Navegar la Patagonia chilena en patín a vela,

Patagonia en patín a vela: una aventura mínima, sin motor ni timón, en un territorio inmenso

Reportaje

Aventura austral

Dídac Costa y Guillermo Cañardo completan la primera etapa de una travesía de 2.200 kilómetros entre Puerto Montt y Puerto Williams, navegando en dos patines a vela sin motor, sin timón y sin orza por los canales australes de Chile

Dídac Costa y Guillermo Cañardo
Dídac Costa y Guillermo Cañardo navegaron por los canales de la Patagonia chilena en dos patines a vela sin motor ni timón. (Copyright/Team)

Hay aventuras que no se entienden solo por la distancia recorrida, sino por la fragilidad del medio con el que se afrontan. Dos patines a vela, sin motor, sin timón y sin orza, avanzando por los canales de la Patagonia chilena resumen mejor que cualquier cifra el sentido de Patagonia en Patín a Vela, la expedición con la que Dídac Costa y Guillermo Cañardo llevaron una embarcación nacida en el litoral catalán hasta uno de los territorios marítimos más remotos y exigentes del planeta. Sin cabina para resguardarse de la lluvia, el frío o el viento, y sin timón al que confiar la corrección del rumbo. Solo el viento, la vela, el equilibrio del cuerpo y la lectura constante de un territorio remoto, cambiante y poco dispuesto a conceder facilidades.

Guillermo Cañardo, en primer término, y Dídac Costa
Guillermo Cañardo, en primer término, y Dídac Costa durante la expedición en patín a vela por la Patagonia chilena, en la desembocadura del río San Tadeo.
(Copyright/GC)

La primera etapa de la travesía terminó en Caleta Tortel después de 51 días de expedición, 37 jornadas de navegación y 617 millas náuticas recorridas desde Puerto Montt. El proyecto inicial contemplaba unir Puerto Montt con Puerto Williams en una ruta de más de 1.500 millas náuticas, unos 2.200 kilómetros, pero las exigencias administrativas, el retraso en la salida y la llegada del otoño austral obligaron a dividir la aventura en dos fases.

Dídac Costa, único catalán que ha completado la Vendée Globe en solitario, sin escalas ni asistencia, y además por dos veces, cambiaba aquí el gran océano por una navegación aparentemente más pequeña, aunque no menos exigente. A su lado, Guillermo Cañardo, navegante y promotor del patín a vela, aportaba el conocimiento de una embarcación radicalmente simple, gobernada solo con el cuerpo, la vela y la lectura constante del viento. Juntos querían demostrar que todavía es posible explorar uno de los rincones más salvajes del planeta desde una idea muy pura de la navegación.

Golfo de Penas
Los patines a vela navegando en el golfo de Penas, uno de los pasos más expuestos de la Patagonia chilena, marcado por temporales violentos, mar gruesa y fuertes corrientes del oeste. (Copyright/Didac Costa)

Una expedición que tuvo que cambiar antes de empezar

El proyecto nació con una ambición clara. Llevar el patín catalán hasta la Patagonia chilena y completar una travesía entre Puerto Montt y Puerto Williams, en el extremo sur del continente. La ruta prevista obligaba a atravesar un laberinto de canales, fiordos, montañas, glaciares y pasos interiores donde la meteorología condiciona cada decisión.

La expedición llegó a Puerto Montt el 29 de diciembre, con la intención de iniciar desde allí la navegación. Sin embargo, durante los trámites previos al despacho, la Autoridad Marítima chilena exigió contar con una embarcación de apoyo durante toda la travesía. Según la expedición, ese requisito no había sido solicitado durante el proceso administrativo desarrollado a lo largo del año anterior.

Navegación patagonia chilena
Los dos patines a vela navegaron entre las grandes extensiones de hielo continental de la Patagonia chilena, donde fiordos y canales australes permiten avanzar cerca de icebergs y frentes glaciares.(Copyright/Didac Costa)

Aquella exigencia alteró por completo la planificación. Durante semanas, el equipo mantuvo reuniones y gestiones para analizar alternativas, pero disponer de una embarcación de apoyo con tan poco margen resultaba logísticamente muy complejo. La salida, prevista inicialmente para finales de diciembre, se retrasó aproximadamente un mes. Finalmente, la expedición pudo comenzar a navegar el 31 de enero desde Puerto Montt, aunque con el proyecto reajustado. Ya no se trataba de completar de una sola vez toda la ruta hasta Puerto Williams, sino de realizar una primera etapa autónoma, validar el sistema de navegación y dejar la continuación para el siguiente verano austral.

La Patagonia impone su propio ritmo

Durante 51 días, Costa y Cañardo navegaron por uno de los escenarios más exigentes del hemisferio sur. La primera etapa terminó el 22 de marzo en Caleta Tortel, después de recorrer aproximadamente 1.140 kilómetros, equivalentes a 617 millas náuticas. Fueron 37 jornadas efectivas de navegación y cerca de 250 horas en el mar, siempre en embarcaciones pequeñas, abiertas y sin propulsión mecánica.

Guillermo Cañardo y Dídac Costa navegando Patagonia
Los patines a vela en aguas de San Rafael, uno de los enclaves más emblemáticos de la Patagonia chilena, al que accedieron navegando a vela por el río Témpanos. (Copyright/Guillermo Cañardo)

La travesía se desarrolló íntegramente con navegación diurna y condicionada por la meteorología. En los canales patagónicos, el viento no responde a una lógica simple. Cambia de dirección, entra racheado, se acelera entre montañas, se canaliza por los pasos estrechos y puede convertir una jornada aparentemente favorable en una sucesión de maniobras delicadas. A ello se suman la lluvia frecuente, la humedad, la baja visibilidad y la complejidad de una costa fragmentada.

En ese entorno, el patín a vela se convierte en navegación extrema. Su virtud es también su mayor exigencia. Al no tener timón ni orza, se gobierna con el peso del navegante, el trimado de la vela y la sensibilidad para anticipar cada reacción del barco. No hay margen para navegar de forma automática. Cada metro obliga a interpretar el viento, la corriente y la respuesta de la embarcación.

Patin a vela Patagonos chilena
Los dos patines a vela, varados tras una de las maratonianas jornadas de navegación por los canales de la Patagonia chilena. (Copyright/Didac Costa)

Una embarcación mediterránea en un mundo austral

El patín catalán nació en el litoral de Barcelona y Badalona y está asociado a una forma de navegar muy física, muy directa y muy ligada al Mediterráneo. Que esta expedición coincida con los 100 años de sus primeras navegaciones añade una dimensión simbólica a la aventura. Llevarlo hasta la Patagonia chilena significaba cambiar por completo su escenario natural. De las playas y regatas costeras a los canales australes. Del verano mediterráneo a un paisaje de fiordos, montañas, glaciares y frentes meteorológicos encadenados.

Ahí radicaba buena parte del sentido de la expedición. No se trataba solo de recorrer una distancia, sino de explorar los límites de una embarcación mínima en un territorio máximo. Costa y Cañardo llevaron al patín a un entorno para el que no fue concebido, pero sin traicionar su esencia. Navegaron sin asistencia permanente y con una dependencia absoluta de la técnica, la experiencia y la capacidad de adaptación.

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Los dos patines a vela navegando por el golfo de Corcovado, en plena Patagonia chilena, durante una de las jornadas de la expedición entre Puerto Montt y Caleta Tortel. (Copyright/Didac Costa)

La Patagonia, en ese sentido, fue algo más que un escenario. Fue un examen constante. Cada jornada obligó a decidir cuándo salir, cuándo esperar, cuándo cruzar un canal, cuándo buscar abrigo y cómo gestionar la autonomía. La expedición no consistía únicamente en avanzar hacia el sur, sino en hacerlo sin romper la lógica del proyecto.

El Istmo de Ofqui y la Laguna San Rafael

Uno de los momentos más relevantes llegó tras 35 días de navegación, cuando la expedición alcanzó el Istmo de Ofqui, uno de los pasos históricos y más emblemáticos de la navegación interior en la Patagonia chilena. Para Costa y Cañardo, aquel punto representaba una de las primeras grandes metas de la travesía.

Istmo de Ofqui,
Porteo de los patines a vela en el Istmo de Ofqui, donde Dídac Costa y Guillermo Cañardo tuvieron que trasladar las embarcaciones por tierra para superar uno de los pasos históricos de la navegación interior patagónica. (Copyright/Didac Costa)

En esta fase también llegaron al acceso de la Laguna San Rafael, uno de los paisajes más espectaculares de la región. La entrada se realiza a través del río Témpanos, al que accedieron navegando completamente a vela y aprovechando la corriente favorable. La maniobra tenía un valor especial por las características de los patines, sin motor y con una maniobrabilidad basada únicamente en el viento, la corriente y la pericia del navegante.

Ese tramo resume bien el espíritu de la expedición. No era llegar de cualquier manera. Era llegar respetando las reglas autoimpuestas del proyecto, con embarcaciones tradicionales y con una navegación lo más limpia y autónoma posible.

Didac Costa San Rafaels
Espectacular atardecer en la Laguna San Rafael, uno de los paisajes más emblemáticos de la Patagonia chilena y punto clave de la primera etapa en patín a vela. (Copyright/Disac Costa)

Caleta Tortel, final de etapa y decisión prudente

La primera parte de la aventura terminó en Caleta Tortel. No fue el final inicialmente imaginado, pero sí un cierre lógico para una etapa marcada por la adaptación. El retraso acumulado en la salida y la llegada del otoño austral cambiaron el marco de seguridad de la expedición. Continuar hacia el sur habría supuesto enfrentarse a condiciones cada vez más inestables en un territorio donde cualquier error se paga caro.

El equipo decidió entonces detener la travesía y aplazar la continuación hasta el próximo verano austral, cuando está previsto retomar la navegación hacia Puerto Williams. La expedición queda dividida en dos etapas, pero no desvirtuada. Al contrario, la primera fase ha permitido comprobar en condiciones reales los sistemas de navegación, seguridad, comunicaciones, material y autonomía.

El resultado tiene valor deportivo, náutico y simbólico. En 51 días, Costa y Cañardo demostraron que dos patines a vela pueden avanzar por los canales de la Patagonia chilena si detrás hay preparación, conocimiento del medio y una gestión muy cuidadosa del riesgo.

Infografia Primera etapa
Infografía con los datos clave de la primera etapa de Patagonia en Patín a Vela, completada por Dídac Costa y Guillermo Cañardo entre Puerto Montt y Caleta Tortel.

La esencia de navegar

Patagonia en Patín a Vela no puede entenderse solo como una travesía deportiva. Es también un viaje hacia una forma de navegar casi elemental. En una época en la que la tecnología ocupa cada vez más espacio, Costa y Cañardo eligieron una embarcación desnuda, sin motor ni timón, para enfrentarse a uno de los territorios marítimos más remotos del planeta.

La expedición no ha llegado todavía a Puerto Williams, pero su primera etapa ya ha dejado una historia con entidad propia. 51 días de expedición, 617 millas náuticas, 37 jornadas de navegación y dos patines catalanes avanzando por la Patagonia chilena. El proyecto sigue abierto. La ruta completa queda pendiente. Pero la aventura ya ha demostrado que la simplicidad, cuando se combina con experiencia y determinación, también puede ser una forma extrema de exploración.


Cronología de la primera etapa

  • 29 de diciembre — La expedición llega a Puerto Montt, punto previsto de salida de la travesía hacia el sur de la Patagonia chilena.
  • Enero — El equipo mantiene gestiones con la Autoridad Marítima chilena tras la exigencia de contar con una embarcación de apoyo durante toda la ruta.
  • 31 de enero — Dídac Costa y Guillermo Cañardo inician la navegación desde Puerto Montt, tras un retraso aproximado de un mes sobre la planificación inicial.
  • Día 35 de navegación — La expedición alcanza el Istmo de Ofqui, uno de los pasos históricos de la navegación interior en la Patagonia chilena.
  • Laguna San Rafael — Los dos navegantes acceden al entorno de la laguna a través del río Témpanos, navegando a vela y aprovechando la corriente favorable.
  • 22 de marzo — Final de la primera etapa en Caleta Tortel, después de 51 días de expedición y 617 millas náuticas recorridas.
  • Próximo verano austral — El proyecto prevé retomar la navegación hacia Puerto Williams para completar la travesía.
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  • Miquel Ribas

    Periodista y Editor de Turiski