Milán encendió los focos en San Siro y, a la vez, Cortina d’Ampezzo respondió desde la montaña. Los Juegos Olímpicos de Invierno de Milán Cortina 2026 nacieron con un estreno a dos latidos, urbano y alpino, pensado para un evento que se disputa en un territorio amplio y con sedes repartidas. La imagen que lo explica todo fue el gesto más simbólico de la noche dos pebeteros encendidos de forma simultánea, uno en Milán y otro en Cortina, como si el mismo fuego aprendiera a vivir en dos hogares sin perder la identidad.

El modelo que aquí no cuajó
El formato, además, tiene una lectura cercana para quienes siguieron la candidatura Barcelona Pirineos. Aquella idea de conectar gran ciudad y territorio de nieve se diseñó sobre el papel para Barcelona, pero la falta de entendimiento político acabó por dinamitar el proyecto. Italia, en cambio, lo ha convertido en realidad televisiva y ceremonial, con una apertura que aceptó la geografía como guion y la convirtió en relato.

San Siro pone la música y Cortina sostiene la montaña
En San Siro mandó el gran plano. Mariah Carey puso brillo internacional con una interpretación de un clásico italiano, mientras Andrea Bocelli y Laura Pausini formaron parte del cartel artístico de una noche que buscó emoción popular y sello local. Al mismo tiempo, Cortina sostuvo la otra mitad del espejo. Allí, la ceremonia tuvo el valor de no quedar como decorado secundario y reivindicó el paisaje que, en unos Juegos de Invierno, no es un fondo, sino el argumento.
El desfile también mide las potencias
En el desfile, el tamaño de las delegaciones también dibujó jerarquías y contrastes. Estados Unidos presentó la delegación más numerosa con 235 atletas, por delante de Canadá con 211 y de Italia con 195, la anfitriona que jugaba en casa y multiplicó presencia y símbolos. Y en el otro extremo se vio el reverso olímpico. Benín desfiló con un solo deportista y Guinea-Bisáu también con un único representante, dos presencias mínimas que, precisamente por eso, hicieron más elocuente la idea de igualdad sobre la que se sostienen los Juegos.
En medio de esa escala de números apareció una historia con aroma de giro vital. Brasil desfiló con Lucas Pinheiro como abanderado, un esquiador alpino que sueña con abrir una puerta inédita para su país. Puede pelear por la primera medalla olímpica de Brasil en esquí alpino, especialmente en las disciplinas técnicas. Pinheiro, de padre noruego y madre brasileña, se formó en el ecosistema escandinavo y llegó a competir al máximo nivel con ese entorno como escuela. Sin embargo, desavenencias con su federación por cuestiones publicitarias, tras proclamarse campeón de laa Copa del Mundo de eslalon, precipitaron el cambio de rumbo. Con la doble nacionalidad en la mano, eligió abrazar el país de su madre y convertir su carrera en un proyecto con bandera verde y amarilla, una apuesta que en Milano Cortina se exhibe, ya desde el desfile, como declaración de intenciones.

Pirineo en escena, Verdú y una España récord
En clave pirenaica, la delegación andorrana llegó con un objetivo claro. Joan Verdú es el nombre que concentra la expectativa del Principado en el gigante alpino. Andorra sigue persiguiendo su primera medalla olímpica de invierno y Verdú, por nivel y madurez competitiva, representa la opción más realista para soñar en grande. En el desfile, el equipo andorrano exhibió orgullo de país pequeño y ambición de país que ya compite sin complejos.
Oriol Cardona, aspirante a medalla
España, por su parte, aterriza en Milán Cortina con una delegación histórica de 20 deportistas, la más numerosa que ha llevado a unos Juegos de Invierno, igualando el récord de otras ediciones. Más allá del número, la sensación es de bloque compacto. Una selección más equilibrada, con presencia en disciplinas de nieve y de hielo y con varios nombres capaces de firmar actuaciones destacadas. Hay experiencia, hay juventud y, sobre todo, hay un punto de ambición que ya no se esconde. En el debut del esquí de montaña, una disciplina donde Catalunya ha sido potencia durante décadas mucho antes de su entrada en el programa olímpico, España llega con opciones reales de podio e incluso de oro en el esprint gracias a Oriol Cardona, actual campeón de la Copa del Mundo de la modalidad.
Cardona también aspira a subir al podio en los relevos mixtos, aunque ahí el resultado dependerá en buena medida del estado físico de la granadina Ana Alonso, que vuelve a competir tras un grave accidente y llega entre la prudencia médica y la ambición deportiva de quien sabe que esta prueba no permite medias tintas.
La herencia de Kilin Jornet
A su alrededor pesa una herencia que explica por qué el país aterriza con ambición en esta nueva prueba. Kilian Jornet, gran referente y símbolo de toda una generación, puso el esquí de montaña en el mapa internacional cuando aún no era olímpico y ayudó a construir una cultura competitiva que ahora se traduce en candidatos reales a medalla. Si Cardona se colgara el oro, se instalaría en el olimpo junto a Paco Fernández Ochoa, vencedor del eslalon en Sapporo 1972 y, hasta hoy, único español con una medalla olímpica de ese color en unos Juegos de Invierno.
Así arrancan estos Juegos. Dos ciudades, dos escenarios, un mismo relato. Y una conclusión inevitable para el espectador de aquí. Lo que en España se quedó en intento por la política, Italia lo ha transformado en puesta en escena y en mensaje. En Milán Cortina la distancia no separa, suma. Y el fuego olímpico, esta vez, lo deja claro desde el primer minuto.



