Guillaume Pierrel (1983-2026), guía de alta montaña francés y una de las figuras más reconocidas del esquí extremo, falleció tras ser alcanzado por una avalancha de hielo y roca en el Kapura Peak, de 6.544 metros, en el Karakórum pakistaní. El accidente se produjo el miércoles 24 de junio mientras el alpinista ascendía y esquiaba en la zona junto a Christina Lustenberger y Boris Langenstein, que resultaron ilesos.
Las primeras informaciones situaron el accidente en el K6, también conocido como Baltistan Peak, de 7.282 metros. Sin embargo, una actualización atribuida a Ali Saltoro, de Alpine Adventure Guides, y difundida por Kris Annapurna, precisa que el grupo se encontraba en el Kapura Peak realizando una actividad de aclimatación. La montaña está muy cerca del K6, cumbre para la que la expedición tenía permiso y que el equipo pensaba ascender y esquiar posteriormente.
La avalancha se produjo durante la aclimatación
Según esas informaciones, la avalancha alcanzó al grupo durante la actividad de aclimatación, a una altitud aproximada de 5.000 metros. Pierrel falleció a consecuencia del impacto, mientras que Lustenberger y Langenstein pudieron comunicar lo ocurrido por vía satelital. Tras recibir el aviso, se activó un operativo local de recuperación con participación de policía y voluntarios de la zona.
Una expedición con el K6 como objetivo
La expedición había comenzado el 6 de junio y se desarrollaba en el área del valle de Nangma, dentro de la región de Gilgit-Baltistán. El entorno del K6 y el Kapura Peak forma parte de las montañas Masherbrum, una subcordillera del Karakórum marcada por la altitud, el aislamiento, la complejidad técnica y la exposición a avalanchas de nieve, hielo y roca.
El objetivo principal del equipo era el K6, una montaña de 7.282 metros considerada muy técnica y exigente. Pierrel, Lustenberger y Langenstein se encontraban aclimatando en el Kapura Peak antes de intentar ascender y esquiar la montaña para la que tenían permiso.
Un guía de Chamonix marcado por el esquí extremo
Pierrel, conocido en el ambiente de montaña como “Gee”, tenía 40 años y estaba establecido en Chamonix, uno de los grandes centros mundiales del alpinismo, el esquí extremo y el freeride. Guía de alta montaña IFMGA, combinaba su trabajo profesional con proyectos personales de gran compromiso, siempre en la frontera entre el alpinismo ligero, la exploración y el descenso con esquís en líneas de máxima exposición.
Su nombre estaba asociado a algunas de las realizaciones más destacadas del esquí de montaña extremo de los últimos años. En 2021 participó en el descenso con esquís del Gasherbrum II, de 8.035 metros, junto a Tiphaine Dupérier, Boris Langenstein y Aurélia Lanoë. Aquel proyecto, realizado sin oxígeno y sin porteadores de altura, unió una ascensión de alto compromiso con un descenso que conectaba la historia del alpinismo francés en el Karakórum con una nueva generación de esquiadores-alpinistas.
Del Gasherbrum II al monte Robson
En 2025 firmó junto a Christina Lustenberger el primer descenso con esquís del monte Robson, en las Montañas Rocosas canadienses, una línea monumental de casi 3.000 metros de desnivel que reforzó su prestigio internacional. También había abierto o repetido descensos de enorme dificultad en los Alpes, entre ellos líneas en la cara norte del Dru, el Linceul de las Grandes Jorasses y la cara norte de los Grands Charmoz.
Entre sus logros también figuraban el ascenso al Cho Polu, de 6.700 metros, en Nepal, y una actividad alpina de enorme densidad. Pierrel había completado los 82 picos de más de 4.000 metros de los Alpes y las tres grandes caras norte alpinas en menos de seis meses, una muestra de su capacidad para moverse con solvencia en terrenos muy distintos y siempre de alto compromiso.
Una forma personal de entender la montaña
Más allá de las grandes cifras, Pierrel representaba una forma muy personal de entender la montaña. No buscaba únicamente la dificultad técnica, sino también la historia de cada línea, la memoria de quienes la habían imaginado antes y la dimensión cultural del alpinismo. Sus proyectos combinaban ambición, lectura del terreno y respeto por una tradición de montaña en constante transformación.
Pierrel formaba parte de una generación de guías y esquiadores capaces de llevar el esquí de pendiente extrema a montañas remotas sin perder la conciencia del riesgo. Sus descensos no eran simples gestos deportivos. Exigían leer la montaña durante días o semanas, esperar condiciones muy concretas de nieve, acertar con la meteorología y asumir que, incluso con la mejor preparación, el margen de error en este tipo de terreno es mínimo.
Cineasta, guía y compañero de cordada
También fue cineasta y fundador de GEE Films Productions, desde donde documentó expediciones y proyectos de esquí extremo con una mirada cercana al terreno y a sus protagonistas. En sus trabajos audiovisuales aparecía una idea constante: la montaña como espacio de exploración, pero también como lugar de amistad, transmisión y memoria.
Su figura trascendía el resultado deportivo de sus expediciones. Quienes compartieron montaña con él destacaban su entusiasmo, su mirada creativa y una forma de estar en la montaña marcada por la curiosidad, la energía y la capacidad de compartir proyectos de gran exigencia con naturalidad.
La despedida de Aymar Navarro
La noticia de su muerte ha causado una profunda conmoción en la comunidad internacional del alpinismo y el esquí extremo de montaña. Uno de los mensajes más sentidos llegó desde el entorno más cercano del esquí extremo. Aymar Navarro, uno de los grandes referentes del freeride y el esquí extremo en España, despidió a Pierrel con unas palabras cargadas de emoción.
“Hasta siempre, Gee. Hasta siempre, amigo”, escribió el esquiador aranés, todavía impactado por la noticia. Navarro recordó las actividades compartidas, las conversaciones, las ideas y los proyectos que ambos tenían pendientes. “Teníamos grandes planes que ya no vamos a poder cumplir juntos, pero te prometo que retomaré cada uno de ellos y te los dedicaré, amigo”, añadió.
Su mensaje resumía también la contradicción más dura de la alta montaña. “Es duro que la montaña nos dé lo mejor de nosotros y, al mismo tiempo, nos desgarre de esta manera. Cuídanos allá donde estés, amigo”.



