El corredor de montaña estadounidense Tyler Andrews ha logrado el récord de velocidad de ascenso al Everest con oxígeno suplementario tras alcanzar la cima desde el Campo Base en 9 horas y 55 minutos. Andrews salió el 27 de mayo a las 19:11 horas, hora de Nepal, y llegó a la cumbre el 28 de mayo a las 5:06 horas, según informó su equipo de segumiento.
La marca rebaja en más de una hora el anterior registro con oxígeno, que estaba en poder del nepalí Lakpa Gelu Sherpa, con 10 horas, 56 minutos y 46 segundos, establecido en 2003. El nuevo tiempo de Andrews mejora esa referencia en 61 minutos y sitúa al atleta estadounidense en una dimensión inédita dentro de los intentos de velocidad en la montaña más alta del planeta.
Una subida lanzada desde el Campo Base
Tylers Andrews planteó el ataque como un intento específico de ascenso, desde el Campo Base hasta la cima, y no como un récord de ida y vuelta. La diferencia es importante, porque en el Everest las marcas de velocidad cambian por completo según el punto de salida, el uso o no de oxígeno suplementario, la asistencia recibida y si el cronómetro se detiene en la cumbre o continúa durante el descenso.
El estadounidense salió de noche, una estrategia habitual en los ataques rápidos al Everest para atravesar los tramos más expuestos de madrugada y buscar la cima con las primeras horas del día. Su progresión fue muy rápida en los campamentos intermedios y culminó en la cumbre a 8.848,86 metros antes del amanecer del 28 de mayo.
Un récord con oxígeno, no sin oxígeno
El matiz deportivo es esencial. Andrews no ha batido el récord del Everest sin oxígeno, sino el récord de ascenso con oxígeno suplementario. En alta montaña, esta distinción no es menor. El uso de oxígeno embotellado modifica de forma decisiva la capacidad de rendimiento, la recuperación y el margen de seguridad en la zona de la muerte. Por eso, el nuevo registro debe leerse dentro de su categoría concreta. Es una marca histórica por velocidad y por diferencia respecto al anterior récord, pero no sustituye a las referencias sin oxígeno, donde el desgaste fisiológico y la exposición son mucho mayores.
La semana pasada, Andrews ya había intentado el récord sin oxígeno desde el Campo Base, pero la tentativa quedó sin éxito cuando recurrió al oxígeno embotellado durante la ascensión. Aquel intento acabó abortado por encima de los 8.400 metros, en la zona del Balcón, sin alcanzar la cumbre ni completar ninguno de los objetivos previstos.
De un revés a una marca histórica
El nuevo ascenso cambia el relato de la expedición. Andrews pasó en pocos días de ver invalidado su intento sin oxígeno a firmar una de las subidas más rápidas jamás registradas en el Everest. Su equipo ya había anunciado que el segundo ataque tendría un planteamiento diferente, centrado en el récord con oxígeno y sin perseguir una marca de descenso o de ida y vuelta.
La marca llega después de varios intentos de Andrews en el Himalaya. El corredor estadounidense lleva años trabajando en la frontera entre el trailrunning, el ultrafondo y el alpinismo de velocidad, con proyectos de FKT en grandes montañas y una preparación específica para esfuerzos prolongados en altitud extrema.
En el Everest, sin embargo, cada marca abre también un debate. Los tiempos rápidos en la montaña más alta del mundo dependen de muchos factores difíciles de comparar entre sí. La ruta, la meteorología, el tráfico en la montaña, el apoyo logístico, el oxígeno, el número de botellas utilizadas y la validación independiente son elementos clave para interpretar cualquier récord.
El Everest y la frontera de los FKT
El caso de Andrews confirma el creciente interés por los FKT en grandes montañas, una lógica nacida en el mundo del trail y la ultradistancia que cada vez tiene más presencia en el alpinismo. A diferencia de una competición regulada, un FKT depende de la trazabilidad, la transparencia del intento y la comparación con registros anteriores.
En el Everest, esa comparación es especialmente delicada. No es lo mismo ascender con oxígeno que sin oxígeno. Tampoco es lo mismo detener el cronómetro en la cima que prolongar el esfuerzo hasta regresar al Campo Base. Por eso, la nueva marca de Tyler Andrews debe quedar definida con precisión: récord de ascenso al Everest desde el Campo Base hasta la cumbre con oxígeno suplementario en 9 horas y 55 minutos.
El estadounidense no consiguió el objetivo más puro y ambicioso que perseguía inicialmente, pero transformó el revés en una marca histórica. En una montaña donde la velocidad nunca puede separarse del riesgo, Andrews ha firmado un registro que vuelve a situar el Everest en el centro del debate sobre los límites del rendimiento humano en altura. Un debate que no todos los alpinistas y montañeros comparten con el mismo entusiasmo, ya que también hay voces que cuestionan el sentido de trasladar la lógica del cronómetro y los récords de velocidad a una montaña marcada por la exposición, la masificación y el riesgo extremo.



