Cómo llevar el agua en la montaña: qué sistema elegir

Botella, cantimplora, soft flask o bolsa de hidratación: cómo llevar el agua en la montaña

Análisis

Consejos de montaña

Botella rígida, cantimplora, soft flask o bolsa de hidratación ofrecen soluciones diferentes. Elegir bien depende de la ruta, la facilidad de acceso y, especialmente en verano, de cómo proteger el agua del calor

Cómo elegir tu calzado de montaña para trekking y senderismo

Botella, soft flask o bolsa de hidratación
Una hidratación bien planificada es clave en las rutas de montaña durante los meses de más calor, tanto por la cantidad de agua como por la facilidad para acceder a ella durante la marcha. (Copyright/ Andrei Miki)

Dos litros de agua pueden parecer suficientes al preparar la mochila y, sin embargo, la forma de llevarlos puede no ser la más adecuada sobre el terreno. Una botella que obliga a detenerse cada vez que queremos beber, una bolsa de hidratación cuyo contenido no podemos controlar de un vistazo o un recipiente demasiado grande para una salida corta pueden acabar condicionando más de lo previsto una jornada de senderismo.

En verano, cuando el calor aumenta las exigencias de cualquier ruta, no solo importa cuánta agua llevamos, sino también cómo la transportamos y cómo accedemos a ella. Botella rígida, cantimplora, soft flask o bolsa de hidratación ofrecen soluciones diferentes y ninguna es mejor en todas las situaciones. Elegir bien significa pensar antes en el recorrido que en el recipiente.

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Llevar agua es imprescindible en cualquier ruta de montaña, pero también importa elegir bien el recipiente y tenerla accesible durante la marcha. (Copyright/Aditya Saxena)

La hidratación también depende de tener el agua a mano

Es una situación bastante habitual. El agua está dentro de la mochila, pero para llegar a ella hay que detenerse, quitarse los bastones, descolgar la mochila y buscar la botella. Al final, especialmente cuando vamos en grupo o mantenemos un ritmo continuo, acabamos retrasando el momento de beber simplemente porque resulta incómodo. Por eso, la accesibilidad debería formar parte de la preparación de la ruta.

Una salida corta por terreno sencillo no plantea las mismas necesidades que cinco o seis horas caminando bajo el sol. Tampoco es igual recorrer un itinerario con fuentes conocidas que adentrarse en una zona donde tendremos que transportar desde el inicio toda el agua necesaria.

Antes de elegir el sistema conviene hacerse tres preguntas muy sencillas: cuánto tiempo estaremos caminando, qué posibilidades reales tendremos de reponer agua y si podremos beber sin tener que desmontar media mochila cada vez.

cómo llevar el agua en la montaña
Elegir cómo transportar el agua también depende del tipo de ruta, la duración y la facilidad para acceder a ella durante la marcha.
(Copyright/Getty Images)

La botella rígida y la cantimplora siguen teniendo mucho sentido

La botella rígida y la cantimplora continúan siendo dos de los sistemas más sencillos para transportar agua en montaña. Son fáciles de llenar, resistentes y permiten beber directamente del recipiente sin tubos, válvulas ni otros elementos. También resultan prácticas durante las paradas, para compartir agua o cuando necesitamos disponer de ella para cocinar en una travesía.

En este grupo entran también las cantimploras metálicas de toda la vida, todavía muy utilizadas en excursiones y senderismo por su sencillez, resistencia y facilidad de uso. Las de aluminio son ligeras y prácticas, aunque, si no incorporan aislamiento, el agua puede calentarse con rapidez cuando quedan expuestas al sol. Las versiones térmicas o de doble pared conservan mejor la temperatura, aunque a cambio añaden algo más de peso.

 

Soft flasks
Los soft flasks, colocados en los bolsillos delanteros de la mochila o del chaleco, permiten beber sin detener la marcha y llevar el agua siempre accesible, una ventaja especialmente útil en rutas dinámicas o con calor. (Copyright/Getty Images)

Elegir cómo transportar el agua también depende del tipo de ruta, la duración y la facilidad para acceder a ella durante la marcha. (Copyright/Getty Images)Su principal inconveniente aparece cuando caminamos. Muchas mochilas incorporan bolsillos laterales, pero no todos permiten alcanzar la botella con la mochila puesta. En esos casos, cada trago puede terminar convertido en una pequeña parada. No parece importante al inicio de la ruta, pero acaba siendo poco práctico cuando hace calor y queremos beber con regularidad.

También conviene evitar la tentación de llevar una botella enorme solo porque permite cargar más agua. El agua pesa y su ubicación influye en cómo sentimos la mochila. En rutas largas suele resultar más cómodo repartirla que concentrarla toda en un único recipiente voluminoso.

La botella rígida funciona especialmente bien en senderismo tranquilo, excursiones cortas o recorridos con paradas frecuentes, y sigue siendo una solución difícil de superar por sencillez y facilidad de control.

El soft flask aporta accesibilidad y ocupa cada vez menos

Los soft flasks, esas botellas flexibles popularizadas primero en el trail running y cada vez más habituales también en senderismo, aportan una ventaja evidente: pueden colocarse en bolsillos delanteros de mochilas y chalecos y permiten beber prácticamente sin detenerse.

A medida que se vacían se comprimen, por lo que ocupan menos volumen, y resultan especialmente interesantes cuando queremos llevar pequeñas cantidades de agua muy accesibles. No obstante, tampoco sustituyen necesariamente a otros sistemas.

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El soft flask combina ligereza, flexibilidad y fácil acceso, por lo que resulta especialmente práctico en rutas rápidas o cuando queremos llevar agua a mano. (Copyright/ Felipe Ditadi)

Transportar toda el agua de una ruta larga en varios soft flasks puede resultar poco práctico. Funcionan mejor como recipientes accesibles que como gran depósito de reserva y requieren algo más de atención para llenarlos y manipularlos cuando están completamente blandos.

Donde tienen mucho sentido es en rutas rápidas, excursiones ligeras o como complemento. Un soft flask delantero y una reserva adicional dentro de la mochila pueden formar una combinación muy práctica cuando hace calor.

La bolsa de hidratación permite beber sin alterar el ritmo

Su gran ventaja es conocida por cualquiera que haya utilizado una. El depósito queda dentro de la mochila y un tubo llega hasta la zona de los tirantes, permitiendo beber mientras caminamos. En terrenos donde detenerse continuamente resulta incómodo, o durante jornadas largas, tener el agua siempre al alcance facilita mucho la gestión de la hidratación. Además, las mochilas preparadas para estos depósitos suelen situarlos próximos a la espalda y permiten reservar los bolsillos exteriores para otro material.

Montaña Hidratación
Las botellas térmicas o de doble pared ayudan a conservar mejor la temperatura del agua durante varias horas, aunque añaden algo más de peso que una botella convencional.
(Copyright/Ales Krivec)

Pero esa comodidad tiene una contrapartida importante: resulta más difícil saber cuánta agua nos queda durante la marcha. Una botella transparente o translúcida permite comprobar el nivel de un vistazo. Con una bolsa de hidratación hay que abrir la mochila o llevar cierto control de lo que hemos consumido. Esa sensación de disponer siempre de agua a través del tubo puede resultar engañosa después de varias horas caminando.

También exige más mantenimiento. Depósito, tubo y boquilla deben limpiarse correctamente después del uso y dejarse secar antes de guardarlos, especialmente si hemos utilizado algo diferente al agua. Por eso es un sistema excelente para determinadas rutas, pero conviene saber cuánto hemos cargado al inicio y controlar lo que estamos consumiendo, especialmente cuando no habrá posibilidades de rellenar durante el recorrido.

Así queda más preciso. Sobre todo me gusta más “resulta más difícil saber cuánta agua nos queda durante la marcha” que “no vemos el agua que queda”, porque explica exactamente cuál es la desventaja sin exagerarla.

Qué sistema puede encajar mejor

Botella rígida. Sencilla, fácil de rellenar y la mejor opción para controlar de un vistazo cuánta agua queda.

Soft flask. Ligero y muy accesible. Especialmente práctico para llevar pequeñas cantidades de agua a mano.

Bolsa de hidratación. Cómoda para beber mientras caminamos y especialmente útil en jornadas largas, aunque dificulta controlar visualmente el agua restante.

Combinarlos también es una opción. En muchas rutas, llevar agua accesible y mantener una pequeña reserva independiente resulta más práctico que confiar todo el suministro a un único recipiente.

Combinar sistemas puede ser la mejor solución

No existe ninguna obligación de elegir entre botella, soft flask y bolsa de hidratación. De hecho, en muchas rutas de montaña combinar dos sistemas resulta más práctico que confiar toda el agua a uno solo.

Una bolsa de hidratación permite beber cómodamente mientras caminamos y una pequeña botella adicional ofrece una reserva visible. Una botella dentro de la mochila puede complementarse con un soft flask accesible. Dos botellas más pequeñas permiten repartir el peso y saber en cada momento cuánto hemos consumido.

También facilita separar funciones. Podemos reservar un recipiente para beber durante la marcha y otro como reserva para la segunda mitad del recorrido. La decisión debería adaptarse al itinerario y no al hábito. En una salida de trekking por etapas, por ejemplo, la facilidad para rellenar los recipientes y controlar el agua disponible adquiere todavía más importancia. Utilizar siempre el mismo sistema porque es el que tenemos en casa no significa que sea la mejor opción para todas las salidas.

El error de calcular el agua solo por kilómetros

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El calor, la exposición al sol y la intensidad del esfuerzo pueden aumentar considerablemente las exigencias de una ruta, más allá de los kilómetros previstos.Copyright/Renato Leal)

Diez kilómetros pueden significar una agradable caminata de dos horas o convertirse en una ruta mucho más exigente si incluyen un fuerte desnivel, terreno lento y varias horas de exposición al sol.

Por eso, la distancia por sí sola dice poco sobre las necesidades reales de una salida. Temperatura, humedad, exposición solar, desnivel, ritmo, duración prevista y características personales influyen en la cantidad de líquido que necesitaremos. También importa conocer si existen puntos de abastecimiento seguros durante el recorrido.

No tiene sentido establecer una cantidad universal válida para cualquier senderista y cualquier montaña. Preparar bien la hidratación significa valorar las condiciones concretas y llevar un margen razonable ante retrasos, cambios de recorrido o una jornada más calurosa de lo previsto.

Y tampoco se trata de beber indiscriminadamente. En actividades prolongadas, tan poco recomendable es ignorar durante horas las necesidades del organismo como convertir la hidratación en una carrera por beber continuamente grandes cantidades de agua.

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Una botella de plástico convencional puede sacarnos del paso, pero en jornadas calurosas ofrece muy poco aislamiento y no es la mejor opción para mantener el agua fresca durante horas.
(Copyright/Diana Ligth)

Cuatro errores especialmente fáciles de cometer en verano

El primero es guardar toda el agua en el interior de la mochila. Podemos llevar una cantidad adecuada y, aun así, convertir cada trago en una molestia.

El segundo es salir con una bolsa de hidratación sin tener una idea clara de cuánto contiene o cuánto hemos consumido. Si utilizamos este sistema con frecuencia, acabaremos conociendo nuestros hábitos, pero durante las primeras salidas conviene prestar especial atención.

El tercero es estrenar un recipiente directamente en una ruta importante. Una boquilla que no funciona como esperábamos, un tapón mal cerrado o un depósito colocado incorrectamente son problemas fáciles de detectar en casa y mucho más incómodos en plena montaña.

El cuarto es dejar el agua expuesta directamente al sol. Una botella convencional de plástico, como las que compramos en cualquier supermercado, apenas ofrece aislamiento térmico y puede calentarse con rapidez si permanece en un bolsillo exterior o queda expuesta al sol durante horas. Si queremos conservar el agua más fresca, conviene proteger el recipiente dentro de la mochila, utilizar una funda aislante o recurrir a una botella térmica cuando el peso adicional no sea un inconveniente.

El mejor sistema es el que funciona durante toda la ruta

Botella, soft flask y bolsa de hidratación pueden ser excelentes opciones. Lo importante es entender qué aporta cada una. La botella gana en sencillez y control. El soft flask destaca por accesibilidad y ligereza. La bolsa de hidratación resulta especialmente cómoda cuando queremos beber sin detener la marcha.

Pero la elección debería comenzar siempre en el mapa. Duración, calor, desnivel, posibilidad de rellenar y acceso al agua durante la marcha son mejores criterios que cualquier moda o preferencia estética.

Preparar correctamente la hidratación no consiste únicamente en llenar recipientes antes de salir de casa. Consiste en asegurarnos de que, cuando llevemos varias horas caminando y el sol apriete, el agua que hemos cargado siga estando realmente a nuestro alcance y se conserve, si no fresca, al menos a una temperatura agradable para beber.

 

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