Tyler Andrews abandona el FKT del Everest, tras usar oxigeno

Tyler Andrews abandona su intento de récord de velocidad en el Everest tras usar oxígeno

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Intento de Fastest Known Time

El corredor estadounidense Tyler Andrews inició el ascenso desde el campamento base con el objetivo de batir el FKT sin oxígeno del Everest, pero recurrió al oxígeno embotellado y no alcanzó la cumbre.

Tyler Andrews
Tyler Andrews durante su proyecto de récord de velocidad en el Everest, una tentativa extrema marcada por la altitud y el uso de oxígeno. (Copyright/Nepal Mount Everest)

El montañero y corredor de montaña estadounidense Tyler Andrews no pudo completar su nuevo intento de récord de velocidad en el Everest tras salir del campamento base el 23 de mayo de 2026, alrededor de las 20.00 horas en Nepal, con el objetivo de establecer un FKT de ascenso y descenso en la montaña más alta del mundo sin oxígeno suplementario. Andrews acabó recurriendo al oxígeno embotellado durante la ascensión y, según las últimas actualizaciones disponibles, también renunció después al intento de batir el mejor tiempo con oxígeno antes de alcanzar la cumbre.

El proyecto era uno de los más seguidos de la temporada en el Himalaya. Andrews, de 35 años, había anunciado su salida desde el campamento base con la intención de atravesar de noche la cascada de hielo del Khumbu, el valle del Silencio y la pared del Lhotse para alcanzar la cumbre del Everest, situada a 8.848,86 metros, en las primeras horas del domingo. La idea inicial era clara y extremadamente ambiciosa. Subir sin oxígeno suplementario y, si las condiciones lo permitían, continuar el descenso hasta el campamento base para fijar una referencia completa de ida y vuelta.

Una apuesta extrema en la zona de la muerte

El intento de Andrews no era una ascensión convencional, sino una tentativa de trasladar la lógica del trailrunning y los FKT de montaña a uno de los terrenos más hostiles del planeta. Su equipo había previsto puntos de apoyo y reabastecimiento en el campo 2 y el campo 4, pero el estadounidense afrontaba la subida sin compañero directo durante buena parte del recorrido.

La gran línea roja del proyecto era el oxígeno. Andrews buscaba entrar en la historia del Everest con una ascensión rápida sin asistencia respiratoria, una modalidad mucho más exigente que cambia por completo el margen fisiológico del deportista. En altura extrema, cada paso consume una cantidad enorme de energía y la toma de decisiones se vuelve más delicada. Precisamente por eso, el uso de oxígeno suplementario modifica la naturaleza deportiva del registro.

El oxígeno cambió el sentido del intento

La tentativa dejó de ser válida para el récord sin oxígeno en el momento en que Andrews recurrió al oxígeno embotellado durante la ascensión. Algunas informaciones, todavía no confirmadas por su propio equipo, sitúan ese cambio en torno al campo 2, a unos 6.400 metros. En cualquier caso, la versión definitiva deberá llegar del propio Andrews o de su entorno cuando hagan balance completo del intento.

A partir de ese momento, el objetivo deportivo se desplazó hacia otro registro: el mejor tiempo de ascenso con oxígeno suplementario. Esa marca está asociada a Lakpa Gelu Sherpa, que en 2003 completó el ascenso desde el campamento base hasta la cumbre en 10 horas, 56 minutos y 46 segundos. Sin embargo, Andrews tampoco logró culminar esa segunda vía. Las últimas actualizaciones recogidas por la publicación digital Nepal Mount Everest señalaban que, tras alcanzar aproximadamente los 8.400 metros, habría abandonado también el intento de velocidad con oxígeno y comenzado el descenso.

Un récord con matices históricos

El registro que Andrews perseguía en la modalidad sin oxígeno tiene una lectura compleja. En la previa, el estadounidense había situado como referencia el tiempo de Marc Batard, que en 1988 ascendió desde el campamento base hasta la cima en 22 horas y 29 minutos sin oxígeno suplementario. Sin embargo, en algunas fuentes también se cita que Kaji Sherpa marcó en 1998 un tiempo de 20 horas y 24 minutos desde el campamento base hasta la cumbre, aunque con el matiz de que utilizó oxígeno durante el descenso.

Esa diferencia explica por qué el intento de Andrews se movía en un terreno especialmente sensible para los especialistas en FKT. No solo importaba el cronómetro. También contaban el punto exacto de salida, la llegada, el uso o no de oxígeno, el tipo de apoyo, la trazabilidad del GPS y el criterio empleado para validar la marca.

Un desafío que sigue abierto

El abandono no cierra la relación de Tyler Andrews con el Everest. El corredor estadounidense ya había intentado este proyecto en 2025 y había rozado cotas muy altas antes de verse obligado a darse la vuelta. En sus intentos anteriores se enfrentó a problemas de material, nieve profunda, viento y decisiones de seguridad por encima de la ambición deportiva.

Andrews no llega a este terreno como un improvisado. Es uno de los atletas que más ha trabajado la frontera entre la carrera de montaña, el ultrafondo y el alpinismo de velocidad. En 2024 estableció una referencia de velocidad en el Manaslu, de 8.163 metros, con un ascenso sin oxígeno suplementario en 9 horas y 52 minutos, una marca que reforzó su perfil como especialista en esfuerzos extremos a gran altitud.

El Everest, sin embargo, volvió a imponer sus condiciones. El intento de Andrews deja una conclusión clara, incluso para un atleta preparado durante años. Este tipo de desafío no concede margen cuando se combinan altitud extrema, meteorología, desgaste físico y la obligación de tomar decisiones rápidas en la zona de la muerte. El intento fallido mantiene abierto el debate sobre los límites del rendimiento humano en el Everest. La comparación entre ascensiones con y sin oxígeno sigue siendo delicada, porque se trata casi de dos disciplinas diferentes. La primera permite velocidades mucho más altas; la segunda exige una resistencia fisiológica y mental excepcional, con un margen de error mínimo.

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  • Miquel Ribas

    Periodista y Editor de Turiski