En una temporada en la que el Everest vuelve a mostrar su cara más saturada, con expediciones comerciales, colas hacia la cima y una logística cada vez más pesada, Bartek Ziemski ha elegido el camino contrario. El alpinista y esquiador extremo polaco no ha buscado añadir simplemente otra ascensión a la montaña más alta del planeta, sino completar una actividad de estilo: subir sin oxígeno suplementario, sin apoyo personal de sherpas por encima del campo base y descender con esquís desde la cima. El Everest sigue siendo la montaña más fotografiada, narrada y explotada del planeta. Por eso cuesta encontrar en ella historias que no parezcan ya contadas. La actividad de Bartek Ziemski funciona porque devuelve el foco al estilo. No solo importa llegar arriba. Importa cómo se sube, cómo se baja y qué grado de autonomía real se asume.
El Everest después del Lhotse
El 19 de mayo, Bartek Ziemski volvió a situarse en la cima del mundo. Desde el Everest inició el descenso con esquís por la ruta del Collado Sur y convertía la montaña más alta del planeta en su noveno ochomil esquiado. Solo siete días antes, el 12 de mayo, había alcanzado también la cima del Lhotse, de 8.516 metros, en solitario, sin oxígeno de botella y antes de que los equipos comerciales hubieran completado el trabajo de equipamiento del tramo final hacia la cumbre.
Ese dato es importante porque sitúa el Everest dentro de una secuencia de alta montaña muy exigente. No fue una ascensión aislada, sino la segunda gran actividad en una misma ventana himaláyica. Entre una y otra apenas hubo margen para recuperar. Ziemski ya estaba aclimatado, conocía el terreno compartido por ambas rutas en la parte baja y aprovechó una oportunidad meteorológica antes de que el viento volviera a endurecer las condiciones.
El estilo que marca diferencias
Subir el Everest sin oxígeno ya es una frontera severa. Descenderlo con esquís añade otra capa de dificultad. A más de 8.000 metros, el cuerpo trabaja con una reserva mínima. Cada giro exige concentración, piernas y capacidad de reacción. La fatiga no desaparece en la cima y se multiplica en el descenso.
El matiz del estilo es esencial. Decir simplemente “sin ayuda” puede resultar impreciso, porque en una expedición al Everest siempre existe algún tipo de logística, permisos, campo base o servicios de agencia. Lo relevante en la actividad de Ziemski es otra cosa: no utilizó oxígeno suplementario ni contó con apoyo personal de sherpas en altura. Esa diferencia es la que cambia el valor deportivo de la actividad. No se trata de negar la infraestructura general de la montaña, sino de precisar el compromiso de la ascensión. Ziemski asumió la parte decisiva por sus propios medios, con el desgaste añadido de cargar material de esquí en una montaña donde muchos alpinistas reducen al mínimo cualquier peso superfluo.
El contraste con el Everest comercial es inevitable, pero no conviene no simplificarlo. Las expediciones guiadas, los sherpas y las agencias forman parte de la realidad actual del Himalaya. Lo que hace especial la actividad de Ziemski es que, dentro de ese mismo escenario, eligió una línea mucho más austera, física y expuesta.
Nueve ochomiles con esquís
Con el Everest, Ziemski alcanza una cifra extraordinaria: nueve ochomiles ascendidos sin oxígeno suplementario y descendidos con esquís. En su historial figuran Broad Peak y Gasherbrum II en 2022, Annapurna y Dhaulagiri en 2023, Makalu y Kangchenjunga en 2024, Manaslu en 2025, y ahora Lhotse y Everest en 2026.
El dato tiene una lectura deportiva poderosa. Ziemski no ha llegado al Everest como una apuesta aislada ni como una aventura improvisada. Lo ha hecho después de años construyendo experiencia en montañas de 8.000 metros, con descensos cada vez más comprometidos y una forma de moverse muy reconocible.
Polonia tiene una tradición enorme en el himalayismo de compromiso. De las primeras invernales a las grandes actividades modernas con esquís, el país ha mantenido una relación muy particular con la altura. Ziemski se inserta en esa línea, pero con un perfil propio: menos ruido, menos espectáculo exterior y una ambición deportiva sostenida.
Los nueve ochomiles de Bartek Ziemski
La trayectoria de Bartek Ziemski en el esquí extremo lo sitúa ya entre los grandes especialistas del Himalaya y el Karakórum. Desde 2022, el alpinista polaco ha encadenado ascensiones sin oxígeno suplementario con descensos en esquís desde algunas de las montañas más altas del planeta.
- 2022 — Broad Peak
- 2022 — Gasherbrum II
- 2023 — Annapurna
- 2023 — Dhaulagiri, primer descenso con esquís de la historia
- 2024 — Makalu
- 2024 — Kangchenjunga, primer descenso con esquís de la historia
- 2025 — Manaslu
- 2026 — Lhotse y Everest



