El montañero y pionero Josep Manuel Anglada i Nieto ha fallecido a los 92 años tras una larga trayectoria que lo convirtió en una de las figuras esenciales de la escalada, el alpinismo y las primeras grandes expediciones estatales fuera de Europa. En los últimos años, su salud se había ido deteriorando poco a poco víctima del alzheimer, aunque todavía pudo vivir algunos reconocimientos públicos. Una de sus últimas apariciones públicas fue el año pasado, cuando recogió la Creu de Sant Jordi, concedida por la Generalitat de Catalunya en reconocimiento a su aportación decisiva a los deportes de alta montaña.
Nacido en Barcelona el 5 de agosto de 1933, Anglada perteneció a una generación irrepetible de alpinistas que ensanchó los límites de la escalada catalana y española en una época de pocos medios y enorme compromiso. Socio del Centre Excursionista de Catalunya y del Club Muntanyenc Barcelonès, también formó parte del GAM, del GAME y del Groupe de Haute Montagne francés. Entre sus compañeros de generación destacó Jordi Pons, nacido también en 1933, con quien compartió infinidad de aventuras en la montaña y algunas de las páginas más relevantes del alpinismo estatal.

Una cordada que marcó época
Durante los años cincuenta y sesenta, Anglada desarrolló una actividad intensa en algunas de las paredes más emblemáticas del país. Formando cordada principalmente con Francesc Guillamon, abrió numerosas vías en Montserrat, el Pedraforca, Terradets, Riglos y los Pirineos. Las vías Anglada-Guillamon quedaron asociadas a una manera audaz de entender la escalada, con trazados que exigían técnica, decisión y una lectura muy fina de la pared. Su nombre también quedó vinculado a otros compañeros de generación como Joan Cerdà, Heinz Pokorski o Jordi Pons, con quienes compartió algunas de las páginas más importantes del alpinismo estatal de aquellos años.
De los Alpes a Yosemite
La ambición deportiva de Anglada no tardó en superar el marco local. En los Alpes protagonizó algunas de las primeras grandes ascensiones estatales. En 1957, junto a Francesc Guillamon, destacó en las Dolomitas. Más tarde, con Jordi Pons, firmó dos hitos mayores en las grandes caras norte alpinas, la del Eiger en 1964 y la de las Grandes Jorasses en 1967.

En 1963 también participó en la primera ascensión estatal al espolón este del Gran Capitán, en Yosemite, una actividad que confirmaba la amplitud de miras de una generación capaz de pasar de las paredes mediterráneas a los grandes escenarios internacionales.
El salto a las grandes expediciones
Más allá de su dimensión como escalador, Anglada fue decisivo como impulsor y director de expediciones. Dirigió algunas de las primeras expediciones estatales fuera de Europa, con resultados que marcaron un antes y un después para el alpinismo español. A principios de los años sesenta lideró expediciones a los Andes, donde se ascendieron varios picos vírgenes y se abrieron rutas de gran valor. Entre ellas, la arista noreste del Huascarán Sur en 1961 y la vía directísima al Nevado Siula en 1963.
Su liderazgo alcanzó una dimensión histórica en 1969, cuando dirigió la expedición al Istor-o-Nal, en el Hindu Kush, considerado el primer sietemil estatal. Cinco años más tarde, en 1974, estuvo al frente de la expedición que alcanzó el Annapurna Este, una cima virgen del Himalaya que se convirtió en el primer ochomil español y catalán.

Un legado que va más allá de la cima
La actividad de Anglada no se limitó a los Andes, los Alpes o el Himalaya. También participó en expediciones a África, con escaladas en el Ahaggar en 1967 y ascensiones al Monte Kenia en 1971; en Groenlandia, en 1973 y 1976; en el Hindu Kush, con el segundo intento catalán al Saraghrar en 1977; y en los Andes del Perú, con un intento al Alpamayo en 1980.
En 1982 fue director técnico de la primera expedición catalana al Everest, otro capítulo relevante en una vida dedicada a abrir caminos. Su trayectoria fue reconocida con la Medalla d’Or de la FEM por actividades colectivas en 1963, 1966, 1969 y 1974, además de otros reconocimientos institucionales.
Casado con Elisabeth Vergés Costa (1939-2019), también vinculada al mundo de la montaña, Anglada representó una forma de entender el alpinismo basada en la exploración, el compromiso y la transmisión de experiencia. Su muerte cierra una etapa fundamental del montañismo catalán y español, pero deja una huella profunda en varias generaciones de escaladores y alpinistas.
No fue sólo un escalador brillante. Fue también un organizador, un estratega y un pionero que ayudó a situar el alpinismo estatal en escenarios que hasta entonces parecían lejanos. De aquella generación de pioneros catalanes, solo sigue con vida Jordi Pons, otra leyenda del alpinismo, testigo de una época en la que la montaña se abordaba con pocos recursos, mucha determinación y una enorme capacidad de aventura. El legado de Josep Manuel Anglada permanecerá en las vías abiertas, en las expediciones que dirigió y en la memoria de quienes heredaron una manera valiente y generosa de entender el alpinismo.



