunque la altitud invita a avanzar sin prisas. El aire parecía más ligero, el silencio ganaba espacio y cada paso ampliaba el horizonte. Al alcanzar la zona superior, alrededor de los 2.200 metros, se abrió ante nosotros una panorámica de 360 grados. Reconocimos el macizo del Carlit, la llanura de la Cerdanya y una sucesión de cumbres que se perdían hacia el interior del Pirineo. Permanecimos unos minutos intentando identificar montañas mientras Sol, nos ayudaba a ordenar aquella geografía. Hasta que llegó el momento de cambiar la contemplación por un arnés.

Volar sobre la montaña en la Draco’Sky
La Draco’Sky no permite demasiados rodeos. En cuanto vimos los cables perdiéndose ladera abajo comprendimos que el descenso sería bastante más rápido que la subida. La tirolina dispone de dos líneas paralelas y parte a 2.203 metros de altitud. Sus 678 metros de cable salvan 166 metros de desnivel y alcanzan una altura máxima de 45 metros sobre el terreno. Después de colocarnos el arnés, escuchar las indicaciones y comprobar los anclajes, llegó ese instante incómodo en el que ya no queda nada por decidir. Solo levantar los pies.
Los primeros segundos fueron una mezcla de aceleración, viento y una breve sensación de vacío. Después dejamos de mirar el cable y comenzamos a observar la ladera bajo nuestros pies. Todo ocurrió muy deprisa. El aire nos golpeaba la cara, el paisaje pasaba a gran velocidad y el final del recorrido aparecía mucho antes de lo esperado. Fueron apenas unos segundos, pero bastaron para convertir el descenso en uno de los momentos más intensos de la escapada.
Comer a más de 2.100 metros
Recuperado el pulso y de nuevo en la base, utilizamos el telesilla de Calme Sud para acercarnos al restaurante La Gallina. Situado a más de 2.100 metros, el establecimiento ocupa uno de esos lugares en los que sentarse a comer forma parte de la propia actividad de montaña. Su terraza permite descansar después de una caminata, una ruta en bicicleta o una mañana utilizando los remontes. Nosotros llegamos con la sensación de haber concentrado varias jornadas en apenas unas horas. La comida nos permitió bajar revoluciones, comentar el vuelo y disfrutar del entorno pirenaico desde la quietud de la terraza. La Gallina es una parada natural entre senderos, remontes y actividades.

Un museo sin paredes escondido entre los árboles
El regreso hacia Font-Romeu todavía guardaba una última sorpresa. Antes de abandonar la localidad nos adentramos en el Musée Sans Murs, un sendero artístico al aire libre en el que las esculturas contemporáneas aparecen repartidas por el bosque. El camino avanza entre pinos y convierte la vegetación en parte de la exposición. Algunas obras se descubren desde lejos. Otras permanecen casi ocultas hasta que el itinerarrio pasa junto a ellas. No hay salas, puertas ni un recorrido impuesto. Solo arte, árboles y pequeños bancos construidos con esquís reciclados.
El Musée Sans Murs está considerado la galería de arte al aire libre situada a mayor altitud de Europa. Su colección reúne influencias artísticas de ambos lados de la frontera y puede recorrerse durante todo el año. Después de la velocidad de la tirolina, caminar entre esculturas y pinos fue una forma inesperadamente serena de terminar la escapada.
Nos marchamos con la impresión de haber descubierto un destino que no necesita inventarse una versión veraniega. El senderismo, la bicicleta, el entrenamiento, el golf y la vida al aire libre forman parte de su identidad tanto como el esquí. Font-Romeu nos había recibido como una estación de montaña y nos despedía como algo mucho más amplio. Un lugar donde el deporte marca el ritmo, la historia aparece en los rincones más inesperados y el verano también se vive a gran altura.
Más información |
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