Routeburn Track: senderismo alpino en Nueva Zelanda y del universo Tolkien

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sendero de Routeburn Track Nueva Zelanda
Routeburn Track está considerado por la revista National Geographic Adventure como uno de los diez mejores senderos de naturaleza del mundo. (Copyright/Sebastien Goldberg/Unsplash)

El sendero Routeburn Track une el Parque Nacional del Monte Aspiring con el Parque Nacional de la Tierra de los Fiordos.

El sendero de Routeburn Track está considerado uno de los diez «Great Walks» o «Grandes Caminatas» de Nueva Zelanda. Se halla a 45 minutos en automóvil de la ciudad de Queenstown, que es la capital de la aventura. El itinerario de 33 km (ida) está organizado para disfrutarlo a lo largo de dos a cuatros días, con sus respectivas noches durmiendo en alguna de las cabañas o zonas de acampada previstas. Es obligado reservar -ver final del artículo- aunque vayamos por libre o contratar una agencia local si queremos despreocuparnos de todo. La caminata también se puede hacer en un día si tenemos físico y madrugamos o si somos corredores de trailrunning, entre tres y seis horas. Si queremos más, la Routeburn Track puede conectar con los senderos Greenstone o Caples.

Senderismo Routeburn Track
Aquí no se gravó ninguna de las 40 localizaciones de El Señor de Los Anillos rodadas en Nueva Zelanda, pero el camino traspua el universo Tolkien. (Copyright/Michael Roberts/Unsplash)

El mejor momento para disfrutar caminando del paisaje del sendero Routeburn Track va de noviembre a mayo. Durante la temporada de invierno (mayo a octubre), el sendero permanece abierto pero con instalaciones reducidas y sólo es reecomendable para montañeros equipados, ya que hay nieve y hielo.

La selva pluvial, el reino de los helechos arbóreos, los líquenes y los fabulosos bosques cubiertos de musgo a través de un espectacular paisaje alpino se pueden admirar recorriendo en el sendero Routeburn Track que une el Parque Nacional del Monte Aspiring con el Parque Nacional de la Tierra de los Fiordos, dos de los trece que tiene Nueva Zelanda, con el 20 por ciento de su territorio protegido. El collado Harris, el punto más alto del sendero, a 1.255 metros, da la bienvenida al lago del mismo nombre y a otros más pequeños que nos cautivarán por su belleza natural.

El mejor momento para disfrutar del paisaje «fantasmagórico» y de los espectaculares paisajes del sendero Routeburn Track va de noviembre hasta mayo

senderismo Routeburn Track Nueva Zelanda
El agua nos acompaña a largo de este espectacular sendero que conecta une el Parque Nacional del Monte Aspiring con el Parque Nacional de la Tierra de los Fiordos. (Copyright/Richard McKinley)

Doce horas de caminata acompañada por la niebla, que en pocas ocasiones despeja, permiten observar un mundo fantasmagórico alejado de todo tipo de civilización. Valles y montañas están ahí, pero difícilmente se pueden ver. Los maoríes realizaban complicadas expediciones hacia la zona en busca de piedras de jade. Puentes colgantes, cascadas y helechos gigantes se suceden antes de llegar a The Divide, donde el mundo vuelve a ser mundo, y se debe emprender rumbo hacia Milford Sound, el más imponente de los fiordos de la costa occidental. Aunque su más directo rival, el Doubtful Sound, no se queda corto.

En ambos casos, su navegación resulta una experiencia tremendamente bella y relajante.
Algo más allá, el Monte Cook, con sus 3.764 metros sobre el nivel del mar, preside desde sus nieves eternas toda la isla del sur. Los parques naturales contrastan con los cauces de los ríos que en dirección sudeste hacen el terreno más habitable. Nunca me canso de visitar Nueva Zelanda, para nosotros… el destino más lejano del mundo. Y un destino de culto para los fans del universo creado por J. R. R. Tolkien. En sus bosques húmedos, valles, prados y montañas el director de cine Peter Jackson grabó las dos trilogías de largometrajes del El Señor de los Anillos en un total de 40 localizaciones.

sendero de Routeburn Track Nueva Zelanda
Los bosques cubiertos de musgo conforman el sensacional paisaje alpino del sendero Routeburn Track. (Copyright/Richard McKinley)

Nueva Zelanda es un destino de culto para los fans del universo creado por J. R. R. Tolkien y El señor de los Anillos

Colinas onduladas como en Inglaterra, fiordos como en Noruega, Alpes como en Suiza, géiseres como en Islandia… Nueva Zelanda se extiende en la lejanía como un compendio paisajístico único capaz de embriagar al visitante por su belleza. Justo en nuestras antípodas, a dos mil kilómetros de distancia de su vecino australiano y en pleno Pacífico Sur, se alzan dos islas que se prolongan a lo largo de más de mil seiscientos kilómetros, con una variedad de climas que van desde las regiones subtropicales del norte hasta las nieves eternas de los Alpes del Sur. Seis mil kilómetros de costas, bosques de helechos, glaciares, volcanes, lagos y ríos entre cumbres nevadas y una cultura maorí que intenta resistir las influencias de la inmigración anglosajona, son motivos más que suficientes que justifican el largo viaje.

Nueva Zelanda no suele defraudar a sus huéspedes. Es como si con sus múltiples encantos, quisiera agradecer el esfuerzo que representa llegar hasta su territorio de poco más de 270.000 kilómetros cuadrados. Las personas interesadas en visitar este maravilloso destino deben tener en cuenta que antes deben solicitar una NZeTA -visado para Nueva Zelanda-, que es una autorización de viaje obligatoria para entrar en el país.

Las dos islas, son conocidas por los europeos desde hace relativamente muy poco. En 1642, el navegante holandés Abel Janszoon Tasman alcanzó el meridiano 49 de latitud en busca del lejano continente meridional, la «Terra Australis Incognita» que a lo largo de los siglos aparecía en los mapas como una inmensa masa de tierra prácticamente inalcanzable.

Primero descubrió la actual Tasmania y el 13 de diciembre avistó nuevamente tierra, convencido de haber hallado la costa austral. Se trataba, sin embargo, de las costas neozelandesas, que quedaron en el olvido hasta que en 1769 James Cook redescubriera el territorio y pusiese el pie en lo que los habitantes maoríes llamaban Aotearoa, o «el país de la larga nube blanca». Hacía mucho tiempo que estos lo poblaron procedentes de la Polinesia a bordo de sus frágiles canoas.

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El lago Pukaki, de aguas turquesas, es uno de los dos grandes lagos próximos al monte Cook, en la isla sur de Nueva Zelanda. (Copyright/Richard McKinley)

Colonización europea y el tratado de Waitangi (1840)

Los europeos fueron llegando por oleadas. Primero cazadores de ballenas, después colonos y comerciantes, más tarde los misioneros. El intercambio pacífico del principio se convirtió en confrontación posterior, aunque en 1840 algunos representantes británicos convencieron a los jefes locales para firmar un tratado por el cual Gran Bretaña obtenía la soberanía sobre la isla del norte. Para la población blanca el tratado de Waitangi representa el nacimiento de la nación. Para los maoríes, su mayor derrota histórica. Sin embargo, la población autóctona no fue tan drásticamente diezmada como en el caso australiano y hoy convive desarrollando labores diseminada a lo largo de todo el país.

Cuando el viajero llega al aeropuerto internacional de Auckland, empieza a descubrir una ciudad moderna donde contrastan los rascacielos de su zona comercial con las extensas agrupaciones de casas unifamiliares de los barrios periféricos. Zonas residenciales que denotan el alto nivel de vida de sus habitantes. La capital económica y ciudad más poblada del país, con más de medio millon de almas, fue hasta 1865 también centro político, pero su situación geográficamente periférica, aconsejó desplazar la capitalidad hacia Wellington, más centrada respecto a todo el territorio.

Rotorua es una ciudad de gran interés turístico debido a sus balnearios ubicados en una zona de aguas termales y géiseres

Entre ambas ciudades se extienden los mayores atractivos de la isla del norte, que pueden perfectamente visitarse mediante coche de alquiler, gracias al buen estado de las carreteras y servicios que se encuentran en la ruta. La primera parada obligatoria es Rotorua, primer centro termal del país y capital de una extensa región forestal y agrícola situada en torno a la llamada Bahía de la Abundancia. La zona es famosa por sus truchas, por la cría de ganado ovino y vacuno, pero sobre todo por la reserva termal de Whakarewarewa, con profusión de géiseres y otras manifestaciones geotérmicas y por una réplica de un poblado maorí, que muestra la forma de vida tradicional de la población autóctona.

Cerca de la población de Turangi, se extiende el Parque Nacional de Tongariro, creado a iniciativa de los maoríes, por considerar a la región como morada de sus dioses. Aquí se encuentran cumbres volcánicas activas como el monte que da nombre al parque, con 1.968 metros de altura sobre el nivel del mar, el Monte Ruapehu con 2797 metros y el Monte Ngauruhoe con 2291 metros. El lago Tapu y el Egmont National Park constituyen junto a la capital los otros puntos de máximo interés de la isla del norte.

La Isla Sur de Nueva Zelanda, donde se encuentra el monte Cook de 3.724 m de altura, es conocida por sus montañas, lagos y glaciares

Desde Wellington hay que embarcarse en un ferry para atravesar el estrecho de Cook y alcanzar la isla del sur. Más grande, más fría, más montañosa, más salvaje, más espectacular. Aquí el hombre queda minimizado por la naturaleza. Los fríos antárticos hacen el clima más duro, pero relieve y climatología han conformado a lo largo de los tiempos un paisaje excepcional.

Apenas habiendo recorrido unos kilómetros por la carretera principal, resulta fácil encontrar alguna cerca con una treintena de vacas junto a la que se halla un coche y una avioneta. Porque si una cosa llama la atención es la movilidad de los neozelandeses para desplazarse por su territorio. Avionetas y helicópteros son utilizados por los ganaderos para agrupar las reses, por los esquiadores para alcanzar cumbres y glaciares, y por buena parte de turistas para contemplar los múltiples paisajes en toda su belleza a vista de pájaro.

El Parque Nacional Aoraki/Monte Cook tiene algo más de 700 km², de los cuales el 40% son glaciares en incluye la totalidad de los más de veinte picos de Nueva Zelanda con más de 3000 metros, salvo el monte Aspiring.

Las distancias, el relieve y la capacidad económica, han convertido a lo que en Europa parecería una excentricidad elitista, en los más lógico y cotidiano. Si además añadimos que las combinaciones de servicios turísticos con autocares, travesías lacustres y excursiones en barco por los fiordos funcionan perfectamente, es fácil comprender por qué Nueva Zelanda se presenta como un paraíso para el recién llegado en viaje de placer.

Quizás no lo es tanto para el propio neozelandés, que en su juventud busca nuevos horizontes. Muchos son los que abandonan las islas cada año en busca de dinero y carrera. Probablemente los casi cinco millones de conciudadanos, ocho millones de vacas y los setenta millones de ovejas, no resulten compañía suficiente para su evolución profesional, pero sin duda los grandes espacios abiertos y el hecho que el turismo no está masificado, contribuyen a la satisfacción del recién llegado.

Christchurch, es la tercera población del país y la más importante de la isla del sur. Siempre se ha dicho que es la más inglesa de las ciudades neozelandesas. Su catedral se levantaba como símbolo de la urbe antes del terrible terremoto de 2011 que la destruyó en su práctica totalidad. Si embargo, la ciudad respira un ambiente altamente conservador en un entorno apacible. La mayoría de los turistas se desplazan hasta Queenstown, no sin antes realizar una parada en el Parque Nacional Aoraki/Monte Cook y los glaciares.

Situada entre las laderas de los montes y el lago Wakatipu, Queenstown es el punto de partida para realizar diversas excursiones por toda la región. Desde un relajante crucero en un viejo barco del vapor, el Earnslaw, hasta excitantes descensos en lanchas rápidas como el Jetboat. Desde recorridos por el Parque Nacional de Fiorland, entre los que destacan los fiordos de Milford y Doubtful, hasta sobrevuelos en helicóptero entre cumbres y valles. Y una de ellas es sin duda el Routeburn Track que permite practicar el senderismo en nuestras antípodas.

Routeburn Tracky reservas y tracks oficiales

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