Lucas Pinheiro Braathen, primer brasileño y primer sudamericano en ganar un título olímpico en esquí alpino, firmó el oro del gigante en Bormio y escribió una página inédita para Brasil en los Juegos de Invierno. En clave pirenaica, Joan Verdú cumplió con una décima posición en la pista Stelvio, a solo una centésima del noveno y a 2,29 del campeón, pero que a buen seguro no dejó satisfecho al andorrano, ya que su objetivo era meterse en el podio.
La final del gigante masculino se disputó bajo un tiempo cambiante, con mezcla de nieve y lluvia y visibilidad reducida en varios tramos. En ese contexto, Braathen administró con cabeza la renta que había construido por la mañana. Su primera manga fue un golpe encima de la mesa, con 1:13.92 y una ventaja enorme sobre el resto, 0.95 sobre el suizo Marco Odermatt y 1.57 sobre Loïc Meillard, los dos hombres que acabarían completando el podio.
La Stelvio se aprieta y aparece el juego de la segunda manga
Bajo unos copos cada vez más abundantes que fueron cubriendo la Stelvio y reduciendo la visibilidad, la segunda manga se convirtió en un ejercicio de equilibrio entre ataque y supervivencia. Ahí emergió durante muchos minutos el austríaco Marco Schwarz, que venía muy atrás tras la primera bajada, pero encontró ritmo para marcar un acumulado de 2:27.28 y sentarse en el sillón del líder provisional mientras iban cayendo dorsales.
La dinámica cambió con el noruego Atle Lie McGrath, que venía octavo en la primera manga y acabó quinto, y también con el empuje del francés Léo Anguenot. El galo, tercero semanas atrás en Adelboden, se quedó a las puertas de firmar parciales en verde cuando más contaba y perdió una posición respecto a la primera manga, cerrando sexto a 1,99 del campeón.
En la segunda bajada, con el orden invertido y una pista cada vez más delicada, Odermatt apretó para ponerse líder provisional y asegurar medalla, mientras Meillard consolidaba su tercera plaza. Braathen no necesitó una manga perfecta, pero sí una bajada inteligente. Cerró con 2:25.00, 0.58 mejor que Odermatt y 1.17 por delante de Meillard, para entregar a Brasil la primera medalla olímpica de invierno de su historia y además en forma de oro.
Verdú supo leer el día. Sin ruido y sin errores graves, fue creciendo desde una primera manga en la que ya se mantuvo cerca de los mejores, para rematar con un segundo parcial competitivo que lo dejó décimo con 2:27.29. Un top 10 olímpico de enorme valor para el esquí alpino andorrano en un gigante dominado por el bloque suizo y por un campeón que compitió con el foco mundial encima. Verdú no falló, pero el resultado le supo a poco.
Cambio de bandera y orden de apellidos
El oro de Bormio también tiene una historia personal y deportiva detrás. Lucas Braathen Pinheiro, nacido y formado en Noruega, decidió competir por Brasil, la nacionalidad de su madre, después de un pulso con el entorno federativo noruego por la gestión de sus derechos comerciales y la libertad para trabajar con patrocinadores propios. El conflicto estalló en 2023, tras ganar la Copa del Mundo de eslalon, y desembocó en un parón que lo dejó un año fuera del circuito antes de anunciar su regreso ya como brasileño en la temporada 2024-2025. A partir de ese momento, invirtió el orden de sus apellidos y pasó a poner por delante el de su madre, Pinheiro. Fue gesto simbólico con el que reforzó públicamente el vínculo con Brasil y la decisión de competir bajo esa bandera.
Lucas Pinheiro Braathen: “Seguir mi corazón me trajo hasta el oro”
Tras conquistar el título olímpico, Lucas Pinheiro Braathen explicó su victoria como la consecuencia lógica de un camino propio, a contracorriente, en el que priorizó la intuición y la identidad por encima de la etiqueta del resultado. “Ha sido un camino bastante poco convencional. Pero ha sido el mío”, resumió, antes de insistir en que su definición de éxito no dependía de una medalla, sino de ser fiel a lo que sentía. “Da igual si hoy hubiera sido primero, segundo, tercero o cuarto. Si lo sintiera en el corazón, habría sido mi definición de éxito”, afirmó, convencido de que esa coherencia personal era también una forma de rendimiento.
Braathen confesó que llevaba mucho tiempo imaginando un día así y que esa certeza íntima lo empujó a creer que podía ganar si se entregaba del todo a su decisión. “Soñé con esto durante tanto tiempo, que sabía que si seguía mi corazón al máximo, podía acabar arriba. Y por eso hoy soy campeón olímpico”, dijo. En el escenario más grande, aseguró sentirse en su sitio. “Es el mayor escenario en el que puedo poner un pie. Pero estoy hecho para este escenario”, remarcó, reivindicando también el sentido competitivo de su proyecto con Brasil. “Brasil no está aquí para participar, estamos aquí para marcar la diferencia. Ese era mi objetivo”.
Y cerró con una idea que va más allá del deporte, con la ambición de que este oro sirva de espejo para otros. “Espero poder inspirar a algunos niños para que, independientemente de lo que lleven puesto, de cómo se vean o de dónde vengan, puedan seguir sus propios sueños y ser quienes realmente son”.
Top 10 gigante masculino JJ.OO. Milán Cortina
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