Antonio de la Rosa inició desde una pequeña playa situada al este de Pond Inlet su travesía del Paso del Noroeste. Esta remota comunidad inuit se encuentra en la costa norte de la isla de Baffin, en el territorio canadiense de Nunavut. Lo hizo con 24 horas de retraso respecto a la previsión inicial, después de que la Policía Montada de Canadá y los responsables de Parques Nacionales le pidieran modificar el tramo inicial del recorrido.
Las autoridades le desaconsejaron bordear la isla de Bylot por el norte, ya que en ese sector no puede desembarcar portando el arma autorizada que lleva para una eventual emergencia con osos polares. El nuevo plan mantiene la salida desde Pond Inlet, pero lo llevará primero hasta el extremo oriental de Bylot, al que De la Rosa se refiere como punta Baton. Después regresará por el interior de la bahía, bordeará la isla por el suroeste y accederá al estrecho de Lancaster por una ruta alternativa.

Desde allí se adentra en el laberinto de islas, estrechos y placas de hielo del Paso del Noroeste, el conjunto de canales naturales que comunica los océanos Atlántico y Pacífico a través del archipiélago ártico canadiense. El ajuste no modifica el objetivo ni el trazado general de la travesía, de más de 3.000 kilómetros hasta Tuktoyaktuk, por uno de los territorios más fríos, aislados e imprevisibles del planeta.
De la Rosa transporta alimentos liofilizados e hipercalóricos para los primeros 35 días de actividad. El recorrido, de unos 70 días, contempla una escala logística en Cambridge Bay, aproximadamente a mitad de la travesía, donde recogerá nuevas provisiones antes de continuar hacia el golfo de Amundsen y Tuktoyaktuk.
Una comunidad inuit ante la inmensidad
Pond Inlet, conocida en inuktitut como Mittimatalik, se encuentra en el norte de la isla de Baffin, frente a las montañas y glaciares de la isla de Bylot. Con alrededor de 1.600 habitantes, constituye uno de los accesos orientales al archipiélago ártico canadiense y ha servido como base para completar los últimos preparativos. La logística amenazó con alterar el calendario. Las cajas con el material técnico llegaron prácticamente al mismo tiempo que De la Rosa, después de acumular retrasos y sufrir daños durante el transporte. En Pond Inlet lo esperaban lluvia, temperaturas de entre tres y cuatro grados y un paisaje capaz de transformarse en pocas horas.
Un viento del este había desplazado buena parte de la banquisa hacia el oeste y despejado parcialmente el primer sector de navegación. La escena resumía la naturaleza cambiante del territorio. El viento y las corrientes pueden abrir un canal durante una jornada y volver a cerrarlo poco después, obligando a modificar sobre la marcha cualquier planificación.

De Pond Inlet al mar de Beaufort
Después de abandonar Pond Inlet, De la Rosa se dirigirá hacia Cape Liverpool, en la isla de Bylot, punto que el trazado de la organización identifica como la entrada oriental del Paso del Noroeste. Desde allí avanzará hacia el oeste por una compleja sucesión de estrechos, canales e islas. El itinerario previsto pasa por las proximidades de la isla Somerset, continúa hacia Cambridge Bay, en la isla Victoria, y alcanza posteriormente el golfo de Amundsen.

Cape Bathurst marcará el límite occidental del paso, aunque no el final del recorrido. El español continuará por las aguas del mar de Beaufort hasta Tuktoyaktuk, en los Territorios del Noroeste. La expedición completa superará los 3.000 kilómetros. La línea dibujada en la infografía facilitada por el aventurero vallisoletano debe entenderse únicamente como una referencia. El trazado real dependerá del desplazamiento de las placas, las corrientes, la dirección del viento y la posibilidad de encontrar playas o superficies estables donde detenerse.
Una embarcación para remar y arrastrar
La pieza central del proyecto es un prototipo construido en Tailandia por la firma Sunova. Está formado por dos secciones unidas mediante un sistema de tubos y conexiones desarrollado específicamente para esta expedición. La tabla pesa 32 kilos en vacío y admite hasta 200 kilos de carga. Su estructura ha sido diseñada para mantener la estabilidad durante largas jornadas, incluso con los víveres, la ropa, los equipos de comunicación y el material de supervivencia a bordo.
Su principal singularidad aparece cuando desaparece el agua navegable. Si una acumulación de hielo bloquea la progresión, la embarcación puede transformarse en un trineo. De la Rosa deberá entonces desembarcar y arrastrar todo el conjunto sobre la banquisa hasta localizar un nuevo canal abierto. El reto combinará así distintas formas de avance. Remará de pie cuando el estado del mar lo permita, se sentará y utilizará una pala de kayak con viento frontal y continuará a pie cuando el hielo impida navegar. En cada tramo tendrá que elegir la alternativa más eficiente y segura.
Autonomía para 35 días
La falta de apoyo exterior obliga a calcular cada objeto. De la Rosa transporta entre 90 y 100 kilos de material, además del peso de la embarcación. Inicialmente, lleva alimentos liofilizados e hipercalóricos para 35 días, una cocina compacta y dos tipos de combustible para preparar la comida y obtener agua. Todo el equipamiento viaja protegido dentro de bolsas estancas. Una filtración podría estropear las provisiones y la ropa, pero también inutilizar dispositivos de comunicación o elementos esenciales que no podrán reemplazarse durante el recorrido.
El explorador dispone de dos tiendas de campaña. Una está preparada para instalarse en tierra o sobre una superficie helada. La otra puede fijarse directamente a la estructura de la tabla, una solución concebida para descansar sobre el agua cuando no sea posible desembarcar con seguridad. La protección térmica incluye dos trajes secos, calzado específico y distintas capas de ropa. Uno de los trajes está diseñado para mantenerlo hasta doce horas a flote en agua a cero grados sin sufrir hipotermia, una defensa determinante ante una posible caída.
Tres palas de repuesto y una pala de kayak completan el sistema de propulsión. Cuando el viento impida mantener el equilibrio o convierta la posición erguida en un gasto excesivo de energía, podrá continuar sentado.
Saber cuándo avanzar y cuándo esperar
La distancia no será el único factor decisivo. Buena parte del resultado dependerá de la capacidad de De la Rosa para interpretar el entorno, administrar el esfuerzo y tomar decisiones en condiciones de aislamiento. Una jornada demasiado larga puede dejarlo sin margen de reacción ante un cambio meteorológico. Detenerse antes de tiempo, en cambio, podría hacerle perder una ventana favorable que tarde varios días en repetirse.
El viento puede acelerar la marcha, alejarlo de la costa o impedir cualquier movimiento. La niebla reducirá la visibilidad y las corrientes podrán desplazar grandes masas de hielo hacia los estrechos. Un sector aparentemente abierto puede convertirse en una barrera en cuestión de horas. En determinados puntos deberá decidir entre esperar, buscar una alternativa o transformar la tabla para continuar a pie. Cualquiera de estas opciones consume tiempo, energía y provisiones.
La reducción estival de la banquisa ha facilitado algunas navegaciones, pero el Paso del Noroeste está lejos de ser una vía regular. El hielo antiguo puede concentrarse en lugares estratégicos y bloquear zonas que parecían accesibles. La incertidumbre acompañará cada jornada.
En territorio del oso polar
El aislamiento y la fauna añaden otra dimensión al riesgo. De la Rosa atravesará áreas frecuentadas por osos polares y deberá proteger el campamento cada vez que se detenga. Instalará alarmas acústicas alrededor de la tienda para detectar la aproximación de animales. También lleva bengalas, un arnés de seguridad para evitar caídas al agua y, por exigencia de la normativa local, un arma autorizada para situaciones extremas. «Nunca voy a querer matar a un oso polar, a no ser que realmente tenga intenciones de atacarme. Es bastante raro, pero podría pasar», explicó antes de comenzar la aventura.
El botiquín está preparado para atender heridas, traumatismos y otras incidencias médicas en completa autonomía. Incluye material de primeros auxilios y elementos destinados a pequeñas intervenciones de emergencia, en un territorio donde la ayuda puede encontrarse a cientos de kilómetros.
El testimonio de un Ártico en transformación
La expedición combina resistencia, navegación y exploración, pero también incorpora una dimensión ambiental. De la Rosa pretende documentar las transformaciones de un territorio que durante siglos detuvo embarcaciones y acabó con algunas de las misiones más célebres de la historia polar. «Demostraremos que lo que ayer era un paso imposible, hoy es una realidad que debemos documentar», afirmó antes de partir.
El retroceso general del hielo estival no significa que la ruta permanezca despejada. Las condiciones presentan grandes diferencias de una temporada a otra y pueden cambiar varias veces durante una misma semana. El deshielo abre nuevas posibilidades de navegación, pero también favorece una mayor movilidad de las placas y genera obstáculos difíciles de anticipar. El Paso del Noroeste es hoy más accesible que en el pasado, pero continúa sometido a las reglas de un Ártico cambiante, hostil y difícil de predecir.
El Paso del Noroeste a través de la historia
El Paso del Noroeste no es una vía única ni permanece abierto de forma estable, sino un entramado de estrechos y canales que comunica los océanos Atlántico y Pacífico a través del archipiélago ártico canadiense. El calentamiento del Ártico y el retroceso del hielo marino han ampliado las ventanas de navegación durante el verano, permitiendo algunos tránsitos de cruceros, buques científicos y rompehielos. Sin embargo, sigue lejos de funcionar como una ruta comercial regular, ya que el hielo cubre la zona durante buena parte del año y puede volver a bloquear los canales en poco tiempo.
Antes de la exploración europea — Los Inuit y sus antepasados ya habitaban, recorrían y conocían las aguas, las costas y los hielos del archipiélago ártico canadiense. Sus conocimientos sobre el territorio resultarían esenciales para comprender y sobrevivir en este entorno.
Siglos XVI y XVII — Navegantes como Martin Frobisher, John Davis, Henry Hudson, William Baffin y Robert Bylot exploraron el Ártico canadiense en busca de una ruta comercial hacia Asia.
1819-1820 — William Edward Parry atravesó Lancaster Sound y avanzó hacia el oeste por la principal entrada oriental del paso.
1845 — John Franklin partió con el HMS Erebus y el HMS Terror. Los dos barcos quedaron atrapados en el hielo y murieron sus 129 tripulantes.
1850-1854 — Robert McClure completó por primera vez la conexión entre el Atlántico y el Pacífico, combinando navegación y desplazamientos sobre el hielo.
1903-1906 — Roald Amundsen realizó la primera navegación completa del Paso del Noroeste en una misma embarcación, apoyándose también en conocimientos aprendidos de las comunidades inuit.



