Han tenido que pasar 54 años, que se dice pronto, para que el deporte español volviera a escuchar un himno de oro en unos Juegos Olímpicos de Invierno. Oriol Cardona, el fondista de Banyoles que llegó a Milán Cortina 2026 con el peso de los pronósticos y la serenidad de quien sabe lo que vale, se colgó el oro en el esprint de esquí de montaña y se ganó un sitio propio junto al inolvidable Francisco Fernández Ochoa, campeón olímpico en Sapporo 1972. Y el golpe de emoción venía servido desde antes. En la final femenina, la granadina Ana Alonso había logrado el bronce, una medalla con una historia tremenda detrás, la de una atleta que se negó a renunciar a su sueño y convirtió el dolor de los últimos meses en combustible para subirse al podio olímpico.

Un oro que se cocina a fuego frío
La final masculina fue exactamente eso que define al esprint del skimo, un combate corto y cruel, sin tiempo para dudar. Cardona salió sin estridencias, midiendo, de menos a más, dejando que los suizos marcaran el ritmo en la primera subida.
El catalán cambió el guion tras la primera transición. Ahí se vio al competidor que domina este formato, precisión en los gestos y velocidad en la mente. Llegó ya en cabeza y, cuando el circuito entró en el tramo de escaleras, dio el zarpazo. Subió con la determinación de quien no negocia, escalón a escalón, incluso de dos en dos, y abrió una renta que ya olía a sentencia.
La ventisca, el silencio y la certeza
Con el modo apisonadora activado, Cardona gestionó la ventaja sin regalar una sola décima. Bajo la nieve de Bormio, se permitió el lujo de llegar a la última bajada en solitario, con el margen justo para mirar al frente y entender lo que estaba a punto de ocurrir. Cruzó la meta en 2m34s03 y lo hizo con autoridad, 1.52 por delante de Nikita Filippov, plata, mientras que el francés Thibault Anselmet completó el podio, a 2.31. No fue una victoria por accidente ni por un golpe de suerte. Fue la confirmación de un favorito que no se escondió, del atleta que había construido esta candidatura con títulos y regularidad. En una prueba que debuta en el programa olímpico, Cardona firmó un estreno perfecto y, de paso, rompió la sequía más larga del olimpismo invernal español.
Ot Ferrer, diploma y futuro
La final también dejó una foto que vale por un mensaje. Ot Ferrer se metió en la pelea por las medallas y terminó quinto, un diploma olímpico que habla de presente competitivo y, sobre todo, de futuro. En un formato donde cualquier mínimo error penaliza, Ferrer aguantó el pulso y salió reforzado de una carrera histórica para España.

El bronce de Ana Alonso desafía al destino
La jornada fue todavía más grande por lo que había ocurrido antes en la final femenina. Ana Alonso se subió al podio con un bronce enorme y lo hizo con una historia reciente que pesa casi tanto como la medalla. A finales de septiembre, cuando entrenaba en bicicleta de carretera en Sierra Nevada, fue embestida por un todoterreno y el parte médico fue demoledor. Rotura del LCA y del LCI con edema óseo, además de fisura de maléolo y luxación acromioclavicular, un cóctel de lesiones que amenazaba con borrar de un golpe el camino hacia Milán Cortina. Su entorno optó por una vía tan arriesgada como valiente. Tratamiento conservador, sin cirugía inmediata, para no cerrar la puerta a los Juegos y apurar cada semana de preparación con la vista fija en un único objetivo. En el mes previo compitió con una aparatoso rodillera ortopédica articulada, la misma con la que tomó la salida en la Copa del Mundo de Boí Taüll, su última gran cita antes de los Juegos, una imagen que decía mucho de su carácter y de su umbral de sufrimiento. En Bormio, ya sin esa protección, confirmó que el sueño olímpico seguía vivo también en las piernas.
Una medalla hecha de sufrimiento
En esa final olímpica, Alonso volvió a correr como quien no se rinde. Fue de menos a más, maduró la carrera con inteligencia, se sostuvo en el grupo cuando el cuerpo pedía tregua y, en la última transición, encontró el momento exacto para superar a la francesa Margot Ravinel y colocarse en posición de podio. En el descenso defendió la plaza con sangre fría y cruzó la meta tercera en 3:10.22, a 10.45 del oro de Marianne Fatton, mientras que la francesa Emily Harrop fue plata, a 2.38. Un bronce que no solo premia una actuación brillante. También cuenta una recuperación improbable, sostenida a base de paciencia, dolor y una determinación que no entiende de excusas.
El sueño continúa en el relevo mixto
Dos medallas en un mismo día y un oro que reescribe una línea entera de la historia. El esquí de montaña se estrenó en los Juegos y España respondió con una firma en mayúsculas. Y esto no ha acabado. El sábado, la pareja formada por Ana Alonso y Oriol Cardona volverá a ponerse un dorsal con una idea muy concreta en la cabeza, pelear otra vez por el podio en el relevo mixto, una prueba explosiva donde la compenetración, las transiciones y la cabeza cuentan tanto como las piernas. Además, llegan con un aval de peso, son los actuales campeones de la Copa del Mundo.
DOCUMENTAL para conocer el camino de Oriol Cardona hacia Milán Cortina 2026
Quien quiera entender el largo recorrido de Oriol Cardona hasta su objetivo olímpico puede verlo en la plataforma 3Cat con un documental del departamento de Deportes de TV3, dirigido por Xavier Casillanis Comas y Josep Maria Puig Lobato que sigue el sueño del atleta banyolí hacia Milán Cortina 2026.
CLICAR AQUÍ para ver el documental: Oriol Cardona, Cami dels Jocs
El éxito del skimo español no nace de la nada. Cataluña ha sido una gran cantera del esquí de montaña desde sus orígenes, aunque la disciplina olímpica actual se ha adaptado a formatos más explosivos y televisivos.
Y un dato con sabor a pioneros. En La Molina se disputó la primera carrera de esquí de montaña documentada en Europa, en 1927, un guiño histórico que conecta aquel espíritu con el oro de hoy.
Clasificación final esquí de montaña Esprint
Categoría masculina
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Categoría femenina
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