Andrzej Bargiel volvió a mover la frontera del esquí de alta montaña. El alpinista y esquiador extremo polaco completó el primer descenso continuo en esquís del Nanga Parbat, de 8.126 metros, desde la cima hasta el final de la nieve esquiable, sin utilizar oxígeno suplementario en ningún momento. La actividad, realizada en la cara Diamir del Himalaya pakistaní, cerró una operación de 2 días y 9 horas entre el campamento base, la cumbre y el regreso a la parte baja de la montaña.

No era una montaña más en su historial de ochomiles. El Nanga Parbat tiene una leyenda propia, dura y trágica, vinculada al himalayismo clásico y al nombre de Reinhold Messner desde la ascensión de 1970 por la cara Rupal. Pero la línea de Bargiel se jugó en la cara Diamir, por una ruta donde los seracs, las travesías y la lectura constante del terreno habían convertido el descenso integral en esquís en una pregunta sin respuesta.
Una línea para leer la montaña mientras se baja
El propio Bargiel resumió la clave de la expedición en una idea sencilla, pero decisiva en una montaña así. “Sabía que el éxito dependía del momento adecuado y de las condiciones adecuadas en la montaña”, explicó tras completar la expedición. En el Nanga Parbat, esa frase no suena a prudencia protocolaria, sino a la clave de todo el proyecto. En una montaña así, no basta con ser fuerte. Hay que esperar, leer, decidir y no equivocarse.

(Copyright/Bartłomiej Pawlikowski/Red Bull Content Pool)
El proyecto formaba parte de la expedición Hic Sunt Leones – Nanga Parbat Ski Challenge 2026. La expresión latina significa “aquí hay leones” y se utilizaba antiguamente en los mapas para señalar territorios desconocidos. En este caso, la frase tenía sentido literal y simbólico. Bargiel no solo debía subir un ochomil sin oxígeno. Tenía que encontrar una continuidad esquiable allí donde otras tentativas se habían roto.
Sin utilizar oxigeno
El polaco inició el proceso de aclimatación durante la segunda quincena de junio. Antes del intento definitivo, evaluó la nieve, la meteorología y la viabilidad de los pasos altos de la ruta. El 28 de junio, a las 6.00 horas, salió del campamento base, situado a 4.200 metros, sin oxígeno embotellado. Durante la ascensión durmió en el campamento II, a 6.200 metros, y en el campamento III, a 6.850 metros, antes de afrontar el tramo final hacia la cima.

Alcanzó la cumbre del Nanga Parbat, a 8.126 metros, y permaneció allí 45 minutos. Ese detalle resume la naturaleza del reto. En esta montaña, la cima no era el final, sino el lugar donde empezaba la parte más delicada del proyecto. Bargiel debía cambiar el modo alpinista por el modo esquiador, con la fatiga acumulada, la falta de oxígeno y una línea muy exigente por delante.
Dos horas en la zona de la muerte
El descenso se realizó por la ruta Messner, con paso por una zona de seracs que históricamente había obligado a otros esquiadores y alpinistas a quitarse los esquís. Bargiel buscó la continuidad con una lectura permanente de la montaña. No era una pista trazada ni una canal evidente de principio a fin. Era un descenso vivo, con decisiones encadenadas, nieve cambiante y exposición objetiva.
Janusz Gołąb, apoyo deportivo de la expedición, lo resumió con una frase contundente. “En el Nanga Parbat no hay lugar para el azar”. Y quizá esa sea la mejor manera de entender la dificultad real de la actividad. No se trataba de bajar rápido, sino de bajar entero, con los esquís puestos, sin oxígeno y sin romper la línea.
Bargiel pasó alrededor de dos horas por encima de los 7.900-8.000 metros, dentro de la llamada zona de la muerte, donde la falta de oxígeno reduce la capacidad de reacción y convierte cualquier error en una amenaza inmediata. Completó el descenso esquiando el 30 de junio, a las 15.00 horas, por debajo del campamento I, a unos 4.400 metros, en el punto donde terminaba la nieve continua.
Ese matiz es esencial. No se trató únicamente de bajar con esquís una parte del Nanga Parbat, sino de enlazar la cima con el límite inferior de la nieve esquiable en una sola línea continua, sin oxígeno suplementario y sin desmontar el sentido deportivo del descenso.

(Copyright/Bartłomiej Pawlikowski/Red Bull Content Pool)
El Nanga Parbat como pieza de una década
El Nanga Parbat era una montaña pendiente en el mapa personal de Bargiel. Su trayectoria en Pakistán comenzó en 2015 con el Broad Peak y explotó definitivamente en 2018, cuando se convirtió en la primera persona en descender el K2 con esquís. Después llegaron los Gasherbrum I y II, y más tarde el Everest, donde en 2025 firmó el primer descenso desde la cima hasta el campo base sin oxígeno suplementario.
Con el Nanga Parbat, el polaco completa una secuencia única en el esquí de altitud moderno. Ya no hablamos solo de descender ochomiles con esquís, sino de hacerlo con una ética muy precisa, sin oxígeno embotellado y buscando líneas completas. En el Himalaya y el Karakórum, esa diferencia no es un detalle técnico. Es la frontera entre una gran actividad y una página nueva en la historia del himalayismo.
El estilo de Bargiel se ha construido desde la paciencia y la precisión. No es un esquiador que llega para improvisar una imagen. Estudia la montaña, espera la ventana adecuada y asume que el éxito depende tanto de la fuerza física como de la capacidad para renunciar si la línea no se deja leer. En el Nanga Parbat, el momento llegó el 30 de junio.
Un descenso que no admite atajos
El Nanga Parbat ha sido durante décadas una montaña de relatos extremos. Sus caras, su aislamiento y su historial de tragedias han alimentado una reputación temida incluso dentro del pequeño mundo de los ochomiles. Bargiel llegó allí con un proyecto de una década en la mochila y salió con una línea que nadie había conseguido conectar de forma continua.
En la época de las grandes cifras, su logro se entiende mejor desde una idea más sencilla. Subió sin oxígeno. Esperó. Leyó la montaña. Se calzó los esquís en la cima. Y bajó hasta donde la nieve dejó de existir.
Los ochomiles esquiados por Andrzej Bargiel
Primera gran incursión de Bargiel en el Himalaya dentro de su proyecto Hic Sunt Leones. Ascendió el pico central y descendió con esquís hasta la base.
Subió y bajó la montaña en una actividad de velocidad, con descenso en esquís y récord en el recorrido base-cima-base.
Primer gran hito en Pakistán. Alcanzó la cima y firmó el primer descenso con esquís hasta el campamento base.
Se convirtió en la primera persona en descender con esquís desde la cima del K2, una línea considerada durante años casi imposible.
Ascendió y descendió con esquís este ochomil del Karakórum dentro de la expedición Gasherbrum Ski Challenge.
Pocos días después del Gasherbrum II, completó otro descenso con esquís en el Karakórum, también sin oxígeno suplementario.
Firmó el primer descenso desde la cima hasta el campo base sin oxígeno suplementario.
Completó el primer descenso continuo en esquís desde la cima hasta el final de la nieve esquiable, sin oxígeno suplementario.



