María Petit volvio a demostrar que muchas de las barreras que todavía existen en el deporte pueden desplazarse unos metros más allá. La atleta del Salomon Para Team se convirtió este sábado en la primera persona con ceguera total que completa Sierre-Zinal, una de las carreras de montaña más emblemáticas del mundo y considerada la decana de este tipo de pruebas en Europa, cuya primera edición se disputó en 1974.
No fue simplemente terminar una carrera. Sierre-Zinal exige remontar desde el fondo del valle del Valais hasta alcanzar los 2.424 metros de Nava, atravesar senderos de montaña y afrontar después un rápido descenso hacia Zinal. Un terreno donde anticipar cada piedra, cambio de pendiente o irregularidad forma parte del propio gesto de correr. Para Petit, toda esa información llega a través de sus guías y de una coordinación construida durante años.

Tres corredores que funcionan como uno
Petit afrontó el recorrido con Elisa Mas situada delante y Pau Moreno completando el equipo de apoyo. La propia atleta resume con pocas palabras la relación que existe entre ellos. “Somos un equipazo”. La afirmación adquiere todo su significado cuando se observa cómo compiten. Los tres deben sincronizar ritmo, trazada y movimientos mientras avanzan por senderos donde cualquier pequeña descoordinación puede provocar una caída.
Para facilitar esa conexión, Petit utiliza además unas barras direccionales diseñadas específicamente para ella en el laboratorio de innovación de Salomon en Annecy. El sistema crea una referencia física entre atleta y guía y permite transmitir con mayor precisión los movimientos necesarios durante la carrera. Sierre-Zinal presentaba, en ese sentido, unas características que sorprendieron positivamente a la corredora. “Ha sido una carrera muy chula y muy apta para correr con la barra direccional y una persona ciega, porque no ha sido excesivamente técnica. Al ser más un desgaste físico que técnico, para mí ha sido bastante relajada en ese sentido. La verdad es que me ha sorprendido”, explicó después de alcanzar la meta.

Una caída convirtió el descenso en el momento más difícil
Petit se encontró fuerte durante buena parte de la carrera. Las primeras dificultades importantes aparecieron alrededor del kilómetro 20, cuando comenzó a sufrir rampas después de varias horas acumulando desnivel. El momento más delicado todavía estaba por llegar. Entre los kilómetros 25 y 26, ya dentro de la parte final del recorrido, sufrió una caída y la barra direccional principal se rompió. El equipo tuvo que recurrir entonces a una segunda barra que todavía se encuentra en fase de prototipo y con la que Petit reconoce no tener el mismo nivel de confianza. La dificultad dejó de ser únicamente física. “Ha sido una bajada bastante dura a nivel físico y, sobre todo, a nivel mental para mí, porque tenía miedo. Ha sido una bajada que creo que no olvidaré nunca”, reconoció.
A pesar del contratiempo, los tres continuaron hacia Zinal y consiguieron cerrar el recorrido en 5:49:21, un registro que incluso superó las expectativas iniciales de la organización. “Al final hemos conseguido un muy buen tiempo, mejor de lo que esperaba la organización. Estoy contenta porque creo que he podido demostrar a los organizadores que mi reto era posible y la verdad es que todos me han felicitado”.

Sierre-Zinal toma nota para avanzar hacia una carrera más inclusiva
La presencia de María Petit tuvo además consecuencias que van más allá de su resultado individual. La organización de Sierre-Zinal aprovechó su participación para analizar diferentes aspectos de la carrera con el objetivo de seguir avanzando hacia una prueba más inclusiva. Ese puede acabar siendo uno de los legados más importantes de su participación. Demostrar que una persona con ceguera total puede completar un recorrido de estas características permite cuestionar algunos límites asumidos hasta ahora y, al mismo tiempo, obliga a estudiar qué herramientas, protocolos o adaptaciones pueden facilitar el acceso de otros deportistas.
La experiencia encaja con la trayectoria reciente de Petit dentro del deporte adaptado. La atleta ya ha completado pruebas como la Transgrancanaria y la MCC del UTMB Mont-Blanc, competiciones donde la dificultad del terreno exige una coordinación constante con sus guías. Este mismo verano añadió otro desafío especialmente simbólico a su trayectoria al convertirse en la primera atleta invidente en ascender al Teide partiendo desde el nivel del mar.

El siguiente reto espera en Courmayeur
Sierre-Zinal no será el último gran objetivo de la temporada. A finales de agosto, Petit regresará al entorno del Mont Blanc para participar en la Expérience Trail Courmayeur, la ETC del UTMB 2026, una carrera de 15 kilómetros y 1.200 metros de desnivel positivo. Será otro escenario, otra montaña y una nueva combinación de dificultades. No obstante, Sierre-Zinal ya queda incorporada a su trayectoria con un significado especial.



