Durante mi vida profesional he tenido la suerte de conocer a algunas personas para mí excepcionales. Desde regatistas a técnicos, y también algunos compañeros de profesión, buena parte de ellos fotógrafos. Sin duda, el italiano Carlo Borlenghi ocupa un lugar preferente entre ellos.
A Carlo Borlenghi le conocí antes, a finales de los 80. Eran tiempos en los que hacer fotos desde un helicóptero era poco habitual, las fotos aéreas iban muy cotizadas en las revistas especializadas. En un viaje trepidante a la Riviera francesa para “cazar” un entrenamiento secreto entre los maxis Moro di Venezia y Hispania vi a Carlo por primera vez. Yo viajaba con Nico Martínez, ambos en modo free-lance buscando reportajes para pagar los gastos de nuestra osadía y ganar un poco de dinero, pero sobre todo intentar un “más difícil todavía” por el inédito y valioso contenido.

Un encuentro inesperado en Antibes
Paseando por el puerto de Antibes, se nos acercó una persona y nos preguntó: “¿Vosotros sois los españoles?”. Un poco asustado, respondí que sí, y un segundo después me dijo: “¿Queréis venir mañana en el helicóptero a tomar fotos?”. Estupefacto, casi no pude responderle que iría Nico pues yo pretendía embarcarme en los maxis mientras navegaban, algo que paradójicamente fue muy fácil en Il Moro y, al verme a bordo con los italianos, los españoles me ofrecieron hacerlo con ellos al día siguiente.
Por cierto, allí “descubrí” a Paul Cayard, patrón del maxi italiano, y conocí Chantal Joudain, relaciones públicas de Raúl Gardini, a quien sorprendí solicitándole una entrevista con el magnate. Con un par. Contra todo pronóstico lo conseguí, y mi gratitud hacia ella acompañó nuestros posteriores años de amistosa relación profesional, hasta que hace unos años se fue a navegar lejos de la tierra. El aprendizaje de aquella aventura y los reportajes publicados en Yate y Motonáutica fueron la primera muesca en mi culata profesional.

Tres recuerdos con Il Maestro
Con Carlo fuimos coincidiendo durante años en regatas y empezamos a tener una buena relación. Ambos somos personas de pocas palabras, pero a veces no hace falta decir muchas cosas entre las personas. Él era uno de ellos. Podría escribir bastantes anécdotas, pero prefiero comentar tres recuerdos. El primero fue cuando en una sala de prensa le saludé: “Ciao Maestro”. Se quedó mudo mirándome hasta decirme que era bonito cómo le había llamado. Le expliqué que lo hacía pensado en los grandes humanistas y artistas renacentistas italianos como Leonardo da Vinci.
Mi segundo recuerdo fue en una regata que iba a rendirle un homenaje. La persona encargada de presentarlo no pudo viajar hasta allí y me pidieron si quería hacerlo yo. Pasé 11 horas que nunca olvidaré hasta que llegó el momento de mi presentación. Muchos nervios por la responsabilidad y mis dudas de estar la altura que el personaje y amigo merecían. Empecé bloqueado, tartamudeando por la emoción.
El tercero fue en 2023, cuando en uno de sus viajes de trabajo a Barcelona para Luna Rossa pude dedicarle un día para enseñarles a él y a su mujer Alessandra la ciudad que no está en las guías turísticas. Por una vez no hablamos de barcos, de regatistas, de periodistas ni del mar. Hablamos de arquitectura y gastronomía. También fumamos algún cigarrillo a escondidas de Alessandra, que fingía no darse cuenta, pero después todos nos reímos de la situación.

Tampoco olvidaré su generosidad cuando le convencí para publicar sus fotos en la revista Navegar, especialmente unas exclusivas del accidente de Stefano Casiraghi en una carrera de motonáutica, a poco de empezar la singladura con Navegar.
Lo que aprendí de Borlenghi
Aprendí mucho de Borlenghi, pero no solo de su sabiduría compartida hacia un curioso aprendiz de fotógrafo. Sus consejos sobre los míticos carretes de Fuji Velvia, la recomendación de un laboratorio de revelado “pata negra” en San Diego, luego sobre la digitalización y también sobre edición. Siempre admiré su rigurosidad trabajando. Por encima de todo aprendí de sus valores humanos. Generosidad, humildad y sinceridad.
Así era Il Maestro, así son sus fotos.
Carlo Borlenghi, una vida detrás del objetivo
Carlo Borlenghi (Bellano, 1956-2026) fue uno de los grandes fotógrafos de vela de las últimas décadas. Nacido a orillas del lago de Como, comenzó retratando regatas locales antes de que su colaboración con Uomo Mare Vogue le abriera las puertas del circuito internacional. En 1983 cubrió su primera America’s Cup con el desafío italiano Azzurra y, desde entonces, siguió campañas históricas como Italia, Il Moro di Venezia, Luna Rossa y Alinghi, hasta convertirse también en fotógrafo oficial de la propia Copa América. Su cámara estuvo presente igualmente en la Whitbread y la Volvo Ocean Race, las grandes regatas Rolex y numerosas aventuras oceánicas.
En 1989 creó la agencia Sea&See, especializada en fotografía náutica, que en 2004 pasó a formar parte del Grupo Mediatree. Su trayectoria fue reconocida con premios como el Omega Award y el Grand Prix de l’Image Course au Large. En 2007, el presidente de la República Italiana, Giorgio Napolitano, distinguió su contribución al mundo de la vela. Durante más de cuatro décadas, Borlenghi construyó un archivo de millones de imágenes y una forma inconfundible de retratar el mar, los barcos y a sus protagonistas, un legado que tendrá continuidad a través de Studio Borlenghi y del equipo de fotógrafos que formó a lo largo de su carrera. Falleció el 3 de agosto de 2026 en Bellano, a los 70 años.



