Subimos a la estación nórdica de Beille con el cielo cerrado, esa nieve insistente que borra el horizonte y convierte la carretera en una especie de túnel blanco. A menos de dos horas de la Cerdanya -por tunel Puymorens–, el Plateau de Beille nos recibió como reciben los lugares nórdicos de verdad, sin postureo y con silencio, con el viento empaquetando copos y una meseta que parece diseñada para desconectar.

La estación de fondo se inauguró en 1998 de forma muy modesta, casi con una base mínima de servicios. Aun así, mucho antes de su apertura oficial, los lugareños y algunos aficionados al esquí de fondo ya se acercaban a la meseta cuando había nieve. Entonces el acceso era mucho más limitado, porque la carretera solo llegaba a cubrir unos cinco de los 11 kilómetros de ascenso actuales y el tramo final se hacía andando o con los esquís puestos, como parte natural de la aventura..
Dormir en Les Cabannes
La víspera pernoctamos en el pueblo de Les Cabannes. Nos alojamos en Maison Beacoup, que merece punto y aparte. Un alojamiento con alma, una antigua casa noble que también fue rectoría, de esas que guardan la calma en las vigas, en la madera y en los pasillos. La sensación fue inmediata, dormir en el valle, en un lugar singular y pequeño, con solo tres habitaciones, para luego ganar altura es un plan perfecto, sobre todo cuando el parte amenaza con día cerrado.

Una meseta que lo pone fácil
Beille no impresiona por un gran circo alpino sino por algo más raro en el Pirineo, una meseta amplia, ondulada y muy jugable. En un día de visibilidad caprichosa, eso es oro. No dependes de una única bajada ni de un único eje, el dominio se estira y se pliega en pequeñas colinas, claros de bosque y tramos abiertos donde el esquí de fondo se vuelve accesible incluso para quien viene a “probar”.
Nos pusimos los esquís y elegimos un circuito corto y fácil, para entrar en ritmo sin pelear con la técnica. Bastó ese primer bucle para entender por qué Beille se ha ganado su fama, trazados para todos y una preparación que invita a repetir, a alargar, a ir un poco más lejos cuando el cuerpo se calienta.
En la base, mientras la nieve seguía cayendo con esa paciencia de invierno largo, conversamos con Georges Vigneau, director de la estación, y su lectura del público vecino encaja como un guante con lo que transmite la meseta. “Los clientes españoles representan muy poco, entre el 2 y el 4 por ciento. Generalmente los más asiduos son los catalanes. Nuestro objetivo es que nos conocieran más y subiera, el mercado español y catalán. Hay un público de montaña que busca naturaleza preservada, paisajes y patrimonio. La estación nórdica de Beille es familiar y, aparte del esquí, tenemos otras muchas actividades.” Dicho de otro modo, Beille no compite por músculo ni por escaparate. Compite por esa sensación de estación nórdica auténtica, de plan de día completo sin ruido y con paisaje.

El nuevo Beille se nota en los detalles
Se percibe que la estación ha querido modernizarse sin perder el hilo del entorno. La base es más cómoda para el día a día, para alquilar material, para moverse sin agobios, para que todo fluya incluso cuando el tiempo aprieta. La parte sostenible merece un apartado propio y lo dejamos para el recuadro final.
Nos quedamos con ganas de skijoring
Esta vez no pudimos probar el skijoring con caballos, una de esas actividades que te reconcilian con el invierno entendido como experiencia y no solo como deporte. En Beille tiran de los caballos de Mérens, el “príncipe negro del Ariège”, una raza pirenaica nacida en el valle de Mérens-les-Vals, famosa por su carácter dócil y su resistencia y criada desde hace siglos en estas montañas. La estación lo ofrece dentro de su abanico de propuestas, igual que raquetas, trineo o salidas con perros. Nosotros lo dejamos apuntado en la libreta, porque hay planes que merecen volver con un día más amable y un poco menos de nevada de frente.

Datos prácticos que conviene saber
El acceso habitual es en coche por Les Cabannes, con el equipamiento invernal que toque según el día. Desde el valle hasta la meseta hay 11 kilómetros de ascenso, una subida constante que, con nevada, se hace lenta pero muy llevadera si vas con tiempo y cabeza. La estación se mueve en una franja de 1.800 a 2.000 metros, así que incluso con jornada cerrada suele haber ambiente nórdico de verdad.
Para orientarte, Beille juega con un formato muy agradecido para el fondo. Un dominio de 17 pistas balizadas y alrededor de 40 kilómetros de esquí nórdico, con recorridos que puedes adaptar según visibilidad y ganas. Además, hay 45 kilómetros pensados para raquetas y marcha, un espacio de biatlón, y una zona de trineo con tres pistas y tapis de remontada que evita la caminata eterna cuesta arriba. Si alguien del grupo quiere un primer contacto con el alpino, la estación tiene dos pistas y un telesquí de aprendizaje.

Qué más puedes hacer en Beille
Raquetas y rutas a pie
Si el día está cerrado o te apetece bajar pulsaciones, la estación propone itinerarios señalizados tanto para raquetas como para peatones. Es el plan que mejor encaja cuando la visibilidad va y viene y quieres seguir moviéndote sin ir pendiente del ritmo.
Luge y zona de trineos
Para familias o para sacar al niño interior, Beille tiene un espacio de trineo con varias pistas y una cinta transportadora cubierta que te evita la penitencia de subir andando con la luge bajo el brazo.
Trineo con perros y experiencias “lapones”
El dominio trabaja con pistas específicas para perros de trineo, una de las actividades estrella del Plateau de Beille. Es de esas experiencias que no se olvidan, incluso aunque solo la hagas una vez.
Con caballos, calèche y skijoring
Si te atrae el “invierno de postal”, Beille también ofrece trineo a caballo y skijoring. En vuestro caso quedó pendiente, pero conviene mencionarlo porque forma parte de la identidad de la estación.
Biatlón con la ESF
Para quienes quieren probar algo distinto sin irse a la alta competición, hay pas de tir para biatlón asociado a la escuela (ESF). Mezcla técnica, concentración y ese punto lúdico que engancha.
Esquí alpino para debutantes
Aunque Beille sea nórdica, existe un pequeño espacio de alpino para principiantes con telesquí y pistas suaves, útil si alguien del grupo quiere “tocar” pista por primera vez.
VTT eléctrico también en la meseta
Y sí, incluso aquí aparece el lado cuatro estaciones, con propuestas de VTT eléctrico (en temporada y según condiciones), una forma diferente de recorrer la meseta cuando no todo gira en torno a la nieve.

Urogallo y zonas de calma
En Beille se cuida con mimo el equilibrio entre actividad y naturaleza, protegiendo ecosistemas frágiles como los humedales y, sobre todo, la presencia del urogallo (Tetrao urogallus), para que el uso turístico no erosione lo que hace único al lugar. El urogallo es una de las especies más sensibles del bosque de alta montaña del Plateau de Beille y su presencia suele leerse como señal de ecosistema bien conservado. En invierno es especialmente vulnerable, porque reduce actividad y se alimenta casi solo de acículas de pino, así que cualquier sobresalto le cuesta energía. Para minimizar el impacto, la estación combina señalización y balizamiento para mantener a la gente en los itinerarios, y define zonas de tranquilidad algo apartadas del núcleo más concurrido. Además, el personal y los guías ajustan rutas si detectan problemas y hay seguimiento anual con asociaciones que evalúan la evolución de la biodiversidad.
Sostenibilidad del nuevo edificio de Beille
Georges Vigneau habla con orgullo cuando se efiere al nuevo edificio de servicios ambientalmente sostenible de Beille. El cambio arrancó en 2020 con un exigente concurso de arquitectura para lograr un proyecto ecológico, estético y funcional. El edificio cuenta con el sello de Occitania Bâtiment Durable Occitanie con distinción plata y el objetivo de optar al nivel oro.
La construcción combina piedra en la base y madera en la parte superior, con lana de madera como aislamiento. La calefacción de los tres edificios funciona con pellets y el gas se utiliza para la cocina. La cubierta es vegetal y hay paneles fotovoltaicos.
Sobre energía, el director apunta que la producción fotovoltaica permite generar más electricidad de la que consumen algunas instalaciones turísticas como telesquí, cinta y cañones. Para el conjunto del edificio, aún necesitan más datos, aunque estima que el balance podría cubrir alrededor del 50 por ciento.
El proyecto también priorizó proximidad y reutilización. Los pellets llegan de la zona y se emplearon materiales de Occitania. Además, se reaprovechó madera del antiguo edificio para el edificio de máquinas y se reutilizó hormigón en el taller. Vigneau destaca, por último, las más de 4.000 horas de trabajo realizadas por personas con discapacidad o con dificultades de inserción laboral.



