Antonio de la Rosa finalizó con éxito su Desafío Antártico

Antonio de la Rosa
Antonio de la Rosa completó su reto deportivo en el océano Antártico. (Copyright/Posovisual)

Antonio de la Rosa terminó su travesía en solitario a remo y con una vela de quita y pon, tras navegar 28 días en aguas del océano Antártico, desde la isla Hornos a la isla de Georgia del Sur.

Antonio de la Rosa finalizó su expedición Desafío Antártico con éxito al llegar a la isla Georgia del Sur, tras navegar cuatro semanas -7 enero a 3 febrero- en el siempre temido océano Antártico en una embarcación de siete metros a remo y con una pequeña vela de quita y pon.  Antonio de la Rosa debió modificar su reto deportivo sobre la marcha, pero no por ello fue menos exigente y difícil. 

Su expedición en solitario estaba inspirada en el viaje de supervivencia del explorador Ernest Shackleton y el Endurance de hace más de cien años. Su primer objetivo era cruzar el siempre temido mar de Hoces, también conocido como Paso Drake, que separa el cabo de Hornos de la Antártida hasta la isla Elefante. Desde esta isla partió Ernest Shackleton en dirección a la isla de Georgia del Sur para pedir ayuda y salvar a la tripulación del Endurance. Desde la isla Elefante, además de remar, añadiría una pequeña vela para ir a la isla de Georgia del Sur. Una vez llegado a Georgia del Sur la atravesaría de oeste a este. Alrededor de 50 kilómetros que haría con esquís y una pulka para terminar en una antigua base ballenera abandonada.

Antonio de la Rosa
Antonio de la Rosa eufórico, tras finalizar su mayúsculo reto de navegación. (Copyright/Posovisual)

Antonio de la Rosa debió renunciar a llegar a Isla Elefante a remo y a finalizar su Desafío Antártico atravesando la isla de Georgia del Sur en esquís, ya que no le dieron permiso 

Finalmente, las cosas no fueron como las planeó Antonio de la Rosa. El océano Antártico impuso su ley y la burocracia acabó por impedirle finalizar el viaje como tenía previsto. Vamos a explicarlo por partes. Tras 15 días de travesía, el aventurero renunció a remar hasta isla Elefante, por la dificultad que oponían vientos y corrientes marinas para seguir hacia el sur y empezó a utilizar su pequeña rumbo a Georgia del Sur.

El navegante en su bitácora de abordo, que fue su Instagram, escribió que ”esta decisión viene marcada fundamentalmente por todos los problemas que tengo en la embarcación. Averías importantes tanto a nivel de electrónica como de otros componentes. Además, debido a la acumulación tan importante de humedad que va teniendo la cabina, ha hecho que se me estropeen varios fusibles. Y de las tres cámaras de grabación que llevo solo me funciona una y las baterías se han estropeado, etc. Esto hace peligrar realmente la expedición y lo que quiero es llegar lo antes posible a Georgia para evitar tener que suspender toda la expedición. A vela creo que podré ir el doble o triple de rápido, y con mejor dirección y trayectoria. Si a remo hubiera tardado tal vez hasta tres semanas, a vela creo que podré llegar en menos de 10 días. He preferido poner la vela y cancelar mi ilusión de llegar a isla Elefante a remo, por no arriesgar toda la expedición”.

Antonio de la Rosa
Antonio de la Rosa navegó durante 28 días en las complicadas aguas del océano Antártico. (Copyright/Posovisual)

Finalmente, Antonio de la Rosa también debió cancelar también la última etapa de su viaje, los 50 kilómetros en esquís en Georgia del Sur, y modificar su desembarco. Debía hacerlo por el norte, como Shackleton, pero se vio obligado a hacerlo navegando hacia el sur de la isla. Las autoridades argentinas le denegaron el permiso para realizar la última parte del reto. Además, el velero de seguridad -obligatorio para obtener el permiso para hacer el Desafio Antártico- que lo seguía a su aire no podía acercarse a la bahía donde tenía previsto llegar el Ocean Defender de Antonio de la Rosa. El velero de 12 metros donde también va el filmaker Alfonso d’Ors, que está grabando un documental de la aventura, debía recoger y remolcar la embarcación a Puerto Williams, mientras el aventurero iniciaba su travesía con esquís.

Antonio de la Rosa navegó durante 28 días por las siempre dificiles y complicadas aguas del oceáno Antártico

Antonio de la Rosa escribió que “estoy yendo al sur de la isla, cuando la ruta de Shackleton sale del norte. Lo hago por dos motivos. El primero porque la embarcación de apoyo me ha dicho que no quiere ir a esa bahía. La costa oeste es muy peligrosa y sería para ellos su suicidio, con lo cual nunca me podría recoger allí, y yo necesito que recojan el barco para llevármelo de vuelta a Puerto Williams. Y el segundo motivo es que he recibido contestación de la administración que da las autorizaciones para las travesías en Georgia del Sur, fuera de las rutas turísticas. Me han denegado la travesía a pie y con esquís por la ruta de Shackleton al ir en solitario. Lo he intentado desde hace meses, pero no ha habido manera, necesitaban que fuera acompañado. Con lo cual, esa pequeña guinda del pastel que quería finalizando esta expedición no la voy a poder tener, no es que me importe mucho porque realmente no es ningún desafío extraordinario. Es una ruta no turística, pero que todos los años la hace decenas de personas. El desafío real era llegar hasta aquí a remo y navegando”.

Antonio de la Rosa
El Desafío Antártico ha sido hasta la fecha la expedición más arriesgada que hasta la fecha realizó Antonio de la Rosa.
(Copyright/Posovisual)

La travesía en solitario entre la isla Hornos y la isla de Georgia del Sur no fue nada fácil para Antonio de la Rosa y su embarcación de siete metros. Tuvo días muy movidos, con vientos superiores a 100 km/h, y olas gigantes impactando contra la embarcación. No obstante, su peor momento fue el tramo final al que que Antonio de la Rosa llamó «pesadilla con final de infarto».

El navegante destacó que «maniobra de aproximación final fue realmente peligrosa. Sin duda, la más arriesgada de toda la expedición. La tuve que realizar para terminar con éxito, ya que los vientos catabáticos que se generan en la isla y que bajan de las zonas altas hacia la costa con una virulencia que da miedo, me tocaron de lleno. La embarcación de apoyo y seguridad me estaba esperando en la protección de la ensenada Smaaland Cove, detrás de Green Island, y no quiso salir a buscarme, con una dificultad añadida, tener que pasar entre dos pequeñas islitas para no separarme con los vientos catabáticos y poder entrar por mis propios medios a esta ensenada, con un gravísimo riesgo al tener que pasar por encima de Brode Island, casi toco la isla, bastante miedo pasé, no lo voy a negar. Finalmente consigo entrar en la ensenada, bonito glaciar, fotos y documento gráfico de Posovisual, al que no veía junto al barco de seguridad desde hace una semana». 

Ocean Defender
Ocean Defender (Copyright/Posovisual)

FINAL AGRIDULCE PARA EL OCEAN DEFENDER 

Desde la pequeña bahia de Smaaland Cove, situada en la costa sureste de Georgia del Sur, el barco de apoyo remolcó el Ocean Defender para ir hasta la Bahía de Grytviken, 60 millas al norte. Aqui hay un pequeño asentamiento donde viven entre 15 y 30 personas, principalmente científicos y que en su moemnto fue el primer punto donde se levantó una estación ballenera de Georgia del Sur. En su pequeño cementerio está enterrado Ernest  Shackleton y también hay un museo local. Lamentablemente el pequeño viaje resultó una trampa para la pequeña embarcación de Antonio de la Rosa. El aventurero algo apesadumbrado, y sin querar hacer más leña destacó que «el sistema de remolque del barco no es el idóneo, a pesar de que era uno de los compromisos contratados para este viaje, por lo que en tan solo 10 horas de viaje, mi Ocean Defender  que cruzó el océano Glaciar Antártico sin un solo arañazo exterior, quedó prácticamente destruido. En estos momentos me encuentro en la base científica y logística de Georgia del Sur, donde me han acogido con los brazos abiertos dado mi grave problema. Son gente extraordinaria y con una calidad humana fuera de lo común. He podido sacar mi barco a tierra para esperar conseguir un transporte seguro tanto para el Ocean Defender como para mí. Un triste final para sin duda la expedición de aventura más extrema, arriesgada y comprometida de las que he realizado hasta el momento».

Todo parece indicar, aunque Antonio de la Rosa no lo confirmó, que el aventurero vallisoletano decidió dar por acabada su relación con el capitán Ezequiel Sundblad, patrón del Ypake II, el velero de 12 metros, que le siguió a distancia durante su travesia. Su Desafío Antártico es un hito deportivo para la navegación a remo que queda para la história.   

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  • Miquel Ribas

    Periodista y editor de Turiski