Hay destinos de montaña que siguen leyendo su calendario en clave estacional. Panticosa quiere ir en otra dirección. El Gran Hotel del Balneario de Panticosa permanecerá abierto de forma ininterrumpida durante todo el año, un paso que refuerza la idea de continuidad en uno de los enclaves más singulares del Pirineo aragonés. La decisión no solo consolida la actividad del histórico edificio, sino que da más solidez a un complejo que combina patrimonio, bienestar, paisaje y ahora también una propuesta gastronómica con ambición propia.

Situado en el Valle de Tena, a 1.636 metros de altitud y rodeado por un circo glaciar con cumbres que superan los 3.000 metros, el Balneario de Panticosa sigue siendo uno de esos lugares donde el entorno pesa tanto como la estancia. En ese contexto se entiende el movimiento del Gran Hotel, que refuerza su apertura continua para dejar de ser solo una referencia ligada a determinados momentos del año y ganar recorrido como destino de escapada en cualquier estación.
Inaugurado en 1895, el Gran Hotel forma parte del patrimonio histórico del balneario y ha sido distinguido recientemente con la categoría de Hotel Monumento por la Dirección General de Turismo y Hostelería del Gobierno de Aragón. La nota recuerda que se trata de un reconocimiento reservado a solo tres establecimientos en toda la comunidad, una distinción que subraya tanto su relevancia arquitectónica como su valor cultural e histórico. El edificio conserva además su fachada original y mantiene esa imagen clásica que lo ha convertido en una pieza reconocible del termalismo español.

El peso del edificio y la dimensión termal
Más allá del valor simbólico del inmueble, el Gran Hotel sigue funcionando como uno de los ejes del complejo. El Espacio Termal del Gran Hotel es una de las piezas más valiosas de la experiencia de bienestar en Panticosa. Pensado para la relajación y el descanso, ofrece tratamientos y experiencias en un entorno de carácter exclusivo. La dimensión termal sigue siendo, de hecho, uno de los rasgos que mejor definen al destino y uno de sus principales elementos diferenciales dentro del turismo de montaña.
El complejo dispone también de otro hotel de cuatro estrellas, el Hotel Continental, de líneas contemporáneas y sello arquitectónico de Rafael Moneo, y reúne además varios espacios termales, entre ellos el Balneario Termolúdico, Termas de Tiberio y el Centro Termomedicinal Balneario del Quiñón. El conjunto dibuja una oferta amplia, concebida más para una escapada completa que para una simple estancia hotelera.

El Lago, una mesa de autor dentro del Balneario
La otra novedad relevante llega desde la gastronomía. El Restaurante El Lago reabre al público los viernes y sábados con un menú degustación firmado por Rubén Pertusa, que se incorporó en abril de 2025 como chef ejecutivo del complejo para renovar la propuesta culinaria y reforzar su enfoque saludable. Su cocina de autor, apoyada en el producto, la creatividad y la técnica, se perfila como uno de los grandes alicientes de la experiencia en el Balneario de Panticosa.
La propuesta gastronómica integrada en el complejo del Balneario se presenta como una opción pensada para redondear la escapada con calma, producto y paisaje. El restaurante se ubica en un enclave privilegiado, con vistas al Ibón de Baños, y ese factor paisajístico refuerza una experiencia culinaria que busca apoyarse tanto en la mesa como en el escenario natural que la rodea.
Destino que quiere vivirse los doce meses
La apertura continua del Gran Hotel y la reactivación gastronómica de El Lago encajan dentro de una estrategia más amplia. El Balneario de Panticosa quiere reforzar su posicionamiento como destino de referencia donde patrimonio, bienestar, gastronomía y naturaleza se integran en una misma propuesta. Y lo hace desde una localización que en invierno conecta con la cercanía de las estaciones de Aramón Formigal y Aramón Panticosa, mientras que en verano se proyecta como base para bicicleta de montaña, senderismo o escalada de alta montaña.
En un momento en que muchos destinos compiten por sumar experiencias de forma algo forzada, Panticosa parece optar por una fórmula más coherente. Dar continuidad a lo que ya lo hace singular. Un gran edificio histórico abierto todo el año, una dimensión termal con peso real y una mesa de autor que añade valor al conjunto sin desviar el foco de lo esencial, el lugar.
Menú degustación de El Lago
Precio 65 euros.
La propuesta diseñada por el chef Rubén Pertusa se articula en un recorrido que arranca con surtido de tres panes de masa madre, AOVE Picual Molino Olivas Bolea y mantequilla artesanal.
El menú continúa con puerro cítrico con salsa holandesa, foie mi cuit caramelizado con esturión Nacarii y manzana asada, y trucha Imperial con jugo tostado de sus espinas y salsa de cava.
En la parte final aparecen lomo de ciervo asado con castañas, lemon pie y crema de arroz con leche, en una secuencia que refuerza el perfil de cocina de autor del restaurante El Lago.



