Laurent Vanat. “En todos los países alpinos el sector público interviene en la gestión de las estaciones de esquí de una manera directa o indirecta.”

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Laurent Vanat
El consultor suizo. Laurent Vanat, analizo a preguntas de Turiski algunos de los asuntos que preocupan al sector de la nieve.

El consultor suizo Laurent Vanat se ha convertido en el gran referente teórico a la hora de analizar el sector del esquí a escala planetaria. Su informe anual sobre los resorts de nieve, tendencias y otras muchas variantes lo han convertido en el gran “guru” del sector. Turiski tuvo la oportunidad de entrevistarle a fondo.     

 -En la Europa alpina, los Pirineos siguen siendo los grandes desconocidos. ¿Por qué? ¿Hay alguna razón especial?

Es verdad. El Pirineo tiene un problema de imagen. Yo también me hago esta pregunta. En Europa, la gente cree que el Pirineo lo forman unas montañas bajitas, y que por culpa del calentamiento global no hay nieve. Hay mucho trabajo por hacer para explicar que en el Pirineo se puede esquiar, que se pueden encontrar paisajes alpinos. Tiene toda la razón, el Pirineo tiene un problema de imagen con respecto al esquí.

-En Catalunya, la gran mayoría de las estaciones -La Molina, Vall de Núria, Vallter 2000, Espot, Port Ainé están gestionadas por la Generalitat,  a través de Ferrocarrils de la Generalitat de Catalunya (FGC), y recientemente se ha añadido Boí Taüll.  ¿Qué piensa del hecho que el sector de la nieve en Catalunya esté en manos del sector público?

-Hay muchos países donde el sector público interviene en la gestión de las estaciones de esquí de una manera directa o indirecta. En todos los países alpinos hay intervención pública, de una manera o de otra. No en todas las empresas de remontes, pero en una parte, sí. El problema es que en esta industria las inversiones se han vuelto muy caras. Y algunas estaciones que se habían desarrollado hace tiempo, con una base privada, ahora, cuando tienen que renovar las instalaciones  mecánicas, se encuentran que valen cinco veces más de lo que costaban hace veinte o cuarenta años, y no se lo pueden permitir. Y como esto da vida a la economía local, existe un interés público a apoyar a estas empresas de remontes. Evidentemente, todo esto debe hacerse siguiendo unas normas. No se puede hacer de cualquier manera. No se pueden firmar talones en blanco para cubrir déficits enormes, pero si se hace en el marco de un plan de negocios con una gestión rigurosa, es algo que se hace en todas partes. Cataluña no es el único lugar de Europa donde se lleva a cabo. En Austria, por ejemplo, hay empresas privadas que explotan remontes, pero si nos fijamos bien, vemos que pertenecen al cien por cien en el municipio. O sea que hay todo tipo de mecanismos de intervención de la colectividad sobre la gestión de las estaciones de esquí, de las empresas de remontes. Es algo que se debe hacer, porque hablamos de una industria de capital intensivo, y hoy en día hemos llegado a un nivel de costes que resulta inasumible para una parte de las estaciones de esquí, que tienen un interés local.

¿Qué le parece a Laurent Vanat el proyecto olímpico que Barcelona está trabajando para el año 2026?

– Si Barcelona consigue hacerlo sin arruinarse será muy bueno, porque servirá para promocionar el esquí en el país. El problema de los Juegos Olímpicos es el gasto, que en Sochi llegó a unos niveles que no son razonables. Si se consigue hacer con un gasto razonable que después no deje secuelas en la economía, sino que, al contrario, genere beneficios en el futuro y sirva para que la gente se acerque más al esquí, esto sería beneficioso para las estaciones de esquí catalanas.

¿Usted es de los que opinan que el Comité Olímpico Internacional tiene un problema con la elección de los juegos olímpicos del 2022? Almati y Pekín representan a dos países sin ninguna tradición en los deportes de invierno.

– Para mí no es ningún problema. Al contrario, está bien, porque difundiremos la cultura del esquí en países donde todavía no hay. Pero una vez más, hay que ser razonable en el ámbito de las infraestructuras. Tanto en China como en Kazajstán ya hay algunas infraestructuras para esquiar, y tendrán que hacer más. Si lo hacen de una manera razonable y sobre todo garantizando que esto tenga un impacto sobre la población, para que la gente coja ganas de ir a esquiar, globalmente, para la industria del esquí es positivo.

El Pirineo tiene un problema de imagen con respecto al esquí. (Copyright/Turiski).
El Pirineo tiene un problema de imagen con respecto al esquí. (Copyright/Turiski).

En su último informe, 2014 International Report on Snow and Mountain Tourism, usted  afirma que hay unos 50 centros de esquí “indoor” en todo el mundo. En Barcelona, la empresa holandesa Snowworld tiene previsto construir un “indoor” con una pista de esquí principal de 300 metros de longitud y dos pistas de hielo. ¿Que a opina sobre la construcción de un “indoor” en Barcelona?

-No Conozco los detalles del proyecto, o sea que en no puedo dar una opinión precisa, pero puedo decir unas cuantas cosas de lo que pienso. En el mundo hay unas 50 «snowdomes». Y lo que vemos es que una parte ya han cerrado. O sea que una «snowdome» no tiene ninguna garantía de viabilidad económica. Hay que hacer bien los números y tratar de no equivocarse al comienzo, sobre todo en cuanto al número de visitantes previstos. Eso es lo primero. No sé cómo han calculado los visitantes en el caso del proyecto de Barcelona, pero lo que es seguro es que si no hay al menos 400.000 visitantes en una «snowdome» se corre el peligro de que no sea viable económicamente, aunque esto depende también del nivel de las inversiones. Luego está la proximidad de las estaciones de montaña. La mayoría de «snowdomes» están situadas en lugares donde no se puede ir esquiar en la montaña. Y esto también plantea un problema de previsión de frecuentación. ¿Habrá suficiente gente para que la «snowdome» sea económicamente viable? Si se confirma que sí, es algo positivo, porque sirve para que la gente aprenda a esquiar, y eso es positivo para la industria pero primero hay que estar seguro que es viable económicamente.

-Los vuelos “low cost” han hecho accesibles muchas estaciones de esquí de nieve de los Alpes. Andorra es un destino que viene lastrado por la falta de un aeropuerto cercano. En breve se abrirá de nuevo el pequeño aeropuerto de la Seu d’Urgell, a 10 kilómetros de Andorra, que permitirá vuelos comerciales con aviones de hasta 70 pasajeros, que conectaran este destino con Barcelona y en un futuro con Toulouse. ¿Qué puede suponer para Andorra la entrada en funcionamiento de este aeródromo?

-Sólo puede ser positivo, porque efectivamente es un «handicap» para Andorra el hecho de estar tan lejos de los aeropuertos de Barcelona y Toulouse.También vemos que hoy en día muchos esquiadores cogen vuelos «low cost», y no sé si los aviones de las compañías «low cost» podrán aterrizar allí, si el aeropuerto tendrá una pista bastante grande. En todo caso, es un comienzo. El esquiador internacional que Andorra quiere atraer en parte viene en avión, o sea que si los pueden facilitar las cosas es muy positivo.

-La nieve artificial ha sido la gran salvación de las estaciones de esquí para mantener temporadas regulares y la forma de luchar contra el cambio climático. ¿Cómo afectará el cambio climático al sector de la nieve?

-Efectivamente, las estaciones de esquí reaccionaron al problema del calentamiento global a principios de los años 2000, y hoy en día todas las estaciones tienen equipos de nieve artificial que les permiten protegerse, tal como usted dice, los riesgos climáticos, de las temporadas con menos nieve. Creo que las medidas que se han tomado en los últimos 15 años serán suficientes para los próximos 20 o 25 años. El reto actual de las estaciones de esquí, para mí, no es el calentamiento. Esto es algo que no se puede negar, que no se puede decir que no pasará, pero será hacia el 2040 o en 2050 cuando se deberán hacer planteamientos serios. Pero hoy en día la duración de vida de una inversión en remontes es de 25 años, por lo tanto, sabemos que si invertimos ahora, si no pasa nada, la inversión llegará hasta el final de su vida útil sin problemas.

-Las redes sociales corporativas están cambiando la forma de trabajar y de comunicarse con el cliente. ¿Las estaciones de esquí han sabido aprovechar su potencial?

-Es verdad que las redes sociales son una herramienta de comunicación muy importante para las estaciones de esquí. Algunas las utilizan más que otros. Si miramos los seguidores de Facebook, por ejemplo, de las estaciones andorranas, vemos que tienen muchos seguidores, mientras que una buena parte de las estaciones alpinas tienen muy pocos seguidores. O sea que hay estaciones que utilizan mucho más las redes sociales para comunicarse con sus clientes. El único problema que le encuentro en internet es que si hacemos una correlación entre el índice de penetración de internet, que ha subido mucho, y la progresión del número de esquiadores, que es totalmente plana, no tenemos la sensación de que esto genere nuevos esquiadores. Es simplemente otra herramienta de comunicación entre la estación y el cliente, pero aún no hemos encontrado la manera de utilizar Internet y las redes sociales para aumentar el número de esquiadores.

Los dispositivos móviles, ¿cómo están cambiando la forma de hacer negocios, de interrelacionarnos e incluso la manera de esquiar?

– Efectivamente, hoy en día los esquiadores van acompañados de sus aparatos móviles, que les permiten calcular cuánto tiempo han esquiado, medir la velocidad y otras muchas cosas. Por lo tanto, tienen una vertiente lúdica. Las estaciones de esquí también tratan de usarlos para aumentar el consumo, y te proponen restaurantes en los lugares donde te encuentras de la estación de esquí. Son cosas que se hacen con el objetivo de aumentar los ingresos. Para mí son dispositivos interesantes. Estamos obligados a usarlos, pero esto también tiene un coste. Y hay que saber dosificar, porque tal vez la gente se cansará de sufrir intrusiones constantes en su jornada de esquí, con mensajes que dicen: «Venid a comer patatas fritas en este restaurante» o «Vaya a tomar un café en aquel bar. «Yo creo que, bien dosificados, son algo positivo y útil que hace que el esquí sea más divertido, y esto se debe tener en cuenta. No se trata sólo de esquiar y hacer deporte, es la experiencia global del cliente, lo que ha sido atractiva. Y a veces lo olvidamos. Tenemos que pensar que debe ser una experiencia global, y todo lo que se pueda hacer para que resulte más agradable y divertida contribuye a mejorar la percepción del esquí.

Los datos que maneja su último estudio y otros informes que consultan las estaciones afirman que el esquiador está envejeciendo de manera alarmante y no hay recambio generacional. ¿Usted corrobora este aspecto?

– Efectivamente, el grueso de la clientela de las estaciones de esquí, hoy en día, lo forma la generación del «baby boom», que es mucho más numerosa que las generaciones siguientes, X e Y, en las pistas de esquí. Es la generación que conoció el esquí, que dio a conocer a sus hijos. Pero, ahora, las generaciones que vienen están menos pegadas al esquí que los del «baby boom». Los del «baby boom» siguen esquiando, pero las generaciones X e Y ocupan el tiempo libre en otras cosas que no son el esquí, y por tanto no son tan fieles a las estaciones. Esto hace que tengamos una clientela que es menos numerosa y menos fiel. Y dentro de diez años, cuando una parte de los del «baby boom» ya no esquíen, porque serán demasiado grandes o porque encontrarán que hace demasiado frío en las pistas, efectivamente, faltará gente joven. Es un problema demográfico que se plantea en todo tipo de ámbitos y que insiste en la necesidad absoluta de enseñar a las nuevas generaciones a esquiar, hacer esfuerzos para aumentar el número de practicantes de esquí entre los jóvenes, de hacer esfuerzos para que las escuelas enseñen a los alumnos a esquiar, para que hagan estancias en la nieve. Esto es indispensable para el futuro de las estaciones de esquí. Quiero recordar que la mayoría de clientes de las estaciones de esquí son clientes domésticos. No podemos esperar que los chinos o los indios nos llenen las estaciones en el futuro. Son las nuevas generaciones, al que debemos enseñar a esquiar. Yo diría que es la prioridad principal, hoy en día.

No quería acabar la entrevista sin preguntarle por su país, Suiza. Este año celebran los 150 años del nacimiento del turismo invernal. Lo inventó un hotelero de Saint-Moritz, Johannes Badrutt, con la ayuda de los aristócratas ingleses. ¿Cómo está el mercado suizo del esquí?

– Por ser uno de los países pioneros en el mundo del esquí, Suiza también es el mercado más maduro de Europa, y sufrimos todos los problemas que hay con los esquiadores que envejecen, con las estaciones de esquí que ya no están al día. En Suiza tenemos un problema de alojamiento en algunas estaciones. Tenemos estaciones que son campeonas del mundo, como Zermatt, pero por desgracia el grueso del mercado no está a la altura de estaciones como Zermatt. O sea que algunas centros invernales ya no atraen tanto a los clientes, y en los últimos diez años hemos visto una bajada constante de la frecuentación. La última temporada de esquí, en Suiza, fue la peor de los últimos 25 años, como mínimo, porque sólo hace 25 años que tenemos estadísticas. Y ahora nos planteamos cómo actuar de una manera fuerte y global para mejorar la frecuentación de las estaciones de esquí. Y no hablo sólo de iniciativas para enseñar a esquiar a los jóvenes, sino también de iniciativas para mejorar la calidad del alojamiento, iniciativas en el ámbito de la comunicación con el extranjero. Ya que Suiza es uno de los pocos países, junto con Andorra y Austria, que tienen un 50% de clientela extranjera (o más en el caso de Andorra y Austria), por lo tanto tenemos que conservar o recuperar esta clientela. Diría que Suiza es un ejemplo de todos los problemas que se le pueden plantear hoy en día en la industria del esquí. Y creo que vale la pena observar lo que se hace allí, porque las soluciones que los suizos necesitan encontrar ahora mismo serán útiles a otros países muy pronto.

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